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‘No es por Miguel Angel Blanco’

A continuación publicamos, en su integridad un artículo de opinión enviado por Miguel Cornejo, @miguelcornejoSE, consultor y miembro de la junta directiva de Ciudadanos en Navarra

No es por Miguel Angel Blanco

Esta semana recordamos el secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco en casi toda España, con actos de recuerdo, documentales, y los inevitables debates políticos en los que alguna izquierda acusa al PP de apropiarse de los muertos y rentabilizarlos.

Lo que esa izquierda no quiere entender es que no se trata de Miguel Angel, ni de cualquier otro de los muertos de PSE, PSN, PP o UPN, o cualquier otra sigla (alguna casi extinta a tiros). Ni los de las Fuerzas de Seguridad. Ni los que ETA mató por denuncias de “españolismo” de sus simpatizantes. Ni los que seleccionó por cualquier otro criterio. No los recordamos por ser personas excepcionales o por el cariño que les tenemos o por su valentía.

Les recordamos porque les mataron por nosotros.

Miguel Angel y todos los demás no murieron por sus “ofensas” individuales. Murieron para intimidar a toda la población y secuestrar su libertad política. Murieron para hacer huir o callar a los que disentían con la corrección política nacionalista y se atrevían a llevarles la contraria en voz alta.

Esa es la diferencia entre un asesinato y el terrorismo. En uno, matan a una persona. En otra, esa persona se usa como muñeco vudú para mutilar la libertad de todos. Esos disparos, esos secuestros, esos encierros, esa amenaza permanente que sufrieron las víctimas y sus familias, eran herramientas para atemorizarnos a todos. Y durante muchas décadas lo consiguieron. Madrid estaba lleno de familias vascas (tres de mis primeros compañeros de juegos allí eran de familia exiliada, tres). Aún hoy, en Pamplona la gente no sabe hablar de política en voz alta sin mirar a su espalda. Hay cosas que “no se hacen”. Hay que evitar “significarse”. Hay que dejar pasar sus abusos e imposiciones. Porque dan miedo. Lección aprendida.

Miguel Angel Blanco no es especialmente importante porque él fuera especial (y seguro que lo era, como todos). Es importante porque el muñeco vudú dejó de funcionar.

Cuando secuestraron al concejal, la reacción popular no fue de miedo sino de firmeza y resignación. Y quizá hasta un poco de esperanza en que esta vez ETA viera que era completamente inútil.

Cuando empezó la cuenta atrás, la indignación no se dirigió hacia dentro o hacia las autoridades, sino hacia afuera y hacia los responsables, coautores y apologistas del terrorismo, esos concejales de Batasuna que colaboraron con tantas muertes, esos borrokas que se habían enseñoreado de tantas calles. Y cuando le mataron, toda esa basura se tuvo que esconder detrás de paredes y de policías, porque lo que surgió no fue miedo, sino rabia.

Delante de la sede de Batasuna en Pamplona estuvimos unos cuantos, y luego muchos más, gritando aquello de “ETA, dispara, aquí tienes mi nuca”. Por todo el norte y fuera de él, las manifestaciones cambiaron de tono, y dejaron claro que nadie creía que ETA defendiera a los vascos. Sólo a su propia fantasía de poder sangriento.

Surgieron iniciativas para que esa indignación y esa unión no decayeran. Se aplicaron leyes. Se ilegalizaron partidos. Se estranguló a ETA y a sus acólitos hasta que fueron incapaces de seguir matando.

Por supuesto, entonces llegaron las ganas de vender la piel del oso, y dejaron de apretar mucho antes de acabar con el aparato completo de coacción. Al fin y al cabo, el voto batasuno resulta útil a algunos y ¿no tenemos ya paz?

Los aniversarios del secuestro y asesinato de Miguel Angel Blanco deberían servir para recordarnos que no es suficiente. El objetivo de sus asesinos, de esos que quisieron torturarnos a todos a través de aquellos muñecos vudú de carne, era intimidar. Era hacer imposible expresar opiniones contrarias a las suyas. Era adueñarse de los espacios públicos expulsando a la oposición.

Hoy, el muñeco vudú ya no les funciona y les hemos quitado los alfileres. Pero sus criaturas siguen llenando las calles y fiestas de todos con carteles y banderas propios, cubriendo edificios públicos y colegios de apología del terrorismo, e intentando intimidar a los contrarios con insultos y difamaciones desde medios de comunicación subvencionados. Siguen intentando ahogar la libertad y mantenernos la cabeza baja.

Con la muerte de Miguel Angel Blanco, por primera vez en años, la mayor parte de la sociedad se atrevió a levantarla. Estos días son para recordar porqué, y contra qué, nos unimos. Son para asegurar que nadie se atreve a hacer cerrar la boca a nadie, ni a apropiarse de nuestros espacios, ni a imponer sus símbolos ilegalmente. Si les dejamos ganar la batalla de la calle y del debate, ganarán las batallas más prácticas de la educación y del empleo, y acabaremos muy cerca del mundo al que quería llevarnos ETA.

Así que, en nombre de tantos muertos para hacernos daño, dejemos de bajar la cabeza de una vez y para siempre.

Podíamos empezar por recordarle mañana en la plaza del Castillo de Pamplona. Sin siglas. Pero con memoria.

Miguel Cornejo es consultor y miembro de la junta directiva de Ciudadanos en Navarra”

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