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Celebrados los VII Encuentros Gestionar cultura, Públicos y Territorio

La apertura del encuentro contó con la presencia de Ángel García Carreño, presidente de KUNA, Tirso Calvo Zardoya alcalde del Ayuntamiento de Ribaforada y Rebeca Esnaola Bermejo, consejera de Cultura del Gobierno de Navarra, quien se refirió al encuentro como de un “espacio de reflexión en un momento tan importante como es superar la pandemia y cumplir la Agenda 2030”

La Casa de la Cultura de Ribaforada se convirtió ayer en el escenario de los VII Encuentros Profesionales Gestionar Cultura, centrado en el debate sobre el papel de públicos y territorios en la gestión cultural. Participaron actores destacados de la vida cultural y la contribución activa del público. El encuentro fue retransmitido en lenguaje de signos y en streaming para acercarlo a todas las personas interesadas. Recordamos que los VII Encuentros Gestionar Cultura, Públicos y Territorio han sido organizados por KUNA con el patrocinio de Gobierno de Navarra y la colaboración del Ayuntamiento de Ribaforada.

La apertura del encuentro contó con la presencia de Ángel García Carreño, presidente de KUNA, Tirso Calvo Zardoya alcalde del Ayuntamiento de Ribaforada y Rebeca Esnaola Bermejo, consejera de Cultura del Gobierno de Navarra, quien se refirió al encuentro como de un “espacio de reflexión en un momento tan importante como es superar la pandemia y cumplir la Agenda 2030”. Tras la apertura se dio paso a la ponencia inaugural, protagonizada por Alfons Martinell Sempere, director honorífico de la Cátedra Unesco en Políticas Culturales y Cooperación, quien abordó los retos postpandemia para las organizaciones culturales.

Partiendo de la idea de que la libertad de cada individuo de satisfacer sus necesidades culturales está en la base de todo, situó a la vida cultural en el centro, en convivencia con las políticas culturales y el sector cultural. Martinell Sempere insistió en su interrelación y en la articulación de la ley con la vida real: “una visión como ecosistema ayuda a acercar la gestión cultural en términos de sostenibilidad”. En cuanto a los retos postpandemia para las organizaciones culturales, la evolución de los públicos y nuevas formas de gestión de la cultura, Martinell Sempere se mostró partidario de establecer una oferta pública, un servicio cultural mínimo y un público “al que hay que buscar”. Aunque también considera que va a requerir décadas construir este sistema basado en una nueva ley de cultura: “A nivel institucional no hay una red de circulación de productos culturales, las comunidades gestionan de manera aislada y hay que trabajar este aspecto”, aseguró Martinell, quien insistió en la necesidad de colocar al público en el centro.

María Camino Barcenillo de la Institución Príncipe de Viana de Gobierno de Navarra y Nekane Basterretxe de Euskadiko Antzokien SAREA (Red Vasca de Teatros) abordaron el papel de la ciudadanía como eje esencial en las políticas culturales y el papel de SAREA con respecto a la atracción y generación de públicos de manera transversal a través del ejemplo del Teatro de Barakaldo.

Barcenilla inició su intervención marcando la distinción entre política cultural directa/público e indirecta, asegurando que las miradas de nuestro contexto actual y pasado dan las claves para trabajar la gestión cultural. A través de un viaje muy visual, mostró ejemplos del Versalles de Luis XIV y su programación cultural, del museo Guggenheim de Bilbao como proceso de transformación urbana a través de la cultura, de Sevilla, Perugia, Montreal… ciudades donde se conectan equipamientos culturales con realidades sociales e inciden en la regeneración urbana. Aunque también se refirió al entorno rural y su paisaje cultural.

En cuanto a políticas culturales indirectas se refirió al Plan Estratégico de Cultura de Navarra y la Ley Foral de Mecenazgo Cultural, que cambia la visión. Resaltó su importancia basándose en los más de 400 proyectos del territorio presentados. Para Barcenilla “el mecenazgo cambia el concepto del público porque la cultura hace el paisaje”.

Por su parte, Nekane Basterretxea contó la experiencia del Teatro de Barakaldo y su cambio desde 2018 para trabajar con el público. El proceso se inició conociendo a las 1.500 personas que ya estaba asociadas. Tras esto, establecieron los ejes para llegar al público a través de acciones de sensibilización, como salir a la calle con programación expandida, de formación y de medición como herramienta para tomar decisiones.

El objetivo era crear un relato y conectar, y lo hicieron a través de la comunicación, siempre contando con la complicidad y colaboración del equipo, además de lo que Basterretxea llamó “ángeles de la guarda”, personas encargadas de ayudar al público in situ.

Tras una breve pausa, dieron comienzo dos talleres: Herramientas para la creación y desarrollo de públicos con Genís Roca, experto en transformación digital y en procesos de transformación y cultura digital; y Evaluación del impacto de proyectos culturales con David Roselló i Cerezuela, especialista en asesoría, consultoría de proyectos y políticas culturales, diseño y evaluación de proyectos culturales.

Roca explicó cómo la capacidad de recoger datos en tiempo real supera la capacidad de respuesta. Venimos de una dinámica de conversaciones en redes sociales y vamos hacia los datos. Y en este punto insistió en que “es fundamental entender que la transformación a servicio no la lidera la industria, sino que la lidera el público”, así como entender que “digitalizar es diseñar, hacer de otra manera, no es emitir teatro en streaming”. Para ello, Roca dijo que hace falta, entre otros, una marca para generar confianza y trabajar en lo relacional. Aseguró además que la evaluación nos sirve para comprobar si alcanzamos los objetivos deseados, si la definición es la adecuada, si el proceso es el óptimo y cuál es el impacto a largo plazo. Propuso hacer un cambio de 180º, evaluar mirando hacia adelante, evitando el peligro diario de evaluar para archivar. 

La tarde empezó con el Laboratorio de Experiencias de Javier Espinosa, consultor social y cultural, rodeado por los y las asistentes sentados en círculo, a quienes invitó a participar con el objetivo de generar un espacio de encuentro para dar a conocer los diferentes proyectos. Se creó un “espacio horizontal, circular y abierto” donde compartir experiencias.

Espinosa empezó preguntando a los y las gestoras culturales participantes en el encuentro sobre si el entorno rural y el urbano, o la ubicación norte o sur, condicionan la demanda cultural y hubo diferentes respuestas. Estefanía Munarriz, Celia Martín y Mikel Ozkoidi del Programa Landarte 2021, Cultura de Gobierno de Navarra, explicaron que el alcance del programa abarca toda Navarra pero que hay diferencias de demanda en el entorno rural. Pilar Martínez de Olcoz, gestora cultura de Viana, dijo que se supone que el territorio Ribera es común, pero luego hay diferencias. Con lo que estuvo de acuerdo Ana Ana María Zardoya, de la localidad anfitriona. Otras opiniones fueron en el sentido de que el público no es diferente, pero el territorio sí, o que los públicos no son distintos en el proceso creativo, pero las propuestas sí según las infraestructuras locales.

En lo que los y las asistentes sí estuvieron de acuerdo es en que hay que conocer las peculiaridades del público. 

La siguiente pregunta de Espinosa estuvo enfocada en el conocimiento del “público tipo”. En este punto surgieron coincidencias, ya que en general estuvieron de acuerdo en que el perfil que más se repite es el de mujeres de una edad más avanzada. Opinaron sobre las posibles causas, como que puede estar relacionado con la educación de género, ya que parece que lo femenino está más relacionado con lo cultural. Lo que quedó claro es que se está notando un cambio y la gente joven participa en la vida cultural y transforma la sociedad, igual que las mujeres de cierta edad. 

La población migrante tuvo su especial atención en el capítulo público, cuando se planteó si se piensa en ella al programar. Parece que es un tema pendiente, pero mostraron su acuerdo con que no se puede meter a los y las migrantes en un mismo “saco” por la diversidad que implican.

Dos últimas preguntas de Javier Espinosa finalizaron el Laboratorio de experiencias.  Por una parte, se interesó por el papel del público: ¿es activo o pasivo? Celia Martín de Landarte explicó que en su caso, reciben acompañamiento durante todo el proceso. En el resto de los y las asistentes hay diferencias en cada fase: previos, diseño programa y acto cultural, aunque coincidieron en que se trata más de un proceso circular.

Por último, y dadas las circunstancias actuales, no podía faltar la pregunta sobre cómo ha afectado la pandemia a la demanda de cultura, cuando “la gente va a los bares y no al teatro”. La realidad es que las personas quieren salir a la calle porque hasta ahora no se podía, mientras sí se ha consumido mucha cultura en los hogares durante la pandemia, incluso se llenaban todos los aforos y, como estaban limitados durante la pandemia, había más demanda que oferta. ¿Qué puede ofrecer la cultura a partir de ahora? 

Tras el debate, los VII Encuentros Profesionales Gestionar Cultura se clausuraron con el cineasta y escritor, creador y poeta de la imagen Oskar Alegría, quien abordó la importancia de la ciudadanía en la sociedad y en la cultura a través de palabras e imágenes.

Propuso sumergirse en un viaje en el que “presentó” a su público, al que reconoció no conocer. Para empezar, se centró en una foto familiar en el alféizar de una ventana, en Lantz, y su carnaval. Creando una atmósfera de ensoñación, guió al público a través de sus visiones poéticas, un público que es el que contempla a la vez que es contemplado. De esta manera tan personal finalizó la jornada, punto de encuentro de gestores culturales de Navarra.

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