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“En Nochevieja, las adulteraciones de drogas pueden ser más peligrosas que la sustancia en sí”, advierte un experto 

Quedan menos de 72 horas para la celebración del año nuevo, una de las fiestas más intensas y una celebración en la que miles de personas se inician, por primera vez, en el consumo de sustancias ilegales. En unas fechas en las que los excesos son habituales en todos los campos, los consumos de diferentes drogas son también más comunes “con sus placeres y sus riesgos”, como afirma David Pere Martínez Oró, coordinador de la Unidad de Políticas de drogas en la Universidad Autónoma de Barcelona

Vitoria, 29 de diciembre

“A pesar de los esfuerzos realizados en el control de la oferta, la percepción de disponibilidad de drogas es notable, especialmente en fechas tan señaladas como el año nuevo”, afirma el experto Martínez Oró. Así, “con la intención de preservar la Salud Pública, se ponen en práctica acciones con consecuencias nefastas para los consumidores. Es contradictorio, que desde la Salud Pública, se permita que miles de personas consuman sustancias sin ningún tipo de control de calidad, ni garantía sanitaria alguna”. Por ello, no duda en afirmar que “en nochevieja, y también durante el resto del año, las adulteraciones pueden ser más peligrosas que las substancias en sí”.

¿Qué sería de las fiestas Navidad sin vino, cava, sidra u otros alcoholes en las mesas familiares?, se pregunta, “Pues cuanto menos una situación totalmente extraña y casi anormal, porque se entienden como totalmente normal beber en estas fiestas, y mayormente también se tolera algún exceso”. Sin embargo, “cuando hablamos de los consumos de otras drogas, como cannabis, cocaína o éxtasis, parece entre aquellos alejados de los consumos de drogas ilegales, que ya es sinónimo de drogadicción, aunque por una parte importante de la población joven -y no tan joven-, los consumos de drogas también se intensifican durante de las celebraciones navideñas”, explica.

“Y, en el mismo sentido que el alcohol, algunos las consumen de forma responsable, pero otros asumen más riesgos, que como es lógico pueden tener consecuencias no deseadas. Esta presencia, tolerancia y aceptación de los consumos de drogas ilegales en determinados contextos y tiempos se debe a su progresiva normalización social, es decir, entre algunos tomar drogas ilegales es tan normal como beberse unas copas”, explica el experto de la UAB.

«Sin pasarse de la raya, la normalización de los consumos de drogas» es el último libro de David Pere Martínez Oró, coordinador de la Unidad de Políticas de drogas en la Universidad Autónoma de Barcelona, en el cual se presenta la idea que la normalización de las drogas es positiva para la sociedad. Si hasta el momento los discursos anti-drogas se han centrado en luchar contra la normalización y cualquier presencia de las drogas en nuestra sociedad, Martínez Oró considera que la normalización es un proceso socio-cultural que aparece en las pistas de baile de las discotecas de los 90, y continúa en las últimas dos décadas entre jóvenes y adultos de mediana edad, sin importar la clase social o el lugar de residencia. La normalización es el proceso a través del cual las drogas ilegales pasan de entenderse negativamente a adquirir significados también positivos. Tal situación no implica que la normalización haga bajar la percepción de riesgo, sino que también permite reconocer los efectos placenteros de las drogas pero sin banalizar los peligros inherentes de las drogas.

Martínez Oró explica cómo, por ejemplo, como la percepción de disponibilidad de substancias, como el cannabis han aumentado en los últimos años, pero no así los consumos. Según la encuesta EDADES de 2012 sobre consumos de drogas entre población escolar (14-18 años) realizada por el Plan Nacional Sobre Drogas, el 69,9% de los estudiantes españoles considera que les sería «fácil o muy fácil» comprar cannabis en menos de 24 horas, mientras que en 1994 sólo el 30,8% lo consideraba tan fácil. Esto contradice el argumento que señala que a más disponibilidad mayor consumo, especialmente entre los menores de edad, porque aunque el consumo en 2012 es más alto (16,1%, en los últimos 30 días) que en 1994 (12,4%), en ningún caso aumentó el doble como sí lo hizo el consumo. Por tanto, más del 50% de los estudiantes españoles podrían conseguir cannabis y en ningún caso lo consumen.

La normalización representa el marcador de cambio respecto a los consumos compulsivos de heroína. Los elementos que posibilitaron la normalización fueron: la disminución de la alarma, la difusión de los consumos, la mayor accesibilidad a las sustancias, la desvinculación de la marginalidad, y lo más importante, unas consecuencias menos problemáticas. En el contexto español, la intensificación de la globalización potenció los efectos de la Sociedad de Consumo, que entre otras consecuencias político-económicas, comportó mayores dificultades entre los jóvenes para alcanzar la adultez. La juventud se convirtió en un período vital más largo pero como compensación, los jóvenes pudieron disfrutar intensamente del ocio, el consumo y de un estilo de vida liberado de las responsabilidades adultas.

Normalización de consumos

La normalización de los consumos es posible por la normalidad social en la cual viven los consumidores de drogas ilegales como cannabis, cocaína, éxtasis o anfetaminas. Vistos los problemas de la heroína, los jóvenes de los noventa, tomaron otro tipo de drogas, que les permitió, a la gran mayoría de ellos, consumir sin desarrollar problemas severos. En el escenario de la normalización, los consumidores quieren continuar cumpliendo con sus obligaciones, a pesar que consumen drogas, por tanto, las toman de forma controlada y responsable. Este tipos de consumos son escondidos por el discurso hegemónico del prohibicionismo que solo advierte de los consumidores más problemáticos y desviados. Visibilizar los problemas de las drogas conlleva que la opinión pública alejada del mundo de los consumos de drogas ilegales solo perciba los problemas, y se continúe estigmatizando y criminalizando a los consumidores.

“La Salud Pública, entre otras acciones también necesarias, debería velar por la calidad de las drogas, que guste o no, miles de personas consumirán habitualmente”, afirma Martínez Oró. La actual situación requiere de una reforma urgente de las políticas de drogas para controlar la producción, distribución y venta de sustancias, para restar volumen de negocio a las redes del narcotráfico”, explica, “porque estas velan por sus beneficios y la salud de los consumidores queda en un discreto segundo plano”.

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