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Estudiantes de Pamplona conocen de primera mano como es vivir en una cápsula de 8 metros cuadrados

La Universidad de Navarra acoge una réplica de la cápsula de la Torre Nakagin de Tokio, que puede visitarse en la explanada de la Escuela de Arquitectura

Pamplona-Iruña, 24 de febrero de 2020

¿Se imagina vivir en una cápsula de apenas ocho metros cuadrados, con su propia cocina, cama y cuarto de baño? El campus de la Universidad de Navarra acoge una réplica de una cápsula habitacional de la Torre Nakagin de Tokio, obra de KishoKurosawa. Los arquitectos Martín Echeverría, antiguo alumno de la Escuela de Arquitectura, y Javier Bueno han realizado una réplica a escala real de la cápsula que se puede visitar en la explanada junto a la Escuela de Arquitectura hasta mediados de marzo. 

En su estudio sobre la Torre Nakagin, Martín Echeverría y Javier Bueno reflexionan alrededor de los nuevos retos urbanos de la globalización haciendo hincapié en los límites de la vivienda mínima “tanto en superficie como en condiciones”, afirman. 

Los autores quieren que el ciudadano experimente esta vivienda  unipersonal, tan lejana de los estándares habituales, y cuestione si estos módulos pueden hacer frente a la llamada población flotante -personas que, pese a no estar registradas en el censo, residen temporalmente en un lugar- por ejemplo, la que genera el turismo. 

La Torre Nakagin fue construida en 1972 con 140 módulos prefabricados y trece alturas. Forma parte del conocido como ‘movimiento metabolista’, ejemplo del resurgir cultural de Japón tras la II Guerra Mundial. La torre es el primer ejemplo mundial de arquitectura de cápsulas habitacionales unipersonales, ideada para personas que pensaban la mayoría de su tiempo viajando o se mudaban con frecuencia. 

Referencia en el diseño de los Capsule-hotel

Ha constituido una referencia para el diseño y conceptualización de los actuales Capsule-hotel, muy frecuentes en todo Japón y presentes en también la cultura popular occidental. Sin embargo, su falta de mantenimiento, el uso de amianto en la construcción y el elevado coste del  terreno ha generado un debate entre quienes quieren preservar este icono del paisaje urbano tokiota y los propietarios que optan por derribarlo para construir una nueva torre.

Cada cápsula mide 2,3 m x 3,8 m x 2,1 m y funciona como una pequeña residencia u oficina. Las cápsulas se pueden conectar y combinar para crear espacios más grandes. En su origen, cada apartamento contaba con una pared de electrodomésticos y armarios empotrados en un lado, incluidos un hornillo de cocina, una nevera, un televisor, un magnetófono y un cuarto de baño. El exterior de la cápsula se caracteriza por una ventana circular. ​

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