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Infamia

Artículo de opinión enviado por Joseba Santesteban, del Grupo de Comunicación de CGT-LKN Nafarroa

Infamia

Retrotrayéndonos a los inicios del llamado neoliberalismo, los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, impulsaron lo que en el infame lenguaje neoliberal llaman la “liberación de fuerzas económicas”. A nivel mundial, la imposición de tales políticas ha desembocado en  la decadencia económica y como consecuencia, la política. Recuperando datos, encontramos que La tasa de crecimiento promedio de casi 3% anual en el periodo 1950-1973, cayó por debajo del 1,5% en el 1973-2000. Al mismo tiempo, el ingreso per cápita de “la familia” de mayores ingresos ha venido siendo mucho más rápido que el de menores ingresos, lo que ha aumentado dramáticamente la desigualdad social, continuando infamemente en este siglo XXI.

Ante la infame constatación de la brecha social, el poder financiero, el económico, el que nos esclaviza. El Poder. Hace del silencio valor, porque de infamia sabe mucho ya que: no hay nada más infame que legislar contra quienes su objetivo no es otro que vivir con dignidad de su trabajo, o simplemente, vivir dignamente con un trabajo. Infame es socializar las pérdidas y privatizar los beneficios; que en el estado casi 1.000.000 hogares no tengan ningún tipo de ingresos. Más infame es aún, que no podamos escapar de la pobreza incluso trabajando, y que al mismo tiempo, la brecha social aumente sumiendo al 98% de la población en la esclavitud. Que la población resida en la desesperanza ante el incierto futuro no ya de no poder trabajar, si no de que no se pueda afrontar la vida con dignidad.

De infame hay que calificar la estafa que nos oprime, surgida en EEUU y materializada en la crisis de las subprime que sumió en la quiebra primero a Lehman brothers, destapando otros escándalos en Wall street y arrastrando a la Unión Europea. Aquellos infamantes consejeros y gurús financieros se erigen ahora en facilitadores de soluciones cuando ellos mismos en su autismo económico se certifican en la infamia con sus medidas para la  “recuperación”. Para muestra las perlas del visionario De Guindos, que tiene en su haber aquella que signó en 2003, último gobierno de Aznar (el del rancho): “no hay burbuja inmobiliaria, sino una evolución de precios al alza que se van a ir moderando con más viviendas en alquiler y más transparencias en los procedimientos de urbanismo”.

Estos personajes junto con sus homónimos locales, tan eruditos ellos, son parte del gran problema en el que la tercera parte de la población navarra se encuentra, la pobreza y la exclusión social. Los datos que hay encima de la mesa son demoledores, y resulta doloso que durante estos cinco años no se haya hecho absolutamente nada por intentar revertir tal tendencia.  En el informe de Caritas presentado en junio afirma que en Navarra existen 20.000 personas en condición de pobreza severa. El 17,3% de los navarros vive procesos de exclusión y 48.000 están en una situación severa. Datos que surgen en un contexto concreto pero que corroboran el errático rumbo económico planteado y que al mismo tiempo certifica la deriva de una sociedad asocial e insolidaria, que se adentra y regodea en sus miserias enrocándose en la pobreza del propio sistema.

La sociedad de la civilización mercantil donde las personas son consideradas nulas de derecho y el trabajo ha dejado de ser un valor. El capitalismo, que lo utiliza como arma esclavizante, se ha encargado de minusvalorarlo, trabajar ya no es garantía de desarrollo, de estabilidad, de dignidad. Se buscan rendimientos inmediatos, el camino más corto en la obtención de sus réditos lucrativos, y para mantener su espacio hegemónico el capital ofrece la cara amable y falaz del triunfador y de la igualdad de oportunidades. Sin embargo, “los mercados” han creado un grave desequilibrio a su favor basado en la obtención de dividendos a costa del sometimiento de gobiernos, de la explotación a coste cero de los recursos naturales y comunes y de la esclavización de las personas.

Las grandes corporaciones financieras y empresariales, coofinanciadoras en gran medida de fondos de inversión sin escrúpulos, que a su vez se sustentan en los paraísos fiscales, practican la beneficencia para redimirse: compran empresas prometiendo grandes inversiones y rutas de negocio, para luego socializarlas en su descapitalización y deslocalización. Invierten en oportunidades de negocio teniendo como base sustancial el ocio. Mercadean con la producción básica de productos de primera necesidad,  etc. Sus inversiones sociales son en la práctica meras donaciones benefactoras. Lo que nos sitúa en el plano más agrio de la esclavitud. La beneficencia no es solidaridad, es esclavitud. Por ello, si pretendemos avanzar en la justicia social, se deben activar mecanismos que reeduquen esta Sociedad infame y estén asentados en privilegio del “Ser” en detrimento del falaz argumento del “Tener”.

Joseba Santesteban del Grupo de Comunicación de
CGT-LKN Nafarroa

Yo no lo tiro

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