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Javier Andreu: “Lo de Iruña es una construcción, no sé si del nacionalismo o de la cultura pop”

Este jueves, la tertulia de Pompaelo estuvo protagonizada por Javier Andreu, profesor de Historia Antigua en la Universidad de Navarra (donde coordina el diploma de Arqueología) y en la UNED. Andreu es también protagonista en muchas de las excavaciones actuales en Navarra y alrededores, como Los Bañales y Santa Criz de Eslava.

Es un experto en la evidencia material y epigráfica de la antigüedad en estos territorios. Y eso le lleva a poner en cuestión unos cuantos mitos familiares.

En la tertulia explicó que la zona que hoy llamamos Navarra no se corresponde con el territorio antiguo de ningún pueblo diferenciado (étnicamente, materialmente o incluso lingüísticamente). No sólo porque es más extenso que el que los romanos atribuyeron a los “vascones”, sino porque éstos no se diferenciaban de sus vecinos de ningún modo que conozcamos. Era una zona de amplia variedad cultural, en la que la mayor parte de las evidencias materiales no están en “proto vasco” sino en lenguas indoeuropeas, celtibéricas. Ni siquiera los gobernantes (los que acuñaron moneda) se expresaban en esas lenguas, sino en variedades de las comunes de la península. Debía ser una tierra de diversidad incluso entonces. No sabemos qué vieron los romanos para atribuir esa parte de Navarra a los “vascones”, pero sí queda claro que “los vascones de la antigüedad no tienen nada que ver con lo que se entendió por vascones en época visigoda, ni con los vascos”.Las evidencias epigráficas (escritura antigua) en lengua protovasca existen, mezcladas con el resto, pero en Navarra se encuentran de hecho con mucha menos frecuencia que al norte de los Pirineos, en la Aquitania, donde son muchísimo más comunes. Algo que hace pensar en que los “vascones” (o mejor, los protovascos) navarros eran apenas unos emigrantes dispersos de origen aquitano.Además de no haber homogeneidad étnica, lingüística ni cultural, tampoco había ninguna unidad política entre los que los romanos llamaron “vascones” (los propios habitantes de la zona no han dejado ningún rastro de que se denominaran a sí mismos de una forma única, todo lo contrario). Cada ciudad funcionaba por su cuenta. Unos apoyaron a Pompeyo y otros, supuestamente también “vascones”, al rebelde Sertorio.

De esta guerra parece haber surgido Pamplona, como explicó Andreu.Aunque recientemente se han revisado algunas de las (escasísimas) fuentes antiguas relacionadas con el origen de la capital navarra, y ya no es posible estar seguros de la teoría que la relaciona con el campamento romano atribuido a Pompeyo en los alrededores de la actual ciudad, lo que sí está claro es que su fundación se debe a este general.

Probablemente no como “premio” ni como “castigo” (como se ha defendido en distintas obras), sino como forma de agrupar la población de la Cuenca y crear un punto defendible que rompiera la comunicación entre Osca y Calagurris, dos de los principales focos de la rebelión de Sertorio. Pero (y esta es la clave) no lo sabemos porque las fuentes no lo dicen, y hacer afirmaciones sin base no es hacer historia.

Lo que sí dejó claro Andreu es que, cualquier que fuese el tamaño o la importancia de lo que hubiera en su lugar cuando Pompeyo fundó la ciudad, no se llamaba “Iruña”. Esa palabra aparece por primera vez reflejada en la historia más de mil años después de la fundación, con lo que cualquier posible relación con el nombre original es pura coincidencia, y el término viene a significar “ciudad” a secas. “Casi todo el mundo lo tiene asumido, sin ningún tipo de fundamento histórico”.

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