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La gripe desapareció del hemisferio sur en invierno: ¿pasará lo mismo en el norte?

No sabemos qué va a pasar, pero nos podemos fijar en qué ha ocurrido en el hemisferio sur durante junio, julio y agosto de este año, los meses que constituyen la época de gripe en esa parte del planeta

Ignacio López-Goñi, Universidad de Navarra

Existe una seria preocupación sobre cómo será el solapamiento del SARS-CoV-2 con otros patógenos respiratorios frecuentes en los meses de invierno. No podemos descartar una situación de tormenta perfecta en la que el coronavirus coincida con otros virus que causan gripe, bronquiolitis y neumonías, responsables de hospitalizaciones y muertes en sectores de la población más vulnerable.

Se ha sugerido que el riesgo de muerte en personas infectadas por gripe y SARS-CoV-2 de forma simultánea es superior que en aquellas que solo estaban infectadas por el coronavirus. Sobre todo, en mayores de 70 años.

No sabemos qué va a pasar, pero nos podemos fijar en qué ha ocurrido en el hemisferio sur durante junio, julio y agosto de este año, los meses que constituyen la época de gripe en esa parte del planeta.

Los datos son bastante contundentes: la gripe y otras infecciones virales respiratorias prácticamente han desaparecido del hemisferio sur.

OMS

Miremos los datos de admisiones a las unidades pediátricas de cuidados intensivos en varios países latinoamericanos, de niños con problemas respiratorios por infecciones por gripe o virus respiratorio sincitial. Estos demuestran que, durante la pandemia de COVID-19, se han reducido entre un 78 % y un 92 % las admisiones a las UCI debidas a estos virus.

En Australia también se ha descrito una reducción superior al 98 % en la detección de gripe y de otros virus respiratorios en niños, a pesar de haber mantenido las escuelas abiertas. También en Nueva Zelanda ha desaparecido la gripe: se ha reducido en más de un 99 %.

Comparación de la detección del virus respiratorio sincitial (1a) y del virus de la gripe (1b) en niños, en el área metropolitana de Australia del Oeste en el final del invierno de 2020 (líneas rojas y azul) y la media de los últimos años (2012-2019, línea negra).

Lo mismo ha ocurrido en Chile: a diferencia de años anteriores, durante el invierno de 2020 solo se ha detectado el coronavirus SARS-CoV-2.

Casos de gripe en 2018, 2019 y 2020. Ministerio de Salud, Chile
Casos de virus respiratorios (gripe, parainfluenza, respiratorio sincitial, adenovirus, neumovirus y SARS-CoV-2) Ministerio de Salud, Chile

No se pueden descartar otras causas, como una disminución en la capacidad diagnóstica o una interferencia entre ambos virus. Sin embargo, muy probablemente las medidas de confinamiento, el uso de mascarillas, la higiene y la distancia social, así como la disminución de viajes y una campaña de vacunación antigripal más intensa han contribuido a mitigar la circulación del virus de la gripe y a reducir su impacto. Tampoco sabemos porqué estas medidas han podido afectar a otros virus y, por el contario, el SARS-CoV-2 sigue en aumento. ¿Podría deberse a un papel más importante de los supercontagiadores en la epidemiología del coronavirus?

No sabemos cómo se va a comportar la gripe este invierno en el hemisferio norte, pero estos datos son motivo de esperanza y animan a continuar con las medidas de contención. Quizá en el futuro haya que añadir algunas de estas medidas para reducir el impacto de la gripe en las poblaciones más vulnerables, además de la vacunación, la única herramienta preventiva que tenemos hasta ahora.


La versión original de este artículo fue publicada en el blog del autor, microBIO.


Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología, Universidad de Navarra

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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