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Navarra recordará a las víctimas del tercio de Sanjurjo, fusilados en Zaragoza en 1936

En el acto, organizado por el Gobierno de Navarra con el Ayuntamiento de Zaragoza, se inaugurará un monolito en su memoria

Pamplona/Iruña,  22 de octubre de 2018

El Gobierno de Navarra, junto con el Ayuntamiento de Zaragoza, va a celebrar el próximo sábado día 27 un acto en memoria de los más de 200 navarros alistados en el Tercio de Sanjurjo y que fueron fusilados en los primeros meses del golpe militar de 1936.

El acto servirá para inaugurar un monolito en su recuerdo y también como reconocimiento a los familiares que exhumaron sus restos en el cementerio de Torrero (Zaragoza) en febrero de 1979, resaltando el valor de su compromiso y trabajo por la memoria.

El acto estará presidido por la Presidenta del Gobierno, Uxue Barkos, y contará con la presencia de otras autoridades como la Presidenta del Parlamento de Navarra, Ainhoa Aznárez, el presidente de la FNMC, Pablo Azcona, así como miembros del Gobierno, del Parlamento y representantes de las entidades locales de donde procedían las víctimas y del Ayuntamiento de Zaragoza. Al acto acudirán igualmente más de 150 familiares de las víctimas.

Alistarse a la muerte

En el verano de 1936 muchos hombres fueron presionados para alistarse en el Tercio de Sanjurjo y combatir en las filas de los sublevados como vía para escapar de la represión y de la amenaza de una muerte probable.

De esta manera, más de 600 varones, procedentes de decenas de pueblos de Aragón, Navarra, La Rioja y Soria, fueron conducidos a Zaragoza para ser trasladados a continuación a Almudévar, en la línea del frente. Allí llegaron el 29 de septiembre, destinados a entrar en combate. Sin embargo, las autoridades militares del bando sublevado desconfiaron de ellos, por el riesgo de una posible deserción masiva, y decidieron dar un castigo ejemplarizante. Fueron devueltos al campo de San Gregorio y, en los primeros días de octubre, un número todavía sin determinar de ellos fueron asesinados. Se estima que pudieron ser 224 los navarros allí fusilados. Sus cuerpos fueron trasladados en camiones al cementerio de Torrero y enterrados en una gran fosa común.

Sus familiares nunca los olvidaron, pero hubo que esperar más de 40 años para que se abriera una oportunidad para la exhumación. En Navarra se había iniciado en 1978 un potente movimiento de familiares con apoyo de algunos curas y alcaldes, que iniciaron las conocidas como exhumaciones tempranas. Fueron muchas las fosas comunes que se exhumaron. De todas ellas, la mayor fue la del cementerio de Torrero. Tras conseguir la autorización del Ayuntamiento de Zaragoza, el 10 de febrero de 1979 un numeroso grupo de familiares procedente de 16 localidades de Navarra y La Rioja llevó a cabo la exhumación de los restos. Días más tarde, un gran cortejo formado por más de 600 personas acompañó la entrega de los restos a sus familiares. Así, fueron trasladados a sus localidades de origen y enterrados dignamente en los panteones que se estaban construyendo en los cementerios de muchas localidades navarras.

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