El Museo Universidad de Navarra (MUN) inauguró este martes, 20 de octubre, una nueva mirada a su Colección con dos exposiciones permanentes: «Ad Ineffabilem. Una aventura de materia y espíritu» y «La imagen revelada. La colección fotográfica del MUN». Enmarcadas en la nueva dirección artística de Gabriel Pérez-Barreiro, ambas propuestas ofrecen aproximaciones distintas a los fondos del museo: una invita a explorar la relación entre arte y trascendencia y la otra propone un recorrido por la historia de la fotografía hasta nuestros días. Se complementan con «Habitus et Praxis: cuerpo, vestimenta y tradición», una nueva muestra del Legado Ortiz Echagüe.
Las exposiciones responden a la finalidad que el MUN atribuye a su Colección: investigar, conservar, divulgar e incluso aprender a contemplar el arte, y favorecer así la recuperación de la atención, la mirada propia y un mejor conocimiento del mundo. Era también el deseo de la coleccionista María Josefa Huarte, que quiso reflejar que el arte es uno de los muchos caminos de encuentro con lo trascendente.
Un umbral hacia lo inefable
«Ad Ineffabilem» está comisariada por María José Zegers-Correa y Marta García Alonso, arquitectas y profesoras de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, con la colaboración de Ricardo Piñer, catedrático de Estética. La muestra invita a atravesar un umbral hacia una mirada capaz de abrirse a lo inefable y exige detener el discurrir de la vida para escuchar aquello que, según sus responsables, nunca ha dejado de hablarnos desde el tiempo y el espacio, desde la forma y la materia. Con ella se pretende que las obras sean un camino hacia lo trascendente y que, a través de la contemplación, el visitante pueda aproximarse a lo inefable.
El proyecto partió de una investigación sobre la Colección y sus artistas. María José Zegers-Correa ha afirmado que fue un trabajo de mucha investigación para entender a los artistas y sus obras y cómo cada uno concebía su relación con lo trascendente. De ahí surgieron cuatro conceptos, tiempo, espacio, forma y materia, que agrupan las obras, dan nombre a las salas y estructuran el itinerario.
La sala Tiempo se divide en tres ámbitos que articulan la fragmentación, la eternidad y el instante, con obras de Picasso, Rothko, Sistiaga y Zóbel. Espacio se concibe como un único volumen blanco y cúbico en el que las obras de Oteiza exploran el concepto de vacío. En Forma, las obras de Palazuelo expresan el orden que hace nacer la realidad y el descubrimiento de una geometría escondida. Materia reúne la obra de Antoni Tàpies, entre la que destaca «L'esperit català» como hilo conductor del proyecto, ya que anuncia en la propia pieza la igualdad entre materia y espíritu.
Sobre la concepción del espacio, Marta García Alonso ha explicado que el proyecto buscaba una experiencia diferente a la habitual. «Hasta ahora las salas eran espacios diáfanos donde las obras compartían espacio y nosotras veíamos que nuestro proyecto tenía que ser radicalmente diferente. Creamos unos límites para ocultar la obra, de manera que el acceso a la propia obra de arte produjera asombro», ha señalado. La iluminación y la intimidad han sido también elementos fundamentales del diseño del recorrido. Las comisarias promoverán además un Proyecto de Innovación Docente en el Grado de Diseño para idear mobiliario específico para la contemplación del arte, de manera que visitantes de diferentes edades y condiciones puedan ejercitarla.
Dos siglos de fotografía
«La imagen revelada», comisariada por Ignacio Miguéliz, responsable de Colección y Exposiciones del museo, ocupa la Sala 0 de la Planta 0 y abarca cerca de 200 años de historia, desde el nacimiento del medio en 1839 hasta las creaciones contemporáneas. La muestra aborda tanto la dimensión técnica y documental de la fotografía como su capacidad para construir relatos sobre la identidad, la historia y la realidad social.
El recorrido se articula en tres apartados cronológicos. El primero, dedicado al siglo XIX, trata los orígenes de la técnica con daguerrotipos, albúminas, carbones y calotipos, y destaca a fotógrafos internacionales atraídos por el ideario romántico de España, como Gustave de Beaucorps, Louis De Clercq y Alphonse De Launay, además de Charles Clifford, Jane Clifford y Jean Laurent.
El segundo apartado abarca el siglo XX y la consolidación del medio a través del pictorialismo, la fotografía de vanguardia, la documental de carácter social y la de guerra. Reúne a autores como Josep Brangulí, Rafael Sanz Lobato y Juan Dolcet, y a extranjeros como Henri Cartier-Bresson y Eugene Smith. El fondo sobre la Guerra Civil española ocupa un papel protagonista, con imágenes de Robert Capa y Gerda Taro, Agustí Centelles y Pere Catalá Pic, así como la posterior renovación liderada por el grupo Afal y las escuelas de Madrid y Barcelona, con Ramón Masats, Gabriel Cualladó, Francesc Català-Roca y Joan Colom, y la apertura al fondo iberoamericano de Martín Chambi, Graciela Iturbide y Alberto Korda.
El último apartado se centra en la fotografía del siglo XXI y gira en torno al programa de residencias artísticas Tender Puentes, iniciativa del MUN puesta en marcha en 2003 y por la que han pasado 39 creadores contemporáneos, entre ellos Joan Fontcuberta, Bleda y Rosa, Pierre Gonnord, Cristina de Middel y Vik Muniz, que se inspiran en la colección fotográfica del museo para crear obra nueva.
El Legado Ortiz Echagüe, en el Espacio de la planta -1
En el Espacio Ortiz Echagüe, en la planta -1, puede visitarse además «Habitus et Praxis: cuerpo, vestimenta y tradición», una exposición que plantea una reflexión contemporánea sobre la vestimenta y la repetición de gestos y rituales.
Tanto «Ad Ineffabilem», que ocupa las salas 1 a 4 de la Planta 0, como «La imagen revelada» abrieron el 20 de octubre de 2026 con carácter permanente y han sido producidas por el propio museo.
Una nota para la revisión: he aplicado el nombre correcto de la comisaria, María José Zegers-Correa, en todo el texto. En la nota original aparecía «Ad Ineffamilem» en una ocasión y «ad-ineffablem» en el enlace, por lo que he unificado el título como «Ad Ineffabilem», tal y como figura en el resto del documento. También he dejado «Eugene Smith» sin tilde y «Ricardo Piñer» tal cual aparecen, aunque convendría confirmar ambos nombres con el museo, y he escrito «Agustí Centelles» según figura en la ficha de autores, ya que en el cuerpo del comunicado aparecía como «Agustín».
El Museo Universidad de Navarra (MUN) inauguró este martes, 20 de octubre, una nueva mirada a su Colección con dos exposiciones permanentes: «Ad Ineffabilem. Una aventura de materia y espíritu» y «La imagen revelada. La colección fotográfica del MUN». Enmarcadas en la nueva dirección artística de Gabriel Pérez-Barreiro, ambas propuestas ofrecen aproximaciones distintas a los fondos del museo: una invita a explorar la relación entre arte y trascendencia y la otra propone un recorrido por la historia de la fotografía hasta nuestros días. Se complementan con «Habitus et Praxis: cuerpo, vestimenta y tradición», una nueva muestra del Legado Ortiz Echagüe.
Las exposiciones responden a la finalidad que el MUN atribuye a su Colección: investigar, conservar, divulgar e incluso aprender a contemplar el arte, y favorecer así la recuperación de la atención, la mirada propia y un mejor conocimiento del mundo. Era también el deseo de la coleccionista María Josefa Huarte, que quiso reflejar que el arte es uno de los muchos caminos de encuentro con lo trascendente.
Un umbral hacia lo inefable
«Ad Ineffabilem» está comisariada por María José Zegers-Correa y Marta García Alonso, arquitectas y profesoras de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, con la colaboración de Ricardo Piñer, catedrático de Estética. La muestra invita a atravesar un umbral hacia una mirada capaz de abrirse a lo inefable y exige detener el discurrir de la vida para escuchar aquello que, según sus responsables, nunca ha dejado de hablarnos desde el tiempo y el espacio, desde la forma y la materia. Con ella se pretende que las obras sean un camino hacia lo trascendente y que, a través de la contemplación, el visitante pueda aproximarse a lo inefable.
El proyecto partió de una investigación sobre la Colección y sus artistas. María José Zegers-Correa ha afirmado que fue un trabajo de mucha investigación para entender a los artistas y sus obras y cómo cada uno concebía su relación con lo trascendente. De ahí surgieron cuatro conceptos, tiempo, espacio, forma y materia, que agrupan las obras, dan nombre a las salas y estructuran el itinerario.
La sala Tiempo se divide en tres ámbitos que articulan la fragmentación, la eternidad y el instante, con obras de Picasso, Rothko, Sistiaga y Zóbel. Espacio se concibe como un único volumen blanco y cúbico en el que las obras de Oteiza exploran el concepto de vacío. En Forma, las obras de Palazuelo expresan el orden que hace nacer la realidad y el descubrimiento de una geometría escondida. Materia reúne la obra de Antoni Tàpies, entre la que destaca «L'esperit català» como hilo conductor del proyecto, ya que anuncia en la propia pieza la igualdad entre materia y espíritu.
Sobre la concepción del espacio, Marta García Alonso ha explicado que el proyecto buscaba una experiencia diferente a la habitual. «Hasta ahora las salas eran espacios diáfanos donde las obras compartían espacio y nosotras veíamos que nuestro proyecto tenía que ser radicalmente diferente. Creamos unos límites para ocultar la obra, de manera que el acceso a la propia obra de arte produjera asombro», ha señalado. La iluminación y la intimidad han sido también elementos fundamentales del diseño del recorrido. Las comisarias promoverán además un Proyecto de Innovación Docente en el Grado de Diseño para idear mobiliario específico para la contemplación del arte, de manera que visitantes de diferentes edades y condiciones puedan ejercitarla.
Dos siglos de fotografía
«La imagen revelada», comisariada por Ignacio Miguéliz, responsable de Colección y Exposiciones del museo, ocupa la Sala 0 de la Planta 0 y abarca cerca de 200 años de historia, desde el nacimiento del medio en 1839 hasta las creaciones contemporáneas. La muestra aborda tanto la dimensión técnica y documental de la fotografía como su capacidad para construir relatos sobre la identidad, la historia y la realidad social.
El recorrido se articula en tres apartados cronológicos. El primero, dedicado al siglo XIX, trata los orígenes de la técnica con daguerrotipos, albúminas, carbones y calotipos, y destaca a fotógrafos internacionales atraídos por el ideario romántico de España, como Gustave de Beaucorps, Louis De Clercq y Alphonse De Launay, además de Charles Clifford, Jane Clifford y Jean Laurent.
El segundo apartado abarca el siglo XX y la consolidación del medio a través del pictorialismo, la fotografía de vanguardia, la documental de carácter social y la de guerra. Reúne a autores como Josep Brangulí, Rafael Sanz Lobato y Juan Dolcet, y a extranjeros como Henri Cartier-Bresson y Eugene Smith. El fondo sobre la Guerra Civil española ocupa un papel protagonista, con imágenes de Robert Capa y Gerda Taro, Agustí Centelles y Pere Catalá Pic, así como la posterior renovación liderada por el grupo Afal y las escuelas de Madrid y Barcelona, con Ramón Masats, Gabriel Cualladó, Francesc Català-Roca y Joan Colom, y la apertura al fondo iberoamericano de Martín Chambi, Graciela Iturbide y Alberto Korda.
El último apartado se centra en la fotografía del siglo XXI y gira en torno al programa de residencias artísticas Tender Puentes, iniciativa del MUN puesta en marcha en 2003 y por la que han pasado 39 creadores contemporáneos, entre ellos Joan Fontcuberta, Bleda y Rosa, Pierre Gonnord, Cristina de Middel y Vik Muniz, que se inspiran en la colección fotográfica del museo para crear obra nueva.
El Legado Ortiz Echagüe, en el Espacio de la planta -1
En el Espacio Ortiz Echagüe, en la planta -1, puede visitarse además «Habitus et Praxis: cuerpo, vestimenta y tradición», una exposición que plantea una reflexión contemporánea sobre la vestimenta y la repetición de gestos y rituales.
Tanto «Ad Ineffabilem», que ocupa las salas 1 a 4 de la Planta 0, como «La imagen revelada» abrieron el 20 de octubre de 2026 con carácter permanente y han sido producidas por el propio museo.
Una nota para la revisión: he aplicado el nombre correcto de la comisaria, María José Zegers-Correa, en todo el texto. En la nota original aparecía «Ad Ineffamilem» en una ocasión y «ad-ineffablem» en el enlace, por lo que he unificado el título como «Ad Ineffabilem», tal y como figura en el resto del documento. También he dejado «Eugene Smith» sin tilde y «Ricardo Piñer» tal cual aparecen, aunque convendría confirmar ambos nombres con el museo, y he escrito «Agustí Centelles» según figura en la ficha de autores, ya que en el cuerpo del comunicado aparecía como «Agustín».