Pamplona Actual

La confianza en las redes sociales, más que el uso de ChatGPT, predice la difusión de información falsa

Un estudio de la Universidad de Navarra con 922 personas halla que los estudiantes son quienes más confían en ChatGPT y quienes menos verifican sus respuestas

  • Pie de foto. Charo Sádaba y Xavier Bringué son los responsables del estudio.

Investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra han analizado la relación entre el uso de ChatGPT, la confianza en la inteligencia artificial y los comportamientos ligados a la desinformación en la comunidad educativa. El trabajo concluye que existe una brecha entre la familiaridad con estas herramientas y su supervisión crítica: los estudiantes son quienes más utilizan ChatGPT y quienes más confían en sus respuestas, pero también quienes menos verifican la información que reciben.

El estudio, firmado por los profesores Xavier Bringué y Charo Sádaba, ha sido publicado en la revista científica adComunica. Se basa en una encuesta online realizada en enero de 2025 por el VI Estudio de Empantallados y GAD3 en España, a la que respondieron 922 personas entre estudiantes, familias y docentes de Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional.

El mayor predictor, la confianza en las redes

Uno de los hallazgos centrales es la relación entre el uso de ChatGPT y la difusión de información falsa. Según los datos, el alumnado es el grupo que declara en mayor proporción haber compartido información falsa, seguido del profesorado y, en menor medida, de las familias.

Sin embargo, el dato más llamativo es que el predictor más sólido de haber compartido información falsa no ha sido el uso de ChatGPT, sino la confianza en las redes sociales como fuente de información. "El riesgo de desinformación no reside únicamente en el uso de la inteligencia artificial generativa, sino en el ecosistema de confianza informativa, y especialmente en la confianza depositada en las redes sociales, en el que ese uso se inserta", ha destacado Xavier Bringué.

Los estudiantes confían más; los docentes verifican más

El estudio compara el uso de la herramienta, la confianza en la IA y las prácticas relacionadas con la desinformación entre los tres perfiles de la comunidad educativa. En el uso de ChatGPT, el alumnado se sitúa muy por encima, seguido del profesorado, que declara un uso significativamente mayor que el de las familias. En la confianza depositada en la herramienta, también son los estudiantes quienes muestran niveles más altos, mientras que entre docentes y familias no hay diferencias relevantes.

Al observar las prácticas de verificación, son los docentes quienes reportan una mayor frecuencia de contraste de la información. En cuanto a la facilidad percibida para detectar errores, profesorado y alumnado obtienen las puntuaciones más altas, mientras que las familias son el grupo que declara más dificultades para identificar información incorrecta o engañosa generada por la IA.

Sobreconfianza: a más familiaridad, menos contraste

Los autores han observado además una asociación moderada y positiva entre el uso de ChatGPT y la facilidad percibida para detectar errores. No obstante, una mayor confianza en la herramienta reduce de forma significativa la tendencia a verificar la información, mientras que un mayor uso la aumenta ligeramente.

Los investigadores interpretan este resultado como un indicio de sobreconfianza: cuanto más familiarizado está el usuario con ChatGPT, más cree saber cuándo se equivoca, lo que puede reducir su necesidad de contrastar la respuesta con otras fuentes.

Alfabetización en IA, más allá de las herramientas

Para los autores, estos resultados indican que la respuesta educativa no puede limitarse al aprendizaje instrumental de las herramientas de inteligencia artificial generativa. Charo Sádaba ha subrayado que "es necesario promover competencias específicas de alfabetización en IA, orientadas a comprender el funcionamiento básico de estos sistemas, reconocer sus limitaciones, evaluar críticamente la información que producen y desarrollar estrategias sistemáticas de verificación".

Investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra han analizado la relación entre el uso de ChatGPT, la confianza en la inteligencia artificial y los comportamientos ligados a la desinformación en la comunidad educativa. El trabajo concluye que existe una brecha entre la familiaridad con estas herramientas y su supervisión crítica: los estudiantes son quienes más utilizan ChatGPT y quienes más confían en sus respuestas, pero también quienes menos verifican la información que reciben.

El estudio, firmado por los profesores Xavier Bringué y Charo Sádaba, ha sido publicado en la revista científica adComunica. Se basa en una encuesta online realizada en enero de 2025 por el VI Estudio de Empantallados y GAD3 en España, a la que respondieron 922 personas entre estudiantes, familias y docentes de Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional.

El mayor predictor, la confianza en las redes

Uno de los hallazgos centrales es la relación entre el uso de ChatGPT y la difusión de información falsa. Según los datos, el alumnado es el grupo que declara en mayor proporción haber compartido información falsa, seguido del profesorado y, en menor medida, de las familias.

Sin embargo, el dato más llamativo es que el predictor más sólido de haber compartido información falsa no ha sido el uso de ChatGPT, sino la confianza en las redes sociales como fuente de información. "El riesgo de desinformación no reside únicamente en el uso de la inteligencia artificial generativa, sino en el ecosistema de confianza informativa, y especialmente en la confianza depositada en las redes sociales, en el que ese uso se inserta", ha destacado Xavier Bringué.

Los estudiantes confían más; los docentes verifican más

El estudio compara el uso de la herramienta, la confianza en la IA y las prácticas relacionadas con la desinformación entre los tres perfiles de la comunidad educativa. En el uso de ChatGPT, el alumnado se sitúa muy por encima, seguido del profesorado, que declara un uso significativamente mayor que el de las familias. En la confianza depositada en la herramienta, también son los estudiantes quienes muestran niveles más altos, mientras que entre docentes y familias no hay diferencias relevantes.

Al observar las prácticas de verificación, son los docentes quienes reportan una mayor frecuencia de contraste de la información. En cuanto a la facilidad percibida para detectar errores, profesorado y alumnado obtienen las puntuaciones más altas, mientras que las familias son el grupo que declara más dificultades para identificar información incorrecta o engañosa generada por la IA.

Sobreconfianza: a más familiaridad, menos contraste

Los autores han observado además una asociación moderada y positiva entre el uso de ChatGPT y la facilidad percibida para detectar errores. No obstante, una mayor confianza en la herramienta reduce de forma significativa la tendencia a verificar la información, mientras que un mayor uso la aumenta ligeramente.

Los investigadores interpretan este resultado como un indicio de sobreconfianza: cuanto más familiarizado está el usuario con ChatGPT, más cree saber cuándo se equivoca, lo que puede reducir su necesidad de contrastar la respuesta con otras fuentes.

Alfabetización en IA, más allá de las herramientas

Para los autores, estos resultados indican que la respuesta educativa no puede limitarse al aprendizaje instrumental de las herramientas de inteligencia artificial generativa. Charo Sádaba ha subrayado que "es necesario promover competencias específicas de alfabetización en IA, orientadas a comprender el funcionamiento básico de estos sistemas, reconocer sus limitaciones, evaluar críticamente la información que producen y desarrollar estrategias sistemáticas de verificación".