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Un estudio destaca los retos pendientes para la inclusión educativa y social de la juventud gitana

Araceli Arellano, investigadora principal, resalta la necesidad de comprender mejor cómo estos jóvenes experimentan la transición a la vida adulta 

Alrededor del 64% del alumnado gitano no completan sus estudios obligatorios en España, y muy pocos llegan a niveles superiores. ¿Se trabaja realmente desde un enfoque de educación intercultural? ¿Se pueden mejorar las prácticas educativas para generar inclusión? ¿Cuáles son las prácticas, validadas por la investigación, para mejorar la situación del alumnado gitano? La obra Juventud gitana: retos para su inclusión educativa y social en su transición a la vida adulta, dirigida a profesionales del ámbito socioeducativo, trata de dar respuesta, a través de 5 capítulos, a estas cuestiones.

Esta publicación es el resultado de un proyecto de investigación iniciado en 2016 titulado “La transición a la vida adulta de jóvenes de la comunidad gitana en Navarra”. Un proyecto en el que han participado las profesoras de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra Araceli Arellano, Sarah Carrica-Ochoa, Feli Peralta, Charo Repáraz y María Ángeles Sotés.

En esta investigación se analizó la falta de oportunidades para finalizar los estudios obligatorios y para continuar con su formación a las que se enfrentan los jóvenes de entre 11 y 18 años de la comunidad gitana en Navarra. “Los jóvenes gitanos experimentan procesos de transición a la vida adulta diferentes, desde el punto de vista personal, social y familiar. Necesitamos comprender mejor cómo se entiende dicha etapa desde las familias para así poder proponer herramientas que tengan un verdadero significado”, explica Araceli Arellano, investigadora principal.  

Las investigadoras apuestan por “el acompañamiento y la formación de los jóvenes en habilidades personales para mejorar su presencia y participación tanto en la trayectoria educativa formal como en los diferentes espacios sociales y comunitarios” como medida para reducir la tasa de abandonos entre estos jóvenes. 

Modelo de educación intercultural

La investigadora y profesora Sarah Carrica-Ochoa apunta que “es preciso dirigirse hacia un modelo de educación intercultural que tiene el doble objetivo de lograr una educación de calidad individual y la cohesión social. Dotar al alumnado de una serie de competencias que le ayude a no tener que elegir entre su propia cultura o la mayoritaria. Esto supone empoderar al alumnado, pasar de trabajar desde visiones compensatorias a ser comunidades de aprendizaje”.

La publicación ha sido editada por las profesoras Araceli Arellano, Sarah Carrica-Ochoa y María Ángeles Sotés. También han colaborado los investigadores Fernando Macías-Aranda, Rosa Valls Carol, Jorge González García, de la Universidad de Barcelona; y Tania García Espinel, del Departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, de la Generalitat de Catalunya. 

Asimismo han participado profesionales de organizaciones gitanas de la de Navarra y centros educativos de referencia: Ricardo Hernández y Ana Sainz, de la Federación de Asociaciones Gitanas de Navarra Gaz Kaló; Rubén Fuertes, del Colegio Alfonso X El Sabio; Antonio Jiménez y Esther García, de Servicios Sociales de Andosilla, Azagra, Cárcar y San Adrián; e Inés García Pérez e Itziar Zudaire de Luis, de la Fundación Secretariado Gitano.

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