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Una aceituna de 1.500 euros, y otras 19 historias de consumidores

20 casos curiosos resueltos por Consumidores Irache en el 2015

Pamplona, 31 de marzo

La Asociación de Consumidores Irache de Navarra ha explicado algunos de los casos más curiosos que han podido resolver el pasado año, como el de un consumidor que perdió un diente (y 1.500 euros) por comer una aceituna supuestamente sin hueso. Esta y otras 19 historias se relatan a continuación.

Anulan el crucero por enfermedad

Seis amigos contrataron un crucero para viajar por el Mediterráneo. A la vez, también suscribieron un seguro multiasistencia que les cubriese ante cualquier incidencia, como la anulación del viaje. Una de las personas sufría una enfermedad grave e informó de ella a la hora de contratar el viaje y el seguro.

La compañía aseguradora solicitó, de hecho, la autorización médica para que esta persona pudiese realizar el viaje, documento que se le entregó.

Sin embargo, quince días antes de la salida del crucero sufrió una recaída de la enfermedad, por la que requería tratamiento y que, por prescripción médica, le impedía realizar el viaje.

Los asociados acudieron a Irache, desde donde se reclamó la devolución íntegra del coste del viaje de las seis personas, ya que se trataba de una contratación conjunta, y para ello se aportó el contrato así como el último informe médico. Finalmente la aseguradora devolvió lo 5.078 euros que había costado el crucero.

Tropieza porque faltan dos baldosas

Una señora se cayó en la calle, al pisar un agujero en el suelo, donde faltaban dos baldosas. A consecuencia de la caía, sufrió lesiones en el tobillo y la rodilla así como la rotura de su reloj y rasgaduras en la ropa. A consecuencia de las lesiones estuvo casi cinco meses convaleciente y fue a sesiones de rehabilitación.

Acudió a Irache, desde donde se reclamó al Ayuntamiento de la localidad por el desperfecto de la calle. Sin embargo, le informaron que ese terreno pertenecía al portal de la comunidad de vecinos al que estaba cercano y, por tanto, esta comunidad era responsable de su mantenimiento. Tras ello, desde la Asociación se reclamó a la comunidad de vecinos y la aseguradora que la cubría pagó a la afectada 6.707 euros.

Cuatro años cobrando dos veces cada factura

Una persona tenía contratada una línea móvil con una operadora telefónica. En un momento dado solicitó el cambio de titularidad de la línea y la puso a nombre de su hija, por lo que se olvidó del tema. Pasados cuatro años, revisó sus cuentas bancarias y vio que le seguían cobrando la factura mensual telefónica. Pensó que se trataba de un error y que le facturaban a ella en lugar de a su hija. Sin embargo, cuando hablaron vieron que se les estaba cobrando la línea de forma simultánea a las dos.

Acudieron a Irache, desde donde se aportó la solicitud de cambio de titularidad y el histórico de las facturas que se llevaban cobrando doblemente desde hacía cuatro años. Finalmente la operadora reconoció su error y pagó 1.999 euros.

Resbala en el suelo mojado del supermercado

Una persona se encontraba realizando la compra en un supermercado, donde la máquina de la limpieza estaba pasando el suelo. Cuando estaba caminando, resbaló en un charco de agua y, a consecuencia de la caída, sufrió una lesión en el hombro. El lugar no tenía ninguna señalización que indicase que el suelo podía estar mojado.

La víctima de la caída acudió a Irache, donde se recopilaron los testimonios del empleado de seguridad que ayudó a la persona en el momento de la caída y de otro ciudadano que se encontraba en el lugar. Con ello y los aportes médicos de la lesión y el tiempo de convalecencia se reclamó la correspondiente indemnización. Finalmente la aseguradora del supermercado pagó 1.212 euros a la afectada.

Gastan más de 1.300 euros en internet con su tarjeta

Una persona consultó sus cuentas bancarias y vio que le habían facturado en el gasto de su tarjeta de crédito 1.341 euros por compras supuestamente efectuadas en un portal de compraventa de internet, que ofrece todo tipo de artículos.

El consumidor en ningún momento había realizado estas compras ni sabía a qué respondían. Asombrado, contactó con el portal pero no le supieron dar ninguna explicación satisfactoria.

Inmediatamente, el consumidor denunció el hecho ante la Policía y anuló la tarjeta de crédito para que no se diesen más compras fraudulentas. Acudió a Irache, donde un técnico se dirigió al banco emisor de la tarjeta y, adjuntando la denuncia, reclamó la devolución de las cantidades, solicitud que fue aceptada por la entidad financiera.

Se revienta la cisterna pero el seguro no reacciona

La cisterna del cuarto de baño de una vivienda reventó y el agua se extendió por buena parte del piso. El propietario llamó al seguro y acudió el perito.

Sin embargo, no enviaron ningún técnico ni ofrecieron ninguna solución. A consecuencia de ello, el propietario del inmueble decidió tomar la iniciativa y tuvo que contratar a una empresa de mudanzas para vaciar el mobiliario con el fin de que no se deteriorase con el agua. Al mismo tiempo, contrató servicios de carpintería para reparar la cisterna y los daños que produjo.

Posteriormente acudió a Irache, desde donde un técnico se dirigió a la compañía aseguradora, aportó la póliza contratada y las facturas de la empresa de mudanzas y los trabajos de fontanería y se reclamó el pago de todo ello más un incremento por las molestias causadas debido a la inacción de la compañía. La aseguradora reconoció que su práctica no había sido la deseable y pagó al asociado 2.000 euros.

Aportaciones bancarias sin contrato

Una persona había oído información y publicidad bancaria sobre las aportaciones subordinadas. Debido a que tenía capital ahorrado a lo largo de su vida, se acercó a la sucursal de su banco y habló con un empleado, que le aseguró que se trataba de un producto que ofrecía una gran rentabilidad. Así, pues finamente accedió a invertir 19.000 euros en aportaciones Eroski.

A los tres años quiso anular la inversión pero le dijeron que no era posible y que, de hacerse, podría perder buena parte del capital aportado, unas circunstancias que no le habían comunicado en la entidad a la hora de ofrecer el contrato.

Acudió a Irache, y ya que el consumidor no recordaba haber firmado nada, se reclamó en varias ocasiones el contrato, que en ningún momento fue facilitado. Por ello, desde la Asociación se solicitó la devolución del capital de la inversión. El banco restó los beneficios que el consumidor ya había recibido y le devolvió 15.900 euros.

Cierra y el cliente se queda con la depilación sin acabar

Una persona firmó dos contratos de depilación y tratamientos de belleza en una clínica estética, tratamientos que debían prolongarse durante tres años. Transcurridos sólo unos meses y tras varias sesiones realizadas, acudió a la siguiente cita y se encontró con que el establecimiento estaba cerrado. Intentó contactar con ello pero no lo consiguió.

Por ello, acudió a Irache, donde, dado que el establecimiento donde el consumidor había contratado había cerrado, un técnico se dirigió a las oficinas centrales de la empresa. En la reclamación se relató la situación vivida por la consumidora y se aportó los contratos suscritos por ella. En respuesta a la reclamación, la empresa devolvió 1.625 euros, que correspondía a las sesiones que la asociada no había podido disfrutar.

El vuelo sale al día siguiente

Una familia iba a volar desde Madrid a las Islas Canarias para pasar allí unos días de vacaciones. En el aeropuerto les dijeron que se había dado una circunstancia imprevista, sin especificar cuál, y les informaron de que el vuelo saldría al día siguiente a la mañana. La compañía facilitó un taxi que les llevó a un hotel cercano al aeropuerto, donde pasaron la noche.

Al día siguiente fueron a su destino sin contratiempos. Al volver de las vacaciones acudieron a Irache, donde se reclamó las compensaciones estipuladas en el Reglamento Europeo -en este caso por un retraso de más de tres horas, como reconoce el Tribunal de Justicia de la Unión Europea-. Junto a ello, se adjuntó copias de las facturas de la cena y el desayuno de nuestros asociados. Finalmente, la compañía aérea pagó mil euros en compensaciones -250 por cada pasajero- y 92 euros por los gastos de manutención que efectuaron.

Una aceituna de 1.500 euros

Una persona compró en el supermercado un bote de aceitunas sin hueso. Sin embargo, cuando en casa lo abrió y mordió la primera aceituna, el hueso que tenía le rompió un diente. El consumidor acudió al dentista y posteriormente a Irache, desde donde un técnico se dirigió al establecimiento para darle a conocer los hechos acaecidos, aportando la factura de compra y el informe dental.

Pese a los intentos, no se pudo recuperar la pieza y en una clínica odontológica procedieron a ponerle un implante dental. Acabada la intervención, desde la Asociación se reclamó al establecimiento el pago del tratamiento, aportando todas las facturas y presupuestos. La aseguradora del establecimiento comercial pagó al afectado por todo ello más de 1.500 euros.

A la semana de comprar el coche tiene que llamar a la grúa

Una persona compró un coche de segunda mano en un concesionario por el que pagó 3.500 euros. Transcurrida sólo una semana, el vehículo se averió y el titular tuvo que llamar a una grúa para que lo llevase a un taller de reparación. Allí diagnosticaron múltiples averías al vehículo y presupuestaron la reparación en 2.505 euros.

El consumidor contactó con el establecimiento vendedor y les explicó la situación pero éste se eximió de cualquier responsabilidad.

Tras ello, acudió a Irache, desde donde un técnico alegó la normativa sobre consumo y exigió el pago de la reparación de los defectos hallados en el vehículo, dado que éste se encontraba dentro del periodo de garantía de compras de segunda mano.

Finalmente, el concesionario aceptó pagar 1.596 euros por la reparación de cuatro piezas de embrague y el compresor de aire acondicionado.

Casi cuatro mil euros tras resbalar con una hoja de lechuga

Una mujer estaba haciendo la compra semanal en un centro comercial cuando en la zona del acceso al supermercado, a la altura de la sección de verduras, resbaló con una hoja de lechuga y cayó. Tan pronto como pudo, puso un parte de reclamaciones al establecimiento. Como consecuencia del accidente, sufrió una fractura en el trapecio derecho, requirió una férula inmovilizadora más de un mes y, posteriormente, diez sesiones de rehabilitación.

Acudió a Irache, desde donde se reclamó la responsabilidad al establecimiento comercial y se exigió en virtud de ella una compensación por los 71 días de baja -40 impeditiva y 31 no impeditiva-, más el coste de la rehabilitación, la resonancia a la que se sometió y el coste de la muñequera que adquirió. Finalmente, la aseguradora del establecimiento abonó a la afectada 3.975 euros.

La inmobiliaria se queda con mil euros de más por el pago de la plusvalía

Unos hermanos tenían un piso en propiedad. Contrataron los servicios de una inmobiliaria para gestionar la venta del inmueble. En principio, sus competencias se limitaban a la intermediación y gestión de compra, asesoramiento y promoción de la vivienda. Se consiguió la venta y en las escrituras se hizo constar que la plusvalía corría a cargo de los vendedores. Por ello, la inmobiliaria retuvo 3.983 para pagar el impuesto. Sin embargo, al liquidarlo los hermanos sólo tuvieron que abonar 2.947 euros. Trataron de que la inmobiliaria les devolviese la diferencia sin éxito.

Los asociados acudieron a Irache, desde donde se reclamó a la inmobiliaria la devolución de la diferencia entre la estimación del importe del impuesto y la liquidación real. Para ello, aportó el documento de pago de la plusvalía.

Finalmente, la inmobiliaria pagó 1.035 euros, correspondiente al concepto solicitado.

Múltiples averías tras tres visitas al taller

Un hombre llevó su coche a un taller para que reparasen la avería que había sufrido el turbocompresor. Cuando sacó el vehículo notó que no funcionaba bien, que había perdido potencia. Tres meses más tarde detectó una fuga en la unión del turbocompresor con el embrague, por lo que volvió a llevar el coche al mismo taller, que lo volvió a reparar aparentemente. Un mes después persistía el problema. Por ello, el taller decidió sustituir una válvula pero, para configurar la centralita, derivó al consumidor al fabricante del vehículo.

En el concesionario de marca se emitió un informe que reflejaba múltiples averías. El presupuesto de su reparación ascendió a 1.469 euros.

El afectado acudió a Irache, desde donde se reclamó al taller el pago de esta última reparación. Finalmente el seguro del establecimiento se hizo cargo de prácticamente todo el importe, salvo 180 euros de franquicia en virtud de la póliza contratada con el taller.

La aseguradora no quiere pagar porque no hizo el cuestionario

Una persona tenía suscrito un seguro de vida y, en un momento dado, modificó el contrato para elevar el importe de la indemnización. Tiempo después esta persona murió y sus hijos fueron a reclamar a la compañía el pago de la indemnización acordada. Sin embargo, desde la aseguradora denegaron el pago alegando que el fallecido no había aportado en el momento de la modificación el cuestionario de salud pertinente.

Los hijos acudieron a Irache. Un técnico de la Asociación envió una reclamación en la que aportó la última póliza suscrita e indicó que, tal y como indica la ley del seguro, solo es responsabilidad de la compañía adjuntar el cuestionario para que el tomador lo rellene. Dado que no se entregó ninguno para cumplimentar, en ningún modo se podía responsabilizar de ello al entonces suscribiente de la póliza. Finalmente, la aseguradora pagó los 3.600 euros de la indemnización estipulada.

4.865 euros tras una lesión en el autobús

Una señora viajaba en la ‘villavesa’ cuando el autobús realizó una maniobra brusca debido a circunstancias del tráfico. Debido a algunas dificultades físicas, la mujer no podía ir sentada y viajaba de pie, agarrada a una barra vertical del vehículo. En el momento del frenazo, la señora cayó violentamente hacia un lado y sufrió una lesión en el hombro.

Fue atendida en los servicios médicos, finalmente tuvo que ser intervenida quirúrgicamente y estuvo durante meses convaleciente. Acudió a Irache, desde donde se reclamó una indemnización en función de los tratamientos sanitarios y el tiempo que duraron las lesiones hasta la total recuperación. Irache aportó un atestado del incidente y todos los informes médicos. Finalmente, la aseguradora pagó 4.865 euros de indemnización.

Más de seis mil euros en un local de ocio

Una persona salió a cenar con sus amigos y, tras visitar diferentes bares de Pamplona, acabó la noche, a altas horas, en un local de ocio. Al día siguiente no recordaba bien lo sucedido es este último lugar pero vio dos cargos en su tarjeta de crédito que superaban los tres mil euros. Contactó con el local pero no le dieron ninguna explicación satisfactoria que justificase el gasto efectuado.

Acudió angustiado a Irache, donde relató lo sucedido a un técnico de la Asociación. Allí se pudo comprobar que no existían los justificantes firmados de los pagos supuestamente ejercidos con la tarjeta de crédito. Por ello, se realizó una reclamación a la entidad emisora de la tarjeta, argumentando que eran gastos no autorizados por el titular y además excedían el límite de crédito contratado. Por ello, el banco finalmente reingresó 6.411 euros.

La aseguradora no quiere cubrir el robo en casa

Una familia sufrió un robo en su vivienda, del que se dieron cuenta al volver de las vacaciones. Inmediatamente, dieron parte al seguro del hogar, que tenía la cobertura por robo. Acudió un perito a la vivienda, examinó la vivienda y les dijo que ya les notificarían su postura. Posteriormente desde la compañía les informaron que la póliza no cubría el siniestro ya que se trataba de hurto porque no se apreciaba que hubiese habido violencia para entrar en la casa.

Los afectados acudieron a Irache, donde se examinó la póliza. Un técnico se dirigió a la compañía y sostuvo que el seguro cubría el siniestro, ya que el código penal vincula el delito de robo al uso de llaves o tarjetas magnéticas, una circunstancia que se había dado en este caso. Finalmente, la compañía aseguradora indemnizó a la familia con 1.935 euros.

Echa atrás un seguro de vida que costaba cinco mil euros

Una pareja había contratado un préstamo hipotecario para la compra de su vivienda. Junto a la hipoteca, suscribió un seguro de vida, que se renovaba automáticamente cada diez años. Transcurridos diez años desde la compra del piso, se renovó automáticamente el seguro de vida pero la asociada vio que la prima era de cinco mil euros.

Acudió a Irache, donde explicó la situación y dijo que le parecía un pago excesivo por lo que quería saber si había alguna posibilidad de renunciar a la póliza. Pese a que se había renovado automáticamente sólo unos días atrás, el técnico envió inmediatamente una reclamación, alegando que, dado que se trataba de un seguro de vida, el consumidor tiene treinta días desde la contratación para cancelar la póliza. Finalmente, la compañía tuvo que anular el seguro.

El banco le dice que debe 1.500 euros en lugar de 95

Una persona había solicitado un préstamo personal para pagar la adquisición de un coche. La fórmula de amortización consistía en 48 cuotas de 95 euros. Cuando había pagado 47, quiso llamar al banco para cerciorarse de que, a falta del último pago, todo estaba en orden y concluían sus obligaciones con la entidad. Cuando llamó, le dijeron que en lugar de 95 euros le quedaban 1.500 por pagar.

Al parecer, había contratado junto con el préstamo un seguro de pago que también que también tenía que ir pagando y que se había sumado a las cuotas a abonar. Acudió a Irache, donde él dijo que no había suscrito ningún seguro.

Desde Irache solicitaron la grabación donde constaba la contratación tanto del préstamo como del seguro. Tras esta solicitud, desde la compañía accedieron a anular el seguro y a dar por concluido la amortización del préstamo con la cuota 48.

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