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Vacunas covid-19: Si no lo haces por ti, hazlo por el rebaño

Alfredo Corell Almuzara, Universidad de Valladolid

Rodrigo tiene una inmunodeficiencia severa. ¿Qué significa esto? Que nació con unas defensas incompletas. Ha heredado unos genes inmunitarios alterados. Esto le permite defenderse muy mal frente a algunas infecciones, hasta tal punto que podría morir.

Olivia, sin embargo, tiene alergia muy severa a la gelatina. Si la come (por muy pequeña que sea la cantidad) o entra en contacto con ella, sufre reacciones alérgicas graves. Una reacción anafiláctica (urticaria, caída de tensión, compromiso respiratorio y problemas digestivos) podrían conducirla a una muerte por shock anafiláctico si no se actúa rápidamente.

A Rodrigo y Olivia no les podemos administrar la vacuna triple vírica (contiene virus atenuados del sarampión, rubeola y parotiditis). A él, porque los virus vivos podrían causarle infección mortal. A ella, porque esta vacuna tiene gelatina y podría producirle una reacción alérgica grave.

¿Están ambos condenados a padecer un sarampión y sus posibles consecuencias graves o mortales? Afortunadamente, no. Si viven en una comunidad que está vacunada frente al sarampión (compañeros, vecinos, familiares, amigos, etc…) estarán protegidos por este entorno. Podemos decir que estar en el rebaño tiene una gran ventaja inmunitaria.

Ventajas de alcanzar la inmunidad de rebaño

La tasa que estima la velocidad de transmisión de una infección es la conocida como R₀ (número reproductivo básico). No es el único factor epidemiológico para monitorizar una pandemia, pero es uno de los más relevantes.

Este indicador da idea de lo contagioso que es un microbio. En el caso del sarampión, la R₀ puede llegar a ser 18 (cada enfermo podría contagiar a 18 personas). En el caso de la covid-19, esta tasa es mucho menor (en torno a un 3).

A partir del valor de velocidad de transmisión se calcula la denominada ‘inmunidad de rebaño’, también llamada inmunidad colectiva o de grupo. Es la protección de una determinada población ante una infección debido a la presencia de un elevado porcentaje de individuos inmunes a la misma.

Funcionamiento de la Inmunidad de Rebaño
La imagen superior muestra un brote infeccioso en una comunidad mayoritariamente de personas sanas no inmunizadas (en azul). La infección se expande entre casi todos. La imagen central muestra la llegada de la infección en una población con algunas personas previamente inmunizadas (amarillo) que hacen de contención débil y finalmente la expansión es muy grande. Y en la imagen inferior se aprecia como cuando ya hay un número suficiente de personas inmunizadas, la infección se contiene en gran medida. National Institutes of Health (NIH), Public domain, via Wikimedia Commons

Esta inmunidad se puede conseguir por dos caminos: de modo natural (infección) o de modo artificial (vacunación). Ambos cuentan y suman.

El modelo de cálculo del porcentaje necesario que necesitamos para tener inmunidad de grupo protectora de todo el rebaño es: (1 – 1/R₀) x 100. Es decir, para el sarampión (R₀ =18) si hacemos las cuentas, la inmunidad de rebaño se consigue con un 95 % de personas inmunizadas.

En cambio para el SARS-CoV2 (R₀ =3) necesitamos tan solo un 66 %. Así que Rodrigo y Olivia, que no pueden vacunarse frente al sarampión, estarían protegidos si tuviésemos más de un 95 % de la sociedad vacunada. Y así sucede, porque en España tenemos una gran cobertura de vacunación para la triple vírica.

¿Cuándo podremos volver a la normalidad?

En la actualidad, y según los datos de la cuarta oleada del estudio de seroprevalencia, un 10 % de los españoles estaría inmunizado tras haber pasado la infección.

Sabemos que este dato es un indicador de mínimos. No incluye a personas que superaron la covid-19 y tienen otros anticuerpos ni a quienes tienen sólo memoria de células. Pero el número está -en cualquier caso- lejos del 66 % necesario para alcanzar la inmunidad de grupo.

No podemos bajar la guardia. Somos más de 7 800 millones de personas en el mundo y la estrategia de vacunación debería ser global, no nacional. Necesitamos mas de 5 100 millones de vacunas (más de 10 000 millones de dosis porque muchas de ellas requieren de dos dosis). Así que nos quedan muchos meses por delante.

Al lado de esto, hay un dato aún más importante. Sabemos que con las primeras vacunas disponibles (basadas en la nueva tecnología de utilizar ARN mensajero) los vacunados quedan inmunizados frente a una eventual infección por el SARS-CoV2.

Pero hay dudas de si consigue detener totalmente el contagio. Es decir, en los vacunados el virus aún podría crecer en sus vías respiratorias y propagarse. La publicación científica de los resultados de Pfizer plantea este interrogante, aún hoy pendiente de resolver.

Por tanto, mientras no haya vacunas “esterilizantes” (que además de proteger, detengan el contagio) o no tengamos 2 de cada 3 personas inmunizadas, el comportamiento social debe ser como hasta ahora. Tendremos que seguir con las medidas de prevención e higiene: Uso mascarillas, higiene frecuente de manos, distancia física de 1,5 metros y ventilación eficaz en los espacios cerrados.

Es previsible que estas medidas se relajen inicialmente en exteriores. Cuando tengamos inmunidad de rebaño empezaremos a otear la nueva normalidad. Estas medidas han venido para quedarse, igual que el virus. Del mismo modo que la pandemia del SIDA cambió para siempre los hábitos en el uso de preservativos.

Nuevas variantes del virus

Los virus (y este no es una excepción) mutan existencialmente. No para hacerse más malos sino porque son muchos millones de organismos en continuo crecimiento.

Los virus utilizan un sistema enzimático para copiar su material genético que comete muchísimos fallos (mutaciones). Casi siempre estos fallos hacen que el nuevo virus no sea viable y desaparezca.

Pero hay tantos que, por azar, en algunos de estos fallos sobreviven. En el registro de las secuencias del SARS-CoV-2 hay más de 275 000 variaciones registradas. Así que este modus operandi no es nuevo.

Lo que sí es novedoso, es que la variante encontrada en Reino Unido, en investigación, acumula 29 mutaciones. Muchas de ellas afectan al código que prepara la proteína S, o «llave» de entrada del virus en nuestras células. De momento, no se ha detectado que esta variante (ni la más reciente Sudafricana) sea más dañina o tenga una peor evolución.

Lo que sí se sospecha es una mayor rapidez en la transmisión. De modo que tenemos que aumentar la vigilancia en todos los países y controlar si tenemos esta variante entre nosotros así como la evolución de la enfermedad: ya hay casos en España, Francia, Italia y Japón.

Para nuestra tranquilidad, ya se ha demostrado que las primeras vacunas siguen siendo eficaces. Los anticuerpos que se generan tras la vacunación (dirigidos contra la proteína S) reconocen y neutralizan también las nuevas variantes del virus.

Hay que seguir firmes y no bajar la guardia. Si hubiese grandes variaciones en el virus, podríamos mejorar y adaptar la estrategia de vacunación (frente a una mezcla de cepas o linajes, como con otros virus).

La meta es seguir con esta estrategia y alcanzar un 70 % de inmunidad social. Así, las personas con enfermedades graves, podrán beneficiarse de la inmunidad de rebaño. ¡Vacúnate, vacúnalos!

Alfredo Corell Almuzara, Catedrático de inmunología, Universidad de Valladolid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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