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«Y Barcos cogió su fusil»

A continuación, y por su interés, reproducimos un artículo de opinión enviado por María José Sagasti Lacalle, historiadora

«Y Barcos cogió su fusil

La historia se repitió esta madrugada. El Gobierno de Barcos, con el juez, y las policías foral y española, desalojan el gaztetxe Maravillas. Se impone el uso de la fuerza, pelotazos, porras y barreras policiales en Alde Zaharra cortando calles; hay heridos, identificados en comisaría, todos jóvenes, algunos menores de edad, violencia institucionalizada contra un proyecto autogestionario que recupera y socializa con multitud de actividades un edificio abandonado, como entonces.

Cuando Uxue era periodista en la EITB, y años antes de que el histórico frontón Euskal Jai de Iruña fuera convertido en escombros por maquinaria pesada en la era del Barcinato, los Guajalotes enfilaron una noche calurosa la calle Calderería en defensa del gaztetxe, entonando con sus trompetas la Internacional, como única arma cargada de futuro, avanzando hacia una barrera policial que cortaba la calle, y que acabó cargando contra músicos y manifestantes.

Pertenece por tanto a la memoria colectiva aquella imagen callejera de “la Libertad guiando al pueblo” al estilo guajalote y pamplonica, que tuvo a sus costados y en los balcones de la calle a vecinos de Alde Zaharra montando una sonora cacerolada en apoyo al gaztetxe y en contra de la represión policial contra aquellos jóvenes. Fueron días heroicos y libres, contraculturales.

Hoy, el palacio del marqués de Rozalejo es reivindicado por la lehendakari foral, porque según su argumentación, publicada en exclusiva por Diario de Noticias, la imagen de Navarra sigue estando más en consonancia con un gran palacio vacío que con la socialización de esa propiedad administrativa, que no pública ni compartida por todos, que quiere hacer pasar por futuro Instituto de la Memoria histórica a golpe de chistera ilusionista y chequera millonaria, con el dinero, eso sí, de todas las navarras y navarros, sobre las cenizas del Gaztetxe Maravillas.

Uxue ha optado por una visión unidimensional y ya muy manida de la política, negando la palabra a los jóvenes, a los vecinos de Alde Zaharra y a las fuerzas políticas de izquierda del cuatripartito que la auparon al poder, porque, pudiendo llevar a cabo una acción de gobierno participativa, democrática y dialogante, ha derivado hacia actos represivos como el de esta madrugada, en nombre de la “propiedad privada institucional”, que no pública ni del bien común, ya que sólo se decide su función en las altas instancias tan distanciadas hoy de la calle, sin propuestas populares ni participativas.

Barcos publicó en su mencionada declaración de intenciones, la memoria cronológica y paralela de las incómodas acciones de ocupación del gaztetxe relacionadas, en alarde de fantasía delirante, con la incidencia en el calendario electoral de los últimos años, y he aquí que insinúa que la no llegada al poder de Nafarroa Bai en 2007 coincide con una de esas acciones, ocultando lo que ella misma sabe mejor que los lectores de hoy: que Nafarroa Bai no llegó entonces al gobierno foral porque el PSOE vetó tal posibilidad. Por lo tanto, sobra hoy el victimismo descargando culpas en los jóvenes de Alde Zaharra y su proyecto político y social. Convertir, como hace Geroa Bai, la política navarra en un continuo cálculo de costes electorales, lleva inexorablemente a la paralización de acciones de gobierno en mesas de convidados de piedra o en silencios clamorosos, o en acciones represivas, que no son en todo caso, una ventana de oportunidades para el modélico cambio navarro.

Pero, aparte de esta coyuntura política y sociológica del cambio, en la que la voz de sus concejales de Iruña Mikel Armendáriz y Esther Cremades nos ilustra sobre la resignificación de Los Caídos, que como el valle homónimo de Madrid, no se toca, o nos intenta convencer de que la ley es la ley – ¿también la Ley Mordaza?- y que el desalojo violento de Maravillas es una recuperación de un bien común, hay un aspecto muy grave relacionado, que es la cuestión clave de la memoria, que ellos también han abanderado, intentando contraponer su institucionalización a un proyecto social y reivindicativo.

Nos referimos a los desaparecidos y asesinados, represaliados y humillados por fuerzas militares fascistas que exterminaron vidas e ideas de miles de navarras y navarros, la gran obra de depuración y castigo, a los que todavía hoy no se les ha hecho justicia, ni siquiera con la política de placas y de subvenciones que no alcanzan sin embargo, para colocar un monolito almacenado a día de hoy en un corral de ovejas, que fue esculpido en recuerdo de la fosa de Monreal, la de mayor número de asesinados en Navarra, llegando casi el centenar.

Frente a este calendario actual de silencio interesado, un centro social y juvenil alternativo llamado Maravillas, apoyado por Josefina Lamberto Yoldi, a sus 88 años de humanidad, vitalidad y lucha, verdadera heroína valiente y superviviente de la barbarie franquista, son capaces de reivindicar la historia del genocidio desde los vencidos, prohibida durante 40 años de Dictadura, y olvidada durante otros 40 años de Restauración Borbónica. Una memoria digna y viva, hecha suya por las jóvenes del Gaztetxe Maravillas que toman ya el testigo, sin los lastres de la memoria institucional, con la intención de transformar la realidad, verdadero cambio político, semilla de futuro y viento de libertad que no olvida su propia historia negada, la de la otra Navarra posible.

¡Larga vida al gaztetxe Maravillas!

María José Sagasti Lacalle, historiadora»

Yo no lo tiro

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