La ciudad de Pamplona se viste hoy de luto al conocer el fallecimiento de Mari Ganuza Senosiáin, una figura emblemática que dejó una huella imborrable en la cultura y tradiciones de la capital navarra. A sus 65 años, Ganuza nos ha dejado, llevándose consigo décadas de dedicación a la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, una institución que bajo su liderazgo alcanzó nuevas alturas de popularidad y excelencia.
Durante casi 30 años, Mari Ganuza presidió la Comparsa con una pasión inquebrantable, transformándola en un fenómeno que trasciende generaciones. Su legado no solo se mide en los pasos de baile perfeccionados o en las coreografías innovadoras que introdujo, sino en las sonrisas que provocó en miles de rostros, tanto de locales como de visitantes, año tras año durante los Sanfermines.
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— Festaro/Auzo News (@AuzoNews) February 22, 2025
⚫️Ha fallecido Mari Ganuza Ex-Presidente de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de #Pamplona
Nuestro mas sentido pesame a familia y amigos.https://t.co/QvBczAmGWH pic.twitter.com/TAa5W69O7O
El hombre detrás de los gigantes
Ganuza no era simplemente un presidente; era el alma de la Comparsa. Comenzó bailando a la Reina Europea, una figura que manejó con gracia durante 32 años. Su dedicación le valió el honor de lanzar el chupinazo en 2010, un momento que describió como uno de los más emocionantes de su vida, superando incluso la experiencia de haber sido el Rey Gaspar en la cabalgata de 2004.
Un legado que trasciende las fiestas
Más allá de los Sanfermines, Mari Ganuza fue un pilar de la comunidad pamplonesa. Miembro de la peña Muthiko Alaiak, colaborador del Olentzero y diseñador de gigantes para numerosas localidades, su influencia se extendía mucho más allá de las calles de Pamplona durante las fiestas. Su trabajo no solo mantuvo viva una tradición, sino que la revitalizó, asegurando su relevancia para las nuevas generaciones.
El último baile
En 2018, la Comparsa rindió un emotivo homenaje a Ganuza por sus 40 años de servicio. Hoy, esos mismos gigantes que él cuidó con tanto esmero parecen inclinarse en silencio, recordando al hombre que les dio vida y movimiento durante tantos años.
Mari Ganuza deja un vacío difícil de llenar, pero también un legado rico en tradición, innovación y amor por la cultura navarra. Su visión elevó a la Comparsa a nuevas alturas, convirtiéndola en el segundo acto más popular de los Sanfermines, solo superado por los fuegos artificiales.
Mientras Pamplona llora la pérdida de uno de sus hijos más queridos, el espíritu de Mari Ganuza seguirá vivo en cada paso de los gigantes, en cada sonrisa de un niño al ver a los cabezudos y en el corazón de todos aquellos que tuvieron el privilegio de conocerle o de disfrutar de su obra. Descanse en paz el grande entre gigantes.
Un enamorado de la pirotecnia
Según apunta Mikel Pagola, director técnico y artístico del Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de Pamplona, "Mari Ganuza Senosiáin también era un enamorado de la pirotecnia, un gran especialista de este arte e incluso tenía conocimientos de disparo profesional de fuegos artificiales. Por estas razones fue jurado del Concurso Internacional de Fuegos Artificiales de San Fermín desde la creación del certamen (año 2000) hasta 2007. Además él fue quien ideó que la nueva estación de autobuses de Pamplona fuese inaugurada (9 nov 2007) con fuegos de tipo antiguo, terrestres, dispuestos sobre el Baluarte Real y el lienzo de muralla recayente hacia Yanguas y Miranda".
"Ese disparo, con el público en la campa sobre la nueva estación, sirvió de prueba y tuvo muy buen resultado. Eso propició que a partir de los Sanfermines de 2008 el concurso internacional cambiase la disposición de los disparos y, desde entonces, gracias a Mari Ganuza, se encarasen ya hacia ese lado, hacia dónde están ahora (hasta entonces se disparaban pensados para ser vistos desde la Vuelta del Castillo, entre los árboles)", ha finalizado.