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Green School: aprender inglés también puede ser una forma de descubrir, jugar y comunicarse

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María, en Green School Navasrra - Autor: Ricardo Barquín
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María, al frente de Green School, apuesta por una enseñanza del inglés que combina inmersión, juego, escritura, comunicación y experiencias fuera del aula.

Hay muchas maneras de aprender un idioma. Se puede memorizar vocabulario, estudiar gramática, hacer ejercicios, preparar un examen o repetir estructuras hasta interiorizarlas. En Green School Navarra, María ha elegido otro camino: no renunciar a nada de eso, pero buscar la manera de convertirlo en una experiencia mucho más cercana, activa y, sobre todo, significativa para los alumnos.

La academia afronta estos meses con las aulas de preparación de exámenes a pleno rendimiento, especialmente en niveles B1, B2 y C1, mientras continúa desarrollando una propuesta educativa que comienza en preescolar y acompaña a los estudiantes durante las diferentes etapas de Primaria.

«Hay que seguir trabajando con memorización, con escritura, con comprensión... pero hay que darle la vuelta», explica María. Esa frase resume buena parte de una filosofía que pretende que aprender inglés no sea simplemente sentarse delante de una ficha.

Del preescolar a Primaria, aprender jugando

Green School cuenta actualmente con dos clases de preescolar, una de ellas completa, y mantiene también diferentes grupos de Primaria. Es precisamente en estas edades donde la academia quiere seguir reforzando una propuesta que permita acompañar al alumno durante años.

Desde primero y segundo de Primaria, el aprendizaje mantiene un carácter especialmente lúdico, pero sin perder de vista un objetivo muy concreto: desarrollar las cuatro destrezas fundamentales del idioma: listening, reading, writing y speaking.

El trabajo sigue el hilo de Cambridge y se incorporan progresivamente actividades relacionadas con los exámenes Starters, Movers y Flyers. En Green School se realizan internamente como parte del proceso de aprendizaje y, cuando los alumnos llegan a sexto de Primaria, se ofrece a quienes lo desean la posibilidad de presentarse en la universidad y tener un primer contacto con examinadores externos.

Para María, ese paso tiene un valor especial. No se trata únicamente de demostrar conocimientos, sino de que los niños descubran desde pequeños cómo es enfrentarse a una situación real de evaluación en inglés.

Además, en el caso de Flyers, la experiencia está planteada de una manera especialmente motivadora para estas edades, ya que la evaluación se formula en positivo mediante escudos, evitando que el primer contacto con un examen se convierta en una experiencia asociada al fracaso.

Hablar y escribir, dos habilidades que necesitan espacio

Uno de los aspectos en los que Green School pone especial atención es precisamente en aquellos usos del idioma que requieren que el alumno produzca lenguaje.

«La lectura y la escucha son destrezas pasivas. Tú recibes. Pero cuando tienes que hablar y escribir tienes que producir el lenguaje», explica María.

Por eso las clases buscan una inmersión total en inglés, con un importante protagonismo de la comunicación oral. El objetivo es que los alumnos hablen, interactúen y utilicen el idioma de una forma natural.

Pero también hay espacio para la escritura. Cada alumno dispone de su propio diario de bordo, confeccionado por el equipo de Green School, adaptado al nivel correspondiente. En sus páginas se trabajan contenidos gramaticales y vocabulario, pero integrados en situaciones y experiencias cercanas.

Hablar de la familia, describir a un familiar, contar cómo fue la primera vez que aprendieron a nadar o reflexionar sobre las cosas buenas y malas de su entorno son algunas de las propuestas que permiten trabajar estructuras lingüísticas sin convertirlas necesariamente en un ejercicio descontextualizado.

«Las clases son muy lúdicas, pero tienen que tener ese apoyo de escritura para que luego no haya frustración», señala María.

Reinventar lo tradicional sin renunciar a ello

En Green School no hay una guerra entre lo tradicional y lo nuevo. Más bien ocurre lo contrario: se intenta aprovechar lo mejor de ambos mundos.

La memorización, los poemas, el dictado o la escritura siguen teniendo su espacio. La diferencia está en cómo se presentan.

Un ejemplo es el denominado dictado de carrera. Dos parejas tienen que desplazarse hasta un texto, leerlo, regresar y dictárselo a sus compañeros, que deben reproducirlo correctamente. Después llega el momento de revisar y corregir.

El ejercicio es, en esencia, un dictado. Pero convertido en juego incorpora movimiento, cooperación, memoria, comprensión y atención.

Algo parecido sucede con los poemas. Los alumnos pueden memorizar textos en inglés para después convertirlos en vídeos o pequeñas representaciones teatrales, incorporando disfraces y otros elementos.

«Es reinventar lo mismo, volver a los orígenes, pero de una forma diferente», resume María.

Cuando el aula sale al exterior

Una de las señas de identidad de Green School es también su apuesta por llevar parte del aprendizaje fuera del aula.

La academia comenzó en 2009 a trabajar actividades vinculadas con la naturaleza y continúa desarrollándolas especialmente con alumnos de preescolar y Primaria. Además, forma parte de Educación a Cielo Abierto, una asociación que reúne a profesionales interesados en desarrollar experiencias educativas en espacios exteriores cuando las condiciones lo permiten.

La idea es sencilla: cambiar el escenario cambia también la relación del alumno con el idioma.

Una actividad en una granja, por ejemplo, puede convertirse en una experiencia de comunicación real. Los profesores se dirigen a los alumnos en inglés y ellos necesitan comprender para poder participar, jugar y seguir las indicaciones.

Este año, incluso, algunas de esas experiencias han adoptado la forma de un auténtico desafío, con actividades inspiradas en un programa de supervivencia: hacer fuego, filtrar agua y superar diferentes pruebas utilizando el inglés como herramienta de comunicación.

Aprender también significa romper la rutina

La misma filosofía se traslada a los alumnos que preparan niveles más avanzados. Un estudiante que está preparando un C1 puede pasar muchas horas realizando ejercicios específicos de examen. En Green School buscan introducir también momentos diferentes.

Una clase puede convertirse, por ejemplo, en una sesión de cocina. Preparar sushi es la parte visible de la actividad, pero antes los alumnos tienen que debatir en inglés sobre cuestiones relacionadas con la alimentación y la cocina.

Así, una actividad aparentemente alejada de un examen termina trabajando vocabulario, expresión oral, argumentación y comprensión.

«Tenemos que romper el aburrimiento», explica María.

También se incorporan herramientas tecnológicas. Las tablets y los ordenadores tienen su espacio en las clases, pero desde la idea de utilizarlos cuando aportan algo al aprendizaje.

Incluso la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta educativa. En una actividad relacionada con la descripción de personas, los alumnos deben escribir con suficiente detalle cómo es una persona para que una herramienta de IA pueda generar una imagen que se parezca a ella. Sin darse cuenta, están trabajando vocabulario, estructuras, precisión y riqueza lingüística.

Una academia que también aprende

Quizá uno de los elementos que María considera más importantes de Green School está detrás de las aulas: la formación continua de sus profesores.

El equipo es miembro de TESOL Spain, dentro de la comunidad internacional dedicada a la enseñanza del inglés como segunda lengua. María explica que acuden juntos a convenciones y jornadas formativas en las que pueden participar en decenas de charlas sobre nuevas metodologías, inteligencia artificial, preparación de exámenes y diferentes herramientas educativas.

No se trata de que una persona acuda y después traslade al resto lo aprendido. La filosofía es que el equipo participe, se forme y comparta posteriormente las ideas.

Porque quizá esa sea una de las claves de Green School: entender que enseñar un idioma también exige seguir aprendiendo cómo hacerlo.

Y, sobre todo, entender que detrás de cada alumno hay una persona con su propio ritmo, sus intereses y también su cansancio. «Lo que tenemos más son alumnos agotados», reconoce María.

Por eso, antes de pedirles que hablen, escriban, escuchen o comprendan, algunas clases comienzan simplemente bajando el ritmo. Una pequeña transición de mindfulness, un círculo para hablar de cómo se sienten o incluso una historia guiada que después deben dibujar puede convertirse en una actividad de listening.

El ejercicio sigue siendo el mismo. Lo que cambia es la manera de llegar hasta él.

En Green School Navarra llevan años buscando precisamente eso: que el inglés deje de ser únicamente una asignatura para convertirse en una herramienta que los niños y jóvenes puedan utilizar para jugar, crear, comunicarse y descubrir el mundo.

Y quizá ahí esté la verdadera diferencia entre aprender un idioma y empezar a vivirlo.

Datos de contacto

Green School Navarra

693 85 16 11
www.greenschoolnavarra.com

 

María, al frente de Green School, apuesta por una enseñanza del inglés que combina inmersión, juego, escritura, comunicación y experiencias fuera del aula.

Hay muchas maneras de aprender un idioma. Se puede memorizar vocabulario, estudiar gramática, hacer ejercicios, preparar un examen o repetir estructuras hasta interiorizarlas. En Green School Navarra, María ha elegido otro camino: no renunciar a nada de eso, pero buscar la manera de convertirlo en una experiencia mucho más cercana, activa y, sobre todo, significativa para los alumnos.

La academia afronta estos meses con las aulas de preparación de exámenes a pleno rendimiento, especialmente en niveles B1, B2 y C1, mientras continúa desarrollando una propuesta educativa que comienza en preescolar y acompaña a los estudiantes durante las diferentes etapas de Primaria.

«Hay que seguir trabajando con memorización, con escritura, con comprensión... pero hay que darle la vuelta», explica María. Esa frase resume buena parte de una filosofía que pretende que aprender inglés no sea simplemente sentarse delante de una ficha.

Del preescolar a Primaria, aprender jugando

Green School cuenta actualmente con dos clases de preescolar, una de ellas completa, y mantiene también diferentes grupos de Primaria. Es precisamente en estas edades donde la academia quiere seguir reforzando una propuesta que permita acompañar al alumno durante años.

Desde primero y segundo de Primaria, el aprendizaje mantiene un carácter especialmente lúdico, pero sin perder de vista un objetivo muy concreto: desarrollar las cuatro destrezas fundamentales del idioma: listening, reading, writing y speaking.

El trabajo sigue el hilo de Cambridge y se incorporan progresivamente actividades relacionadas con los exámenes Starters, Movers y Flyers. En Green School se realizan internamente como parte del proceso de aprendizaje y, cuando los alumnos llegan a sexto de Primaria, se ofrece a quienes lo desean la posibilidad de presentarse en la universidad y tener un primer contacto con examinadores externos.

Para María, ese paso tiene un valor especial. No se trata únicamente de demostrar conocimientos, sino de que los niños descubran desde pequeños cómo es enfrentarse a una situación real de evaluación en inglés.

Además, en el caso de Flyers, la experiencia está planteada de una manera especialmente motivadora para estas edades, ya que la evaluación se formula en positivo mediante escudos, evitando que el primer contacto con un examen se convierta en una experiencia asociada al fracaso.

Hablar y escribir, dos habilidades que necesitan espacio

Uno de los aspectos en los que Green School pone especial atención es precisamente en aquellos usos del idioma que requieren que el alumno produzca lenguaje.

«La lectura y la escucha son destrezas pasivas. Tú recibes. Pero cuando tienes que hablar y escribir tienes que producir el lenguaje», explica María.

Por eso las clases buscan una inmersión total en inglés, con un importante protagonismo de la comunicación oral. El objetivo es que los alumnos hablen, interactúen y utilicen el idioma de una forma natural.

Pero también hay espacio para la escritura. Cada alumno dispone de su propio diario de bordo, confeccionado por el equipo de Green School, adaptado al nivel correspondiente. En sus páginas se trabajan contenidos gramaticales y vocabulario, pero integrados en situaciones y experiencias cercanas.

Hablar de la familia, describir a un familiar, contar cómo fue la primera vez que aprendieron a nadar o reflexionar sobre las cosas buenas y malas de su entorno son algunas de las propuestas que permiten trabajar estructuras lingüísticas sin convertirlas necesariamente en un ejercicio descontextualizado.

«Las clases son muy lúdicas, pero tienen que tener ese apoyo de escritura para que luego no haya frustración», señala María.

Reinventar lo tradicional sin renunciar a ello

En Green School no hay una guerra entre lo tradicional y lo nuevo. Más bien ocurre lo contrario: se intenta aprovechar lo mejor de ambos mundos.

La memorización, los poemas, el dictado o la escritura siguen teniendo su espacio. La diferencia está en cómo se presentan.

Un ejemplo es el denominado dictado de carrera. Dos parejas tienen que desplazarse hasta un texto, leerlo, regresar y dictárselo a sus compañeros, que deben reproducirlo correctamente. Después llega el momento de revisar y corregir.

El ejercicio es, en esencia, un dictado. Pero convertido en juego incorpora movimiento, cooperación, memoria, comprensión y atención.

Algo parecido sucede con los poemas. Los alumnos pueden memorizar textos en inglés para después convertirlos en vídeos o pequeñas representaciones teatrales, incorporando disfraces y otros elementos.

«Es reinventar lo mismo, volver a los orígenes, pero de una forma diferente», resume María.

Cuando el aula sale al exterior

Una de las señas de identidad de Green School es también su apuesta por llevar parte del aprendizaje fuera del aula.

La academia comenzó en 2009 a trabajar actividades vinculadas con la naturaleza y continúa desarrollándolas especialmente con alumnos de preescolar y Primaria. Además, forma parte de Educación a Cielo Abierto, una asociación que reúne a profesionales interesados en desarrollar experiencias educativas en espacios exteriores cuando las condiciones lo permiten.

La idea es sencilla: cambiar el escenario cambia también la relación del alumno con el idioma.

Una actividad en una granja, por ejemplo, puede convertirse en una experiencia de comunicación real. Los profesores se dirigen a los alumnos en inglés y ellos necesitan comprender para poder participar, jugar y seguir las indicaciones.

Este año, incluso, algunas de esas experiencias han adoptado la forma de un auténtico desafío, con actividades inspiradas en un programa de supervivencia: hacer fuego, filtrar agua y superar diferentes pruebas utilizando el inglés como herramienta de comunicación.

Aprender también significa romper la rutina

La misma filosofía se traslada a los alumnos que preparan niveles más avanzados. Un estudiante que está preparando un C1 puede pasar muchas horas realizando ejercicios específicos de examen. En Green School buscan introducir también momentos diferentes.

Una clase puede convertirse, por ejemplo, en una sesión de cocina. Preparar sushi es la parte visible de la actividad, pero antes los alumnos tienen que debatir en inglés sobre cuestiones relacionadas con la alimentación y la cocina.

Así, una actividad aparentemente alejada de un examen termina trabajando vocabulario, expresión oral, argumentación y comprensión.

«Tenemos que romper el aburrimiento», explica María.

También se incorporan herramientas tecnológicas. Las tablets y los ordenadores tienen su espacio en las clases, pero desde la idea de utilizarlos cuando aportan algo al aprendizaje.

Incluso la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta educativa. En una actividad relacionada con la descripción de personas, los alumnos deben escribir con suficiente detalle cómo es una persona para que una herramienta de IA pueda generar una imagen que se parezca a ella. Sin darse cuenta, están trabajando vocabulario, estructuras, precisión y riqueza lingüística.

Una academia que también aprende

Quizá uno de los elementos que María considera más importantes de Green School está detrás de las aulas: la formación continua de sus profesores.

El equipo es miembro de TESOL Spain, dentro de la comunidad internacional dedicada a la enseñanza del inglés como segunda lengua. María explica que acuden juntos a convenciones y jornadas formativas en las que pueden participar en decenas de charlas sobre nuevas metodologías, inteligencia artificial, preparación de exámenes y diferentes herramientas educativas.

No se trata de que una persona acuda y después traslade al resto lo aprendido. La filosofía es que el equipo participe, se forme y comparta posteriormente las ideas.

Porque quizá esa sea una de las claves de Green School: entender que enseñar un idioma también exige seguir aprendiendo cómo hacerlo.

Y, sobre todo, entender que detrás de cada alumno hay una persona con su propio ritmo, sus intereses y también su cansancio. «Lo que tenemos más son alumnos agotados», reconoce María.

Por eso, antes de pedirles que hablen, escriban, escuchen o comprendan, algunas clases comienzan simplemente bajando el ritmo. Una pequeña transición de mindfulness, un círculo para hablar de cómo se sienten o incluso una historia guiada que después deben dibujar puede convertirse en una actividad de listening.

El ejercicio sigue siendo el mismo. Lo que cambia es la manera de llegar hasta él.

En Green School Navarra llevan años buscando precisamente eso: que el inglés deje de ser únicamente una asignatura para convertirse en una herramienta que los niños y jóvenes puedan utilizar para jugar, crear, comunicarse y descubrir el mundo.

Y quizá ahí esté la verdadera diferencia entre aprender un idioma y empezar a vivirlo.

Datos de contacto

Green School Navarra

693 85 16 11
www.greenschoolnavarra.com