ARTÍCULO DE OPINIÓN

¿Quién cuida a quien nos cuidan?

Todos queremos una sanidad de calidad, pero parece que, cuando hablamos de mejorarla, olvidamos algo fundamental: quienes cuidan también necesitan ser cuidados. Artículo de opinión de Asier Zaro Casado

Publicado: 08/11/2026 · 09:24 Actualizado: 08/11/2026 · 09:24

Durante años, la vocación enfermera ha servido como excusa para soportar lo que no debería normalizarse: falta de personal, sobrecarga de trabajo y condiciones que dificultan prestar los cuidados que los pacientes merecen. Sin embargo, la vocación no sustituye al descanso, no cubre una plaza vacante ni puede sostener por sí sola un sistema sanitario.

Los datos deberían hacernos reflexionar. En Navarra, un estudio de 2025 reveló que el 43 % de las enfermeras encuestadas se planteaban abandonar la profesión. A nivel nacional, el Ministerio de Sanidad señaló en 2024 que el 39,4 % contemplaba dejarla en los siguientes diez años y que el 55,2 % consideraba insuficiente la dotación de personal para garantizar cuidados de calidad.

El problema no es únicamente que las enfermeras se marchen, sino que cada vez son más las que se plantean hacerlo. ¿Cómo podemos exigir una atención excelente si no garantizamos las condiciones necesarias para ofrecerla?

Tampoco basta con reconocer la importancia de la enfermería en los discursos. Es necesario escuchar a sus profesionales, investigar las causas del abandono y evaluar qué medidas funcionan. La investigación enfermera no es un complemento secundario. Permite generar conocimientos y transformar la práctica para mejorar tanto las condiciones profesionales como la atención a los pacientes.

No podemos seguir confiando en que la vocación lo compense todo. Porque detrás de cada paciente atendido hay una enfermera que también necesita condiciones dignas para desempeñar su trabajo. Y una sanidad que no protege a quienes la sostienen difícilmente podrá ofrecer la mejor atención.

Asier Zaro Casado

 

Durante años, la vocación enfermera ha servido como excusa para soportar lo que no debería normalizarse: falta de personal, sobrecarga de trabajo y condiciones que dificultan prestar los cuidados que los pacientes merecen. Sin embargo, la vocación no sustituye al descanso, no cubre una plaza vacante ni puede sostener por sí sola un sistema sanitario.

Los datos deberían hacernos reflexionar. En Navarra, un estudio de 2025 reveló que el 43 % de las enfermeras encuestadas se planteaban abandonar la profesión. A nivel nacional, el Ministerio de Sanidad señaló en 2024 que el 39,4 % contemplaba dejarla en los siguientes diez años y que el 55,2 % consideraba insuficiente la dotación de personal para garantizar cuidados de calidad.

El problema no es únicamente que las enfermeras se marchen, sino que cada vez son más las que se plantean hacerlo. ¿Cómo podemos exigir una atención excelente si no garantizamos las condiciones necesarias para ofrecerla?

Tampoco basta con reconocer la importancia de la enfermería en los discursos. Es necesario escuchar a sus profesionales, investigar las causas del abandono y evaluar qué medidas funcionan. La investigación enfermera no es un complemento secundario. Permite generar conocimientos y transformar la práctica para mejorar tanto las condiciones profesionales como la atención a los pacientes.

No podemos seguir confiando en que la vocación lo compense todo. Porque detrás de cada paciente atendido hay una enfermera que también necesita condiciones dignas para desempeñar su trabajo. Y una sanidad que no protege a quienes la sostienen difícilmente podrá ofrecer la mejor atención.

Asier Zaro Casado