Las llamadas cuentas curi están ganando protagonismo en el entorno escolar y en redes sociales, pero…. ¿Qué son?
Son perfiles de redes sociales que publican memes, vídeos y comentarios relacionados con un colegio, instituto o grupo de personas. En ocasiones, comparten situaciones divertidas sin intención de hacer daño. El problema aparece cuando alguien se convierte en el blanco de las burlas.
Os voy a explicar los conceptos de forma sencilla para que lo entendáis, pero antes…
¿Qué diferencia hay entre un meme, una cuenta curi y Momo?
Un meme es normalmente una imagen, que se comparte, normalmente con intención humorística.
Una cuenta curi es el perfil desde el que se difunden contenidos relacionados con un entorno concreto.
Momo, en cambio, fue un fenómeno viral asociado a una imagen inquietante y a supuestos retos peligrosos que, en gran parte, se difundieron mediante rumores y bulos.
El humor no es el problema. Lo preocupante es utilizar una fotografía sin permiso, ridiculizar el físico de un compañero, inventar rumores o publicar montajes para dejar a alguien en evidencia. Aunque no aparezca su nombre, puede resultar fácilmente identificable para sus compañeros. Y ahí está la sensación de falso anonimato, y donde, nuestros jóvenes, no ven el peligro al sentirse invencibles entre la masa. Pero…
¿Qué ocurre cuando alguien se convierte en protagonista de un meme? Para quien lo publica puede parecer una simple broma. Sin embargo, la persona retratada puede sentir vergüenza, ansiedad, pérdida de autoestima, aislamiento o miedo a acudir al centro educativo. Y cuando la publicación se comparte una y otra vez, resulta muy difícil recuperar el control sobre ella. Ya sabéis que cuando se “lanza” o se “sube” una imagen a redes, no sabe dónde acaba ni en qué manos.
Al contrario de lo que mucha gente piensa, la responsabilidad no recae únicamente en quien crea el contenido. Quien lo reenvía, comenta o anima a continuar las burlas también puede contribuir al daño. No todo reenvío es un delito, pero compartir conscientemente publicaciones humillantes puede agravar la situación y, según las circunstancias, generar responsabilidades.
¿Puede haber consecuencias legales? Sí. No toda cuenta curi ni todo meme ofensivo constituyen un delito, pero determinadas conductas pueden tener consecuencias por injurias graves, amenazas, acoso, vulneración de la intimidad o ataques graves a la integridad moral. También pueden existir responsabilidades civiles y sanciones educativas. Es decir, las consecuencias pueden ser o en dinero o en penas ante el juzgado.
La edad importa: en España, los menores de entre 14 y 17 años pueden responder conforme a la legislación penal de menores si cometen un delito. Los menores de 14 años no tienen responsabilidad penal conforme a esa ley, aunque los hechos pueden tener otras consecuencias. En determinados casos, sus progenitores pueden afrontar responsabilidades económicas por los daños causados. Es decir, siempre hay consecuencias, o bien para los menores, o bien para sus padres/tutores, y por supuesto, consecuencias para la víctima.
Llegados a este punto, ¿qué se puede hacer?
Hablar con tus hijos sobre empatía y responsabilidad digital es fundamental. Las charlas artificiales normalmente no funcionan; deberíamos hacer un ejercicio eficaz de rol-playing y que la otra persona pueda llegar a sentir cómo se siente la otra persona. De ahí las charlas, talleres, etc. de prevención sobre ciberdelitos, donde se trabajan estos aspectos.
Si un menor sufre una publicación humillante, debemos escucharle sin culpabilizarle, o como se dice ahora en redes sociales “observamos, pero no juzgamos”, conservar capturas y enlaces, denunciar el contenido en la plataforma y comunicarlo al centro educativo si afecta a la convivencia escolar. Si hay amenazas, hostigamiento grave o difusión de imágenes íntimas, conviene pedir ayuda a las autoridades. Si tienes dudas sobre si se trata de una broma, un delito u otra cuestión, no dudes en preguntar a cualquier profesional de la materia.
No se trata de acabar con el humor ni de convertir cada broma en un problema judicial. Se trata de enseñar que reírse con alguien no es lo mismo que reírse de alguien.
Porque detrás de cada perfil hay una persona. Y la mejor educación digital no consiste solo en enseñar a nuestros hijos a utilizar la tecnología, sino también a no utilizarla para hacer daño.
Por Paco Sánchez, Policía Local y fundador de Familiadigital.org y autor de Ciberseguridad para valientes
Las llamadas cuentas curi están ganando protagonismo en el entorno escolar y en redes sociales, pero…. ¿Qué son?
Son perfiles de redes sociales que publican memes, vídeos y comentarios relacionados con un colegio, instituto o grupo de personas. En ocasiones, comparten situaciones divertidas sin intención de hacer daño. El problema aparece cuando alguien se convierte en el blanco de las burlas.
Os voy a explicar los conceptos de forma sencilla para que lo entendáis, pero antes…
¿Qué diferencia hay entre un meme, una cuenta curi y Momo?
Un meme es normalmente una imagen, que se comparte, normalmente con intención humorística.
Una cuenta curi es el perfil desde el que se difunden contenidos relacionados con un entorno concreto.
Momo, en cambio, fue un fenómeno viral asociado a una imagen inquietante y a supuestos retos peligrosos que, en gran parte, se difundieron mediante rumores y bulos.
El humor no es el problema. Lo preocupante es utilizar una fotografía sin permiso, ridiculizar el físico de un compañero, inventar rumores o publicar montajes para dejar a alguien en evidencia. Aunque no aparezca su nombre, puede resultar fácilmente identificable para sus compañeros. Y ahí está la sensación de falso anonimato, y donde, nuestros jóvenes, no ven el peligro al sentirse invencibles entre la masa. Pero…
¿Qué ocurre cuando alguien se convierte en protagonista de un meme? Para quien lo publica puede parecer una simple broma. Sin embargo, la persona retratada puede sentir vergüenza, ansiedad, pérdida de autoestima, aislamiento o miedo a acudir al centro educativo. Y cuando la publicación se comparte una y otra vez, resulta muy difícil recuperar el control sobre ella. Ya sabéis que cuando se “lanza” o se “sube” una imagen a redes, no sabe dónde acaba ni en qué manos.
Al contrario de lo que mucha gente piensa, la responsabilidad no recae únicamente en quien crea el contenido. Quien lo reenvía, comenta o anima a continuar las burlas también puede contribuir al daño. No todo reenvío es un delito, pero compartir conscientemente publicaciones humillantes puede agravar la situación y, según las circunstancias, generar responsabilidades.
¿Puede haber consecuencias legales? Sí. No toda cuenta curi ni todo meme ofensivo constituyen un delito, pero determinadas conductas pueden tener consecuencias por injurias graves, amenazas, acoso, vulneración de la intimidad o ataques graves a la integridad moral. También pueden existir responsabilidades civiles y sanciones educativas. Es decir, las consecuencias pueden ser o en dinero o en penas ante el juzgado.
La edad importa: en España, los menores de entre 14 y 17 años pueden responder conforme a la legislación penal de menores si cometen un delito. Los menores de 14 años no tienen responsabilidad penal conforme a esa ley, aunque los hechos pueden tener otras consecuencias. En determinados casos, sus progenitores pueden afrontar responsabilidades económicas por los daños causados. Es decir, siempre hay consecuencias, o bien para los menores, o bien para sus padres/tutores, y por supuesto, consecuencias para la víctima.
Llegados a este punto, ¿qué se puede hacer?
Hablar con tus hijos sobre empatía y responsabilidad digital es fundamental. Las charlas artificiales normalmente no funcionan; deberíamos hacer un ejercicio eficaz de rol-playing y que la otra persona pueda llegar a sentir cómo se siente la otra persona. De ahí las charlas, talleres, etc. de prevención sobre ciberdelitos, donde se trabajan estos aspectos.
Si un menor sufre una publicación humillante, debemos escucharle sin culpabilizarle, o como se dice ahora en redes sociales “observamos, pero no juzgamos”, conservar capturas y enlaces, denunciar el contenido en la plataforma y comunicarlo al centro educativo si afecta a la convivencia escolar. Si hay amenazas, hostigamiento grave o difusión de imágenes íntimas, conviene pedir ayuda a las autoridades. Si tienes dudas sobre si se trata de una broma, un delito u otra cuestión, no dudes en preguntar a cualquier profesional de la materia.
No se trata de acabar con el humor ni de convertir cada broma en un problema judicial. Se trata de enseñar que reírse con alguien no es lo mismo que reírse de alguien.
Porque detrás de cada perfil hay una persona. Y la mejor educación digital no consiste solo en enseñar a nuestros hijos a utilizar la tecnología, sino también a no utilizarla para hacer daño.
Por Paco Sánchez, Policía Local y fundador de Familiadigital.org y autor de Ciberseguridad para valientes