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El mejor flujo de trabajo en producción de vídeo

En vídeo profesional, una cámara no se mide solo por lo que graba, sino por lo fácil o complicado que resulta trabajar con ese material después. Lo que...

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En vídeo profesional, una cámara no se mide solo por lo que graba, sino por lo fácil o complicado que resulta trabajar con ese material después. Lo que pasa en edición, en corrección de color o en la entrega final pesa tanto como lo que ocurre en el rodaje. Y ahí es donde se notan las decisiones de diseño que hay detrás de cada sistema.

Sony lleva tiempo planteando sus cámaras de vídeo con esa idea en mente. No se trata de marcar una única forma de trabajar, sino de ofrecer margen: grabar rápido cuando el ritmo aprieta y conservar información suficiente cuando el proyecto pide más control en postproducción. Ese enfoque atraviesa toda su gama, desde cuerpos pensados para cine y broadcast hasta modelos más contenidos, sin romper el flujo de trabajo por el camino. 

Un workflow pensado desde la captura hasta la edición

En vídeo, el color no es un detalle que se resuelva al final, sino una decisión que empieza en cámara. Por eso Sony plantea perfiles que permiten elegir cómo trabajar desde el primer momento. S-Log2 y S-Log3 están pensados para quien quiere margen en postproducción y control fino en corrección de color. S-Cinetone, en cambio, ofrece una imagen equilibrada que funciona directamente, sin obligar a pasar horas ajustando si el proyecto no lo pide.

Esta forma de trabajar no cambia según el cuerpo que se utilice. Se mantiene tanto en cámaras de cine digital como la Sony FX6, la Sony FX9 o la Sony Burano, como en modelos más compactos dentro del sistema. Esa continuidad facilita mezclar material de distintas cámaras sin que el color se convierta en un problema añadido, algo habitual en producciones multicámara o proyectos que crecen con el tiempo.

A nivel de formatos, la lógica es la misma. Codecs como XAVC S, XAVC HS o XAVC-I ofrecen una relación equilibrada entre calidad y peso de archivo, con opciones en 10-bit 4:2:2 en muchos modelos. El material entra en los principales programas de edición sin pasos intermedios y mantiene suficiente información para trabajar el color con tranquilidad, sin procesos previos que ralenticen el flujo.

Fiabilidad y consistencia en el uso de los equipos

En vídeo, la fiabilidad no es una promesa bonita: es lo que te permite terminar un rodaje sin sustos. El sistema de autoenfoque de Sony está pensado para trabajar de forma continua, con seguimiento de sujetos, rostros y ojos que se puede ajustar según el tipo de plano. No busca lucirse, busca acertar. Y eso se traduce en menos tomas perdidas y más tranquilidad cuando no hay margen para repetir, algo habitual en documentales, eventos o grabaciones a una sola cámara.

Ese mismo planteamiento se mantiene en modelos más accesibles como la Sony FX30. La lógica de funcionamiento es muy similar a la de las gamas superiores, lo que permite trabajar con un cuerpo más económico sin tener que cambiar de método ni romper el flujo cuando el proyecto escala o se mezcla con otras cámaras del sistema.

La estabilización de imagen, el comportamiento en baja luz y el control del ruido terminan de redondear el conjunto. A esto se suma una construcción pensada para aguantar jornadas largas, con una gestión térmica eficaz y menús coherentes entre modelos. Cuando se usan varias cámaras en un mismo proyecto, esa continuidad se nota: menos tiempo ajustando, menos errores y más foco en grabar.

Contacto:

www.fotografiarte.es/

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