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El arzobispo de Pamplona llama a “gobernar para todos” en la renovación del Voto de las Cinco Llagas

La ceremonia, que se viene celebrando de forma ininterrumpida desde hace 425 años, ha reunido a numerosos fieles y representantes institucionales

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VOTO CINCO LLAGAS

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La parroquia de San Agustín ha acogido esta tarde la solemne renovación del Voto de las Cinco Llagas, una tradición con más de cuatro siglos de historia que remite a uno de los episodios más críticos vividos por la ciudad. El acto, instaurado por acuerdo municipal el 30 de mayo de 1601 por el entonces Regimiento —actual Ayuntamiento de Pamplona—, conmemora el agradecimiento de la ciudad por haber quedado a salvo de la epidemia de peste bubónica que asolaba la zona en el cambio de siglo.

La ceremonia, que se viene celebrando de forma ininterrumpida desde hace 425 años, ha reunido a numerosos fieles y representantes institucionales en un templo que ha completado su aforo, reflejo del arraigo de esta tradición en la capital navarra.

El acto ha estado presidido por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló, quien ha estado acompañado por el párroco de la parroquia, Peio Orbegozo. Durante su homilía, el prelado ha realizado un recorrido histórico y social que ha servido de hilo conductor para trasladar un mensaje de actualidad marcado por la necesidad de unidad y cohesión. Han asistido concejales de UPN y de Geroa Bai. 

Roselló ha evocado el contexto de finales del siglo XVI, cuando la amenaza de la peste generaba un clima de miedo, sufrimiento e incertidumbre en la población. “La epidemia golpeaba con dureza y no distinguía entre ricos y pobres, entre poderosos y humildes. Morían de una clase social y de la contraria”, ha recordado, subrayando que aquella situación “igualaba a todos en la fragilidad” y ponía de relieve la vulnerabilidad compartida de la sociedad.

En este sentido, el arzobispo ha destacado la respuesta colectiva de la ciudad como uno de los elementos centrales del Voto de las Cinco Llagas. “Nuestros antepasados hicieron algo extraordinario: se unieron. Se reconocieron como un solo pueblo, necesitado de ayuda y de esperanza”, ha afirmado. Según ha explicado, en aquel momento “no hubo divisiones, ni privilegios, ni exclusiones, sino un clamor común que se elevó hacia el cielo”.

A partir de este episodio histórico, Roselló ha trazado un paralelismo con la realidad actual, lamentando que la sociedad contemporánea tienda a acentuar las diferencias. “Vivimos en un tiempo en el que parece que ser diferente nos hace más fuertes, cuando en realidad nos debilita. Nos centramos en lo que nos separa —lo social, lo cultural, lo político o lo religioso— y olvidamos lo que nos une”, ha señalado.

Frente a esta situación, ha reivindicado el espíritu de unidad que inspira el Voto de las Cinco Llagas, recordando que “las diferencias las creamos los humanos y las distancias las establecemos nosotros, pero hay algo más profundo: nuestra condición de iguales, nuestro ser de hermanos”.

Uno de los momentos centrales de su intervención ha sido el llamamiento directo a las instituciones públicas. El arzobispo ha instado a los responsables políticos a “gobernar para todos, independientemente del signo y color político”, apelando a la responsabilidad de las administraciones en la construcción de una sociedad más cohesionada.

En este punto, ha actualizado el significado simbólico de las “llagas” que hoy afectan a Pamplona, enumerando distintos desafíos sociales que, a su juicio, requieren una respuesta conjunta. “Si en 1599 salimos juntos de la peste, hoy estamos llamados a superar juntos las llagas que asolan la ciudad”, ha afirmado, citando entre ellas la pobreza, los problemas de acceso a la vivienda, la soledad, el aumento de los suicidios, la incertidumbre sobre el futuro de las personas migrantes o el derecho a la vida.

El prelado ha defendido que estos retos no pueden abordarse desde la confrontación, sino desde el diálogo y la cooperación institucional, al tiempo que ha reiterado su apuesta por una Iglesia abierta e integradora. “Quiero una Iglesia abierta a todos, con mano tendida, y unas instituciones que dialoguen para mejorar la vida de todos”, ha concluido.

La renovación del Voto de las Cinco Llagas se mantiene así como uno de los actos más singulares del calendario religioso e institucional pamplonés, en el que historia, tradición y reflexión sobre el presente se entrelazan cada año en torno a un mensaje que, más de cuatro siglos después, sigue apelando a la unidad de la sociedad.

 

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