Osasuna ha firmado esta noche una victoria de enorme valor en Balaídos (1-2) en un partido en el que golpeó con una eficacia implacable en las áreas. El Celta acumuló posesión, ritmo y ocasiones, pero volvió a estrellarse contra sus propios desaciertos en defensa y la seguridad de Sergio Herrera bajo palos.
A la media hora, cuando el conjunto vigués parecía tener el duelo controlado, Budimir se deshizo de la marca en el área para convertir en oro un centro de Raúl Moro y silenciar Balaídos con el 0-1. El tanto dejó tocado al equipo de Claudio Giráldez, que se marchó al descanso por detrás pese a haber mandado en el juego.
Tras el paso por vestuarios, el Celta encontró premio a su insistencia desde los once metros: Borja Iglesias transformó un penalti revisado por el VAR (que señalaba una falta previa contra Rubén García ante una decisión que el colegiado no quiso corregir) y puso el 1-1, encendiendo a la grada viguesa y cambiando la inercia del choque. El vendaval celeste, con más llegada por bandas y la aparición de hombres de refresco, pareció arrinconar a un Osasuna que se agarraba al partido gracias a, una vez más, a Sergio Herrera.
Cuando la victoria local parecía cuestión de tiempo, Osasuna volvió a mostrar su colmillo en una acción aislada a balón parado. Un envío al área terminó en los pies de Alejandro Catena, cuyo servicio lo aprovechó Raúl García para firmar el 1-2 en el tramo final y congelar el ánimo de un Balaídos que ya celebraba, al menos, el empate.
En los minutos finales, el Celta volcó todo su arsenal ofensivo, pero chocó una y otra vez con el orden rojillo y la serenidad de Osasuna para enfriar el encuentro.
El triunfo permite a los navarros mirar hacia la zona noble tras confirmar su buen momento de resultados, mientras que el Celta, pese a sus 19 remates y mayor posesión, vuelve a irse de vacío y agranda las dudas en una noche de frustración celeste





