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“Melania”, el documental de la primera dama que quería ser épico y ha acabado convertido en símbolo de polémica

La cinta, producida por la propia Melania Trump y centrada en los 20 días previos a la investidura de Donald Trump en 2025, nace como gran operación de imagen

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  • Melania y Trump en el estreno en Washington -

“Melania” es el título del ambicioso documental con el que la actual primera dama de Estados Unidos pretende abrir al mundo las puertas de su intimidad política y personal. La película, de casi dos horas de duración, sigue a Melania Trump durante los 20 días previos a la investidura de 2025 que devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca como 47º presidente del país, con acceso a reuniones, conversaciones privadas y preparativos logísticos y ceremoniales. Concebida como una crónica en tiempo real de la transición, la cinta se presenta como una “mirada sin filtros” a los desafíos de convertirse de nuevo en primera dama, entre la familia, los negocios y la filantropía.

El estreno ha sido diseñado como una exhibición de poder político y estético. La premiere mundial tuvo lugar en el Kennedy Center de Washington, rebautizado por Trump en clave MAGA, con alfombra roja, miembros destacados del gabinete, asesores de la Casa Blanca y figuras de la órbita republicana ocupando las primeras filas. Antes, la familia presidencial organizó un pase privado en la Casa Blanca para unos 70 invitados selectos, en plena tormenta de nieve que mantenía a millones de estadounidenses encerrados en sus casas y en medio de una crisis nacional por el asesinato policial de un joven en Minneapolis. El propio presidente se deshizo en elogios: definió la película como “muy glamourosa” y “muy importante”, mientras posaba junto a su esposa ante un gigantesco rótulo con el nombre de Melania.

La producción, sin embargo, ha llegado envuelta en controversia. Medios especializados destacan que se trata del segundo documental más caro de la historia del cine, con un presupuesto que muchos consideran difícil de justificar para un proyecto marcadamente promocional. A ello se suma la elección del director, Brett Ratner, cuya carrera quedó marcada por acusaciones de conducta sexual inapropiada en pleno auge del movimiento #MeToo, decisión que ha reavivado críticas feministas y de parte de la industria. La propia Melania no ha ocultado su control sobre la obra: la primera dama ha impulsado su productora MUSE, ha asumido el rol de productora ejecutiva y se ha implicado en el montaje y la campaña de marketing hasta el último detalle.

El relato que ofrece “Melania” oscila entre la propaganda política y el intento de humanizar a una figura tradicionalmente hermética. La película la muestra coordinando la toma de posesión, supervisando decorados, ensayos y protocolos, y corrigiendo incluso frases del discurso de Trump, al que sugiere definirse como “pacificador y unificador”. “Por primera vez, el público global está invitado a presenciar este capítulo crucial de mi vida”, proclama ella en la promoción, reivindicando una “experiencia inmersiva” más que un simple documental. Su perfil reservado, que durante años alimentó preguntas sobre su verdadera influencia y sobre la relación con su marido, se convierte aquí en eje central de una narrativa que busca presentarla como figura culta, multilingüe y moderadora de los impulsos del presidente.

Sin embargo, el proyecto ha chocado de frente con la realidad de las salas. Pese al lanzamiento global y a un despliegue publicitario sin precedentes, la respuesta del público está siendo muy tibia, cuando no abiertamente hostil. En Reino Unido, una de las grandes cadenas de exhibición llegó a vender una sola entrada en una de las primeras proyecciones, un dato que su propio consejero delegado confirmó y que se ha convertido en símbolo del desinterés general. En Sudáfrica, varias salas han cancelado las funciones por falta de espectadores y por la polémica que suscita asociar sus cines a la figura de Trump.

Críticos y parte del público coinciden en que el principal problema de “Melania” es el enfoque extraordinariamente complaciente con su protagonista. Las reseñas hablan de un “retrato hagiográfico” y de un producto hecho “por y para Melania”, con un tono de autocelebración que deja poco espacio para el contexto político, las contradicciones o las sombras de la administración Trump. Muchos espectadores señalan que es imposible separar a Melania de su marido, lo que convierte la película en otra pieza más del engranaje de comunicación del presidente en un momento de fuerte polarización interna. En paralelo, organizaciones de derechos civiles y sectores progresistas han cuestionado la oportunidad del estreno en plena crisis social, al interpretarlo como una demostración de desconexión con la realidad cotidiana del país.

La paradoja es que el documental que pretendía mostrar el lado más humano de la primera dama ha terminado exponiendo, sobre todo, las tensiones entre poder, imagen y espectáculo en la Washington de la era Trump. Melania insiste en que el film ofrece “una perspectiva sin precedentes” sobre lo que significa ser primera dama en el siglo XXI, pero la recepción crítica y el vacío en muchas butacas apuntan a que una parte de la audiencia no está dispuesta a abrazar ese relato. El tiempo dirá si “Melania” se queda como un capítulo incómodo en la filmografía política reciente o como documento clave para entender la sofisticada maquinaria de autopromoción del trumpismo en su retorno al poder.

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