La fotografía del sistema educativo navarro en el segundo ciclo de Educación Infantil deja un titular contundente: la caída de la natalidad está vaciando aulas, pero no afecta por igual a todas las redes. Desde el curso 2014/2015, los centros públicos han perdido 54 grupos de alumnado de 3, 4 y 5 años, un ajuste significativo que contrasta con la resistencia de la enseñanza privada concertada, que apenas ha reducido ocho unidades en el mismo periodo.
El descenso demográfico —principal motor de esta transformación— ha reducido el número de escolares en más de un 21%, pasando de 20.060 a 15.751 niños y niñas. Sin embargo, esta caída no se ha traducido de forma proporcional en la reorganización de la oferta educativa. Mientras la red pública ha perdido un 8% de sus grupos, la concertada solo ha recortado un 3%, protegida en parte por un marco jurídico que garantiza la financiación de sus unidades durante periodos de cuatro años.
La brecha se ha hecho especialmente visible desde la última renovación de conciertos en 2018/2019. En ese intervalo, la escuela pública ha pasado de 671 a 627 grupos —44 menos—, mientras que la concertada apenas ha reducido seis. Un desequilibrio que el Departamento de Educación reconoce y que ha tratado de corregir en la nueva planificación para el periodo 2026/2027–2029/2030.
En esta última revisión, Educación ha anunciado la supresión de 14 unidades concertadas y 19 públicas, una decisión que llega tras constatar una caída de 700 solicitudes de escolarización en 3 años respecto a 2022/2023. “El sistema debe adaptarse a la nueva realidad demográfica”, ha defendido el consejero Carlos Gimeno, quien ha comparecido junto al director general de Educación, Gil Sevillano.
Criterios técnicos para reequilibrar el sistema
La renovación de conciertos —formalizada en la Resolución 26/2026— se ha apoyado en tres criterios clave: un número mínimo de alumnado por aula, la existencia de demanda suficiente y la necesidad de evitar una oferta sobredimensionada en cada zona. En términos prácticos, esto implica ratios mínimas de 17 alumnos en Pamplona y su comarca y de 15 en el resto del territorio.
El Departamento ha introducido, no obstante, elementos de flexibilidad. Se han mantenido conciertos en situaciones excepcionales: centros con alta presencia de alumnado vulnerable, aquellos que ofrecen un modelo lingüístico único o los que absorben matrícula sobrevenida durante el curso.
El resultado final: 274 unidades concertadas renovadas, un 7% menos que en 2014/2015, frente a una reducción del 9% en la red pública. Una convergencia que el Ejecutivo considera un avance hacia un reparto más equilibrado del ajuste.
La variable social y el coste público
El ajuste educativo no se produce en el vacío. Educación subraya que la planificación debe responder a un uso “eficiente” de los recursos públicos en un contexto de nuevas demandas sociales: el crecimiento de la Formación Profesional, la gratuidad del ciclo 0-3 o el envejecimiento de la población.
En paralelo, el apoyo económico a la concertada no ha disminuido. El presupuesto destinado a este modelo ha crecido un 32,7% entre 2019 y 2025, superando los 175 millones de euros. A ello se suman recientes incrementos para garantizar la equiparación salarial de su profesorado con el de la red pública.
Menos alumnos, ¿mejor educación?
El descenso de natalidad abre también un debate de fondo: la oportunidad de mejorar la calidad educativa. La reducción de ratios —especialmente en centros con alumnado vulnerable— ha permitido crear 31 nuevos grupos en la pública desde 2022/2023, amortiguando parcialmente el impacto del declive demográfico.
Aun así, el consejero Gimeno advierte de que bajar ratios de forma generalizada no siempre es la solución más eficiente, pese a su popularidad entre la comunidad educativa.
Un horizonte incierto
Las proyecciones demográficas apuntan a una posible recuperación a medio plazo impulsada por la migración, pero los datos recientes invitan a la cautela. Navarra seguirá perdiendo nacimientos en los próximos años, lo que obligará a nuevas decisiones sobre el tamaño y equilibrio del sistema educativo.
En ese contexto, el pulso entre la red pública y la concertada seguirá marcando el debate político y social. Porque, más allá de las cifras, lo que está en juego es el modelo educativo que Navarra quiere sostener en un escenario de cambio demográfico profundo.






