Los sindicatos STEILAS, CNT, CGT, Solidari y ESK, volvieron a salir a las calles de Pamplona por este 1 de mayo, con una marcha unitaria bajo un mensaje común: la situación de la clase trabajadora no mejora, y los datos lo demuestran.
El comunicado conjunto ha arrancado con un dato que no admite eufemismos: 35 trabajadores y trabajadoras murieron el año pasado en Navarra en accidentes laborales, "una de las tasas más altas de todo el Estado". "Éstas no son cifras: son nuestros muertos, son nuestras compañeras, son nuestros familiares", han subrayado las organizaciones convocantes.
Las movilizaciones han puesto también el foco en los cierres empresariales recientes —BSH y Nano Automotive como ejemplos más recientes— y en lo que los sindicatos describen como una contradicción flagrante: mientras se habla de crecimiento económico, la vivienda es inalcanzable, los alimentos y la energía no dejan de subir y los salarios se quedan atrás. A eso se suma, denuncian, la inversión de "cifras obscenas" en infraestructuras como el TAV —15 millones de euros por kilómetro de vía— mientras los servicios públicos se deterioran.
Los sindicatos también han apuntado al auge de "los valores más reaccionarios" —racismo, antifeminismo, odio a las personas LGTBI— y a lo que llaman represión estatal contra el sindicalismo de clase, citando como ejemplo los casos judiciales derivados de la resistencia a los desahucios en Burlada y los controles policiales racistas en las calles de Pamplona.
En el plano internacional, el comunicado ha nombrado los conflictos en Palestina, Kurdistán, Líbano, Ucrania e Irán, y ha denunciado que detrás de todas esas guerras se esconden "los intereses económicos de la clase dominante". La respuesta que proponen es la solidaridad internacionalista: "Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases".





