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El Papa León XIV clausura su viaje apostólico a España en Canarias con una denuncia de las mafias migratorias

"Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana", afirmó el Pontífice ante miles de fieles en Santa Cruz

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El Papa en Tenerife

El Papa en Tenerife

El Papa en Tenerife

El Papa en Tenerife

El papa León XIV cerró este viernes su viaje apostólico a España con una jornada intensa y cargada de simbolismo en Tenerife, marcada por la realidad migratoria que vive el archipiélago canario. Dos actos centrales protagonizaron la despedida: un encuentro con grupos eclesiales y entidades de acogida en la Plaza del Cristo de La Laguna y la misa de clausura en la dársena del puerto de Santa Cruz, con el Atlántico como telón de fondo y tres cayucos junto al altar como recuerdo silencioso de las miles de personas que han atravesado una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.

En La Laguna, el Papa escuchó los testimonios de migrantes procedentes de Senegal, Marruecos, Venezuela y Colombia, y pronunció un discurso en el que apeló al "lenguaje de la cercanía". "Las barreras más difíciles de derribar no siempre son de piedra. A veces están en la mirada, en el miedo o en la indiferencia", reflexionó. Y lanzó una condena explícita a quienes se lucran con el sufrimiento de los migrantes: "Quiero dirigir una palabra clara a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores y convierten el sufrimiento ajeno en negocio. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro."

"La integración reconstruye el futuro"


León XIV distinguió entre asistencia e integración: "La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro. Integrar es impedir el segundo naufragio: quedar solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad."

Misa de despedida con los cayucos como testigos

Horas después, en el puerto de Santa Cruz, miles de fieles llegados de todas las islas —algunos con la ropa tradicional de La Palma, La Gomera, El Hierro y Tenerife— arroparon al Papa en la Eucaristía de clausura. El altar estaba presidido por el Cristo de La Laguna y la Virgen de Candelaria, patrona de las islas, devociones que raramente se exhiben juntas. Los tres cayucos situados junto al área litúrgica presidieron en silencio toda la celebración.

En su homilía, León XIV interpeló también la vocación turística de la isla: "¿Cómo responder a la sed del corazón humano de manera no engañosa? Qué importante es no reducir todo a comercio y beneficio." Y concluyó con una invitación a dejarse "evangelizar por aquellos a quienes socorremos".

Al término de la misa, el Papa se dirigió al aeropuerto de Tenerife Norte para emprender su regreso a Roma.

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