Pamplona Actual

El Niño 2026-2027: de la advertencia científica a la acción local

Por Mikel Baztan, Peio Oria y Julen Rekondo, Miembros de Klima Fundazioa/Fundación Clima

  • Piscinas de San Jorge

La advertencia científica está dando un paso más y convirtiéndose en un movimiento activo para anticipar los impactos de El Niño, un fenómeno climático global que se suma al calentamiento planetario. La campaña internacional Alerta El Niño, impulsada por científicos y divulgadores, reclama a los gobiernos que actúen desde ahora y que incorporen los escenarios asociados al episodio de 2026-27 a sus planes de prevención y adaptación. No estamos hablando de especulación, sino de trasladar el conocimiento científico al terreno de la acción: anticipar los riesgos, preparar a las administraciones y reducir la exposición antes de que lleguen los impactos.

La iniciativa prevé dirigirse al Gobierno estatal, al Parlamento Europeo y a comunidades autónomas como Navarra para reclamar medidas proporcionales a la dimensión del riesgo. La urgencia tiene, además, una dimensión que va mucho más allá del impacto directo de una ola de calor, una sequía o una mala cosecha. Los episodios extremos pueden desencadenar efectos en cascada: una caída de la producción agrícola se traduce en escasez y aumento de precios; los daños en infraestructuras interrumpen el transporte; y la falta de agua golpea a la generación hidroeléctrica y a la industria.

El riesgo climático no se mide únicamente por el daño del primer impacto, sino por las cadenas de consecuencias que este desata. Un estudio publicado en Nature Communications estimó pérdidas globales de 2,1 billones de dólares para El Niño de 1997-98 y de 3,9 billones para el de 2015-16 al contabilizar precisamente estos efectos retardados. Debemos asumir tres realidades: el actual episodio de El Niño ya es el más intenso de los últimos 150 años, potenciará un calentamiento global cercano a los 2ºC en los próximos meses y la exposición de la población y el valor de los activos es mucho mayor que hace dos décadas. Entramos en una nueva era de extremos climáticos donde la economía mundial va a tambalearse, justo en un momento en el que la crisis energética también golpeará con fuerza.

El caso de Pamplona: ¿adaptación real o maquillaje?

Ante este escenario, es urgente que los políticos se asesoren en evidencias científicas. Un ejemplo reciente: el Ayuntamiento de Pamplona ha aprobado que, cuando exista aviso rojo de la AEMET por altas temperaturas, los menores de 18 años, las personas con discapacidad y quienes tengan reducciones por renta accedan gratis a las piscinas municipales. La medida es bienintencionada como instrumento de equidad, pero técnicamente muy cuestionable.

En primer lugar, un aviso rojo de la AEMET no se da para Pamplona, sino para una zona mucho más amplia. Desde 2012, solo se han emitido avisos rojos cuatro o cinco días, ya que esto supone prever una temperatura de 42ºC. Sin embargo, el riesgo térmico severo empieza mucho antes: puede darse perfectamente a los 30ºC con altos niveles de humedad y radiación. De hecho, recientemente hemos vivido hasta 60 días bajo olas de calor sin que se activara ningún aviso rojo.

Por otro lado, limitar el acceso a solo tres categorías ignora el verdadero espectro de la vulnerabilidad. Los propios planes sanitarios de Navarra señalan a personas mayores, embarazadas, enfermos crónicos y trabajadores expuestos. A esto se suma que la oferta pública de piscinas exteriores en Pamplona es limitada: la ciudad dispone de solo cuatro piscinas públicas entre 19 instalaciones, lo que deja una ratio de una piscina pública por cada 52.000 habitantes.

Es fundamental consultar a técnicos sanitarios, meteorólogos y especialistas en adaptación antes de lanzar medidas que suenan bien pero que se quedan en la superficie. Los municipios necesitan un debate público y procesos de participación ciudadana para diseñar transformaciones reales frente al calor: más verde vertical y horizontal, especies vegetales adaptadas al clima del futuro y más puntos de agua para hidratación. La red de refugios climáticos debe diseñarse, difundirse y abrirse mucho antes de que el clima sea peligroso, y no esperar a que una agencia declare el nivel máximo de alerta.

Mikel Baztan, Peio Oria y Julen Rekondo

Miembros de Klima Fundazioa/Fundación Clima

 

 


 

La advertencia científica está dando un paso más y convirtiéndose en un movimiento activo para anticipar los impactos de El Niño, un fenómeno climático global que se suma al calentamiento planetario. La campaña internacional Alerta El Niño, impulsada por científicos y divulgadores, reclama a los gobiernos que actúen desde ahora y que incorporen los escenarios asociados al episodio de 2026-27 a sus planes de prevención y adaptación. No estamos hablando de especulación, sino de trasladar el conocimiento científico al terreno de la acción: anticipar los riesgos, preparar a las administraciones y reducir la exposición antes de que lleguen los impactos.

La iniciativa prevé dirigirse al Gobierno estatal, al Parlamento Europeo y a comunidades autónomas como Navarra para reclamar medidas proporcionales a la dimensión del riesgo. La urgencia tiene, además, una dimensión que va mucho más allá del impacto directo de una ola de calor, una sequía o una mala cosecha. Los episodios extremos pueden desencadenar efectos en cascada: una caída de la producción agrícola se traduce en escasez y aumento de precios; los daños en infraestructuras interrumpen el transporte; y la falta de agua golpea a la generación hidroeléctrica y a la industria.

El riesgo climático no se mide únicamente por el daño del primer impacto, sino por las cadenas de consecuencias que este desata. Un estudio publicado en Nature Communications estimó pérdidas globales de 2,1 billones de dólares para El Niño de 1997-98 y de 3,9 billones para el de 2015-16 al contabilizar precisamente estos efectos retardados. Debemos asumir tres realidades: el actual episodio de El Niño ya es el más intenso de los últimos 150 años, potenciará un calentamiento global cercano a los 2ºC en los próximos meses y la exposición de la población y el valor de los activos es mucho mayor que hace dos décadas. Entramos en una nueva era de extremos climáticos donde la economía mundial va a tambalearse, justo en un momento en el que la crisis energética también golpeará con fuerza.

El caso de Pamplona: ¿adaptación real o maquillaje?

Ante este escenario, es urgente que los políticos se asesoren en evidencias científicas. Un ejemplo reciente: el Ayuntamiento de Pamplona ha aprobado que, cuando exista aviso rojo de la AEMET por altas temperaturas, los menores de 18 años, las personas con discapacidad y quienes tengan reducciones por renta accedan gratis a las piscinas municipales. La medida es bienintencionada como instrumento de equidad, pero técnicamente muy cuestionable.

En primer lugar, un aviso rojo de la AEMET no se da para Pamplona, sino para una zona mucho más amplia. Desde 2012, solo se han emitido avisos rojos cuatro o cinco días, ya que esto supone prever una temperatura de 42ºC. Sin embargo, el riesgo térmico severo empieza mucho antes: puede darse perfectamente a los 30ºC con altos niveles de humedad y radiación. De hecho, recientemente hemos vivido hasta 60 días bajo olas de calor sin que se activara ningún aviso rojo.

Por otro lado, limitar el acceso a solo tres categorías ignora el verdadero espectro de la vulnerabilidad. Los propios planes sanitarios de Navarra señalan a personas mayores, embarazadas, enfermos crónicos y trabajadores expuestos. A esto se suma que la oferta pública de piscinas exteriores en Pamplona es limitada: la ciudad dispone de solo cuatro piscinas públicas entre 19 instalaciones, lo que deja una ratio de una piscina pública por cada 52.000 habitantes.

Es fundamental consultar a técnicos sanitarios, meteorólogos y especialistas en adaptación antes de lanzar medidas que suenan bien pero que se quedan en la superficie. Los municipios necesitan un debate público y procesos de participación ciudadana para diseñar transformaciones reales frente al calor: más verde vertical y horizontal, especies vegetales adaptadas al clima del futuro y más puntos de agua para hidratación. La red de refugios climáticos debe diseñarse, difundirse y abrirse mucho antes de que el clima sea peligroso, y no esperar a que una agencia declare el nivel máximo de alerta.

Mikel Baztan, Peio Oria y Julen Rekondo

Miembros de Klima Fundazioa/Fundación Clima