Las Ikastolas han presentado su nueva Estrategia Digital, una propuesta que reduce y retrasa el uso de pantallas en las primeras etapas educativas y que sitúa el empoderamiento y la independencia digital del alumnado en el centro del proyecto educativo. En Educación Infantil y en los dos primeros cursos de Primaria, los dispositivos no formarán parte de la actividad habitual y, cuando sea necesario utilizarlos de manera excepcional, los manejará el profesorado.
La iniciativa, impulsada por la Cooperativa Europea de Ikastolas, es el resultado de dos años de reflexión y trabajo compartido. Las Ikastolas, que según han recordado fueron pioneras hace quince años en incorporar recursos digitales al aprendizaje, consideran ahora necesario revisar su papel ante una realidad marcada por la hiperconectividad y la presencia permanente de dispositivos en la vida cotidiana. La propuesta, han precisado, no da la espalda a la tecnología, sino que busca educar para comprenderla, aprovechar sus posibilidades y reconocer sus límites, de modo que el alumnado decida cuándo, cómo y para qué utilizarla.
Una estrategia basada en la investigación
El marco se ha elaborado a partir de investigaciones desarrolladas junto con la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (HUHEZI) de Mondragon Unibertsitatea, coordinada por Amaia Arroyo, con aportaciones de investigadores de distintas universidades y profesionales del ámbito educativo. El trabajo incorpora también conocimientos de la psicología, la neurociencia, la sanidad y la salud pública, y se ha concretado en cuatro documentos: la justificación del valor educativo de la tecnología, los fundamentos de la clasificación de competencias, una clasificación validada de la competencia digital y propuestas para llevarla a las aulas.
La principal conclusión es que la tecnología puede enriquecer el aprendizaje, pero no lo hace de forma automática ni en cualquier circunstancia. Su aportación depende de la finalidad educativa, del momento evolutivo del alumnado, del contexto y de la metodología, según ha señalado la propuesta, que defiende una innovación fundamentada que evalúe resultados y priorice el desarrollo integral de los estudiantes.
Alineada con los marcos europeos
La estrategia sigue los marcos europeos de competencia digital, en especial DigComp, que entiende esta competencia como una combinación de conocimientos, habilidades y actitudes para usar las tecnologías de forma segura, crítica y responsable, y se conecta también con DigCompEdu, orientado a la competencia digital del profesorado. Stefano Kluzer, experto en la materia y cofundador de DigComp, ha valorado positivamente la estrategia y ha destacado el rigor con el que concreta el marco tecnopedagógico para cada nivel educativo.
El recorrido se organiza en tres niveles: alfabetización digital, para conocer y comprender la tecnología; implementación, para aprender a utilizarla con sentido; y empoderamiento, para reflexionar sobre sus posibilidades, sus límites y su influencia y tomar decisiones propias.
Qué cambia en cada etapa
Los fundamentos de la competencia digital y del pensamiento computacional se trabajarán al principio mediante experiencias analógicas, el juego, la experimentación y la orientación docente. En tercero y cuarto de Primaria comenzarán actividades en línea guiadas por el profesorado, y en quinto y sexto se sistematizará el trabajo de las competencias digitales. En Secundaria se profundizará en el uso ético, responsable y sostenible de la tecnología mediante una experiencia de aprendizaje específica, cuya implantación está prevista para el próximo curso. La estrategia contempla además que los dispositivos permanezcan en la Ikastola durante los recreos y que se establezcan condiciones para garantizar entornos seguros y respetuosos con los derechos del alumnado.
Estas decisiones llegan en un contexto de preocupación por el uso excesivo o inadecuado de las pantallas en la infancia y la adolescencia. La exposición prolongada, la conexión permanente y determinadas dinámicas de las redes sociales pueden afectar al descanso, la atención, la actividad física y el bienestar emocional, y la Comisión Europea ha advertido de la relación entre el uso problemático de pantallas y redes sociales y distintos indicadores de malestar físico y psicológico entre adolescentes. Las Ikastolas han matizado que no se trata de atribuir todos estos problemas a la tecnología, sino de que el bienestar forme parte de cualquier decisión educativa, lo que incluye aprender a desconectar y establecer límites.
Hacia la soberanía tecnológica
La segunda dimensión de la estrategia es una hoja de ruta hacia la soberanía tecnológica, basada en la idea de que la autonomía pedagógica exige también decidir qué herramientas se utilizan, quién las proporciona y en qué condiciones se gestionan los datos del alumnado. Para ello se han fijado ocho objetivos estratégicos: reforzar la autonomía, impulsar la colaboración entre Ikastolas, priorizar el software libre y de código abierto, fortalecer la formación, garantizar la seguridad y la protección de datos, promover la sostenibilidad digital, favorecer a proveedores y cooperativas locales, y asegurar que las decisiones tecnológicas estén coordinadas con las pedagógicas.
Las Ikastolas han subrayado que la transformación requiere una comunidad educativa comprometida, en la que la formación del profesorado y la colaboración con las familias serán fundamentales para construir criterios compartidos y dar coherencia a los aprendizajes dentro y fuera del centro.
Las Ikastolas han presentado su nueva Estrategia Digital, una propuesta que reduce y retrasa el uso de pantallas en las primeras etapas educativas y que sitúa el empoderamiento y la independencia digital del alumnado en el centro del proyecto educativo. En Educación Infantil y en los dos primeros cursos de Primaria, los dispositivos no formarán parte de la actividad habitual y, cuando sea necesario utilizarlos de manera excepcional, los manejará el profesorado.
La iniciativa, impulsada por la Cooperativa Europea de Ikastolas, es el resultado de dos años de reflexión y trabajo compartido. Las Ikastolas, que según han recordado fueron pioneras hace quince años en incorporar recursos digitales al aprendizaje, consideran ahora necesario revisar su papel ante una realidad marcada por la hiperconectividad y la presencia permanente de dispositivos en la vida cotidiana. La propuesta, han precisado, no da la espalda a la tecnología, sino que busca educar para comprenderla, aprovechar sus posibilidades y reconocer sus límites, de modo que el alumnado decida cuándo, cómo y para qué utilizarla.
Una estrategia basada en la investigación
El marco se ha elaborado a partir de investigaciones desarrolladas junto con la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (HUHEZI) de Mondragon Unibertsitatea, coordinada por Amaia Arroyo, con aportaciones de investigadores de distintas universidades y profesionales del ámbito educativo. El trabajo incorpora también conocimientos de la psicología, la neurociencia, la sanidad y la salud pública, y se ha concretado en cuatro documentos: la justificación del valor educativo de la tecnología, los fundamentos de la clasificación de competencias, una clasificación validada de la competencia digital y propuestas para llevarla a las aulas.
La principal conclusión es que la tecnología puede enriquecer el aprendizaje, pero no lo hace de forma automática ni en cualquier circunstancia. Su aportación depende de la finalidad educativa, del momento evolutivo del alumnado, del contexto y de la metodología, según ha señalado la propuesta, que defiende una innovación fundamentada que evalúe resultados y priorice el desarrollo integral de los estudiantes.
Alineada con los marcos europeos
La estrategia sigue los marcos europeos de competencia digital, en especial DigComp, que entiende esta competencia como una combinación de conocimientos, habilidades y actitudes para usar las tecnologías de forma segura, crítica y responsable, y se conecta también con DigCompEdu, orientado a la competencia digital del profesorado. Stefano Kluzer, experto en la materia y cofundador de DigComp, ha valorado positivamente la estrategia y ha destacado el rigor con el que concreta el marco tecnopedagógico para cada nivel educativo.
El recorrido se organiza en tres niveles: alfabetización digital, para conocer y comprender la tecnología; implementación, para aprender a utilizarla con sentido; y empoderamiento, para reflexionar sobre sus posibilidades, sus límites y su influencia y tomar decisiones propias.
Qué cambia en cada etapa
Los fundamentos de la competencia digital y del pensamiento computacional se trabajarán al principio mediante experiencias analógicas, el juego, la experimentación y la orientación docente. En tercero y cuarto de Primaria comenzarán actividades en línea guiadas por el profesorado, y en quinto y sexto se sistematizará el trabajo de las competencias digitales. En Secundaria se profundizará en el uso ético, responsable y sostenible de la tecnología mediante una experiencia de aprendizaje específica, cuya implantación está prevista para el próximo curso. La estrategia contempla además que los dispositivos permanezcan en la Ikastola durante los recreos y que se establezcan condiciones para garantizar entornos seguros y respetuosos con los derechos del alumnado.
Estas decisiones llegan en un contexto de preocupación por el uso excesivo o inadecuado de las pantallas en la infancia y la adolescencia. La exposición prolongada, la conexión permanente y determinadas dinámicas de las redes sociales pueden afectar al descanso, la atención, la actividad física y el bienestar emocional, y la Comisión Europea ha advertido de la relación entre el uso problemático de pantallas y redes sociales y distintos indicadores de malestar físico y psicológico entre adolescentes. Las Ikastolas han matizado que no se trata de atribuir todos estos problemas a la tecnología, sino de que el bienestar forme parte de cualquier decisión educativa, lo que incluye aprender a desconectar y establecer límites.
Hacia la soberanía tecnológica
La segunda dimensión de la estrategia es una hoja de ruta hacia la soberanía tecnológica, basada en la idea de que la autonomía pedagógica exige también decidir qué herramientas se utilizan, quién las proporciona y en qué condiciones se gestionan los datos del alumnado. Para ello se han fijado ocho objetivos estratégicos: reforzar la autonomía, impulsar la colaboración entre Ikastolas, priorizar el software libre y de código abierto, fortalecer la formación, garantizar la seguridad y la protección de datos, promover la sostenibilidad digital, favorecer a proveedores y cooperativas locales, y asegurar que las decisiones tecnológicas estén coordinadas con las pedagógicas.
Las Ikastolas han subrayado que la transformación requiere una comunidad educativa comprometida, en la que la formación del profesorado y la colaboración con las familias serán fundamentales para construir criterios compartidos y dar coherencia a los aprendizajes dentro y fuera del centro.