Cuando se cumplen 575 años de la Batalla de Aibar y del inicio de una guerra civil que desangraría Navarra durante más de medio siglo, el Archivo Real y General de Navarra dedica su microexposición de noviembre a mostrar al público algunos de los documentos que custodia relacionados con aquel acontecimiento de 1451.
Entre las piezas expuestas figuran los asientos del hostal del Príncipe de Viana, que demuestran sus desplazamientos por distintas localidades del reino, y la orden del rey Juan II en la que relata el levantamiento a su favor de varias localidades y valles para lograr la victoria en campaña campal frente a su hijo Carlos. También se exhiben pagos a las guarniciones de los castillos que permanecían en manos del rey, entre otros documentos.
La muestra, titulada ‘575 Años de la Batalla de Aibar (1451)’, es de pequeño formato y de acceso libre y gratuito. Permanecerá abierta en la galería baja del Archivo de Navarra todos los días de noviembre, de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas. Además, podrá visitarse de manera online a través del micrositio web del Archivo Real y General de Navarra.
La primera gran batalla de una guerra civil
Según los cronistas, el sábado 23 de octubre de 1451 tuvo lugar la primera, y posiblemente única, gran batalla campal de aquella contienda. En las cercanías de la villa de Aibar, el ejército del rey Juan II derrotó al de su hijo y heredero, Carlos, príncipe de Viana, que quedó preso de su padre junto a su principal valedor, el condestable Luis de Beaumont.
Las desavenencias entre padre e hijo habían comenzado diez años antes, a la muerte de la reina Blanca I. Según su testamento, Carlos debía haber sido coronado rey, pero su padre, hasta entonces rey consorte, se resistió a renunciar a la Corona de Navarra. El Príncipe lo toleró y, como lugarteniente, gobernó el reino durante las ausencias de Juan II, enfrascado en una guerra en Castilla. La relación se hizo insostenible en 1447, cuando el rey volvió a casarse. Derrotado en la guerra castellana, regresó dos años después con una pléyade de servidores y nobles castellanos arruinados y comenzó a tomar las riendas del gobierno, marginando al legítimo heredero. La nobleza navarra se polarizó entonces en dos partidos: los agramonteses apoyaban al padre y los beamonteses, al hijo.
La ruptura se consumó en junio de 1450, cuando el Príncipe de Viana y Luis de Beaumont huyeron a Guipúzcoa al amparo de sus aliados oñacinos. Tras su marcha se levantaron varias localidades y fortalezas, entre ellas San Juan de Pie de Puerto. Después de una larga mediación, padre e hijo llegaron a un acuerdo y el Príncipe regresó y se sometió a su padre en Tafalla el 29 de marzo de 1451.
La negativa de Juan II a ratificar la paz con Castilla suscrita por el Príncipe provocó un nuevo levantamiento de los beamonteses. A finales de septiembre, todo el norte del reino, con Pamplona y la villa-corte de Olite a la cabeza, se alzó por el Príncipe, y Navarra quedó dividida en dos obediencias.
Según el cronista Alesón, el rey puso sitio a la villa y al castillo de Aibar, y el Príncipe y sus beamonteses acudieron en apoyo de los sitiados. El 23 de octubre, con los dos ejércitos frente a frente, la mediación de familiares y eclesiásticos logró que padre e hijo suscribieran una concordia. Sin embargo, la negativa del rey a amnistiar a los beamonteses y a ratificar la paz con Castilla desencadenó la batalla ese mismo día.
Alesón describe cómo ambas vanguardias, compuestas por jinetes acorazados y ligeros, chocaron frontalmente. Al principio, la del Príncipe, más numerosa, puso en fuga a la del rey, pero la caballería de Juan II, más experimentada, volvió a cargar y rompió a la del Príncipe. Este, según algunas versiones, se rindió a su medio hermano Alonso de Aragón; según otras, lo hizo tras replegarse a Aibar y comprobar que no podía resistir por falta de hombres y víveres.
Los beamonteses, no obstante, no rindieron las localidades y castillos bajo su control. Comenzaba así una guerra que enfrentaría a los navarros de dos generaciones y que extendería sus consecuencias a Aragón, cuando, siete años más tarde, Juan II fue coronado también en ese reino y el Príncipe se convirtió asimismo en su heredero.
Cuando se cumplen 575 años de la Batalla de Aibar y del inicio de una guerra civil que desangraría Navarra durante más de medio siglo, el Archivo Real y General de Navarra dedica su microexposición de noviembre a mostrar al público algunos de los documentos que custodia relacionados con aquel acontecimiento de 1451.
Entre las piezas expuestas figuran los asientos del hostal del Príncipe de Viana, que demuestran sus desplazamientos por distintas localidades del reino, y la orden del rey Juan II en la que relata el levantamiento a su favor de varias localidades y valles para lograr la victoria en campaña campal frente a su hijo Carlos. También se exhiben pagos a las guarniciones de los castillos que permanecían en manos del rey, entre otros documentos.
La muestra, titulada ‘575 Años de la Batalla de Aibar (1451)’, es de pequeño formato y de acceso libre y gratuito. Permanecerá abierta en la galería baja del Archivo de Navarra todos los días de noviembre, de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas. Además, podrá visitarse de manera online a través del micrositio web del Archivo Real y General de Navarra.
La primera gran batalla de una guerra civil
Según los cronistas, el sábado 23 de octubre de 1451 tuvo lugar la primera, y posiblemente única, gran batalla campal de aquella contienda. En las cercanías de la villa de Aibar, el ejército del rey Juan II derrotó al de su hijo y heredero, Carlos, príncipe de Viana, que quedó preso de su padre junto a su principal valedor, el condestable Luis de Beaumont.
Las desavenencias entre padre e hijo habían comenzado diez años antes, a la muerte de la reina Blanca I. Según su testamento, Carlos debía haber sido coronado rey, pero su padre, hasta entonces rey consorte, se resistió a renunciar a la Corona de Navarra. El Príncipe lo toleró y, como lugarteniente, gobernó el reino durante las ausencias de Juan II, enfrascado en una guerra en Castilla. La relación se hizo insostenible en 1447, cuando el rey volvió a casarse. Derrotado en la guerra castellana, regresó dos años después con una pléyade de servidores y nobles castellanos arruinados y comenzó a tomar las riendas del gobierno, marginando al legítimo heredero. La nobleza navarra se polarizó entonces en dos partidos: los agramonteses apoyaban al padre y los beamonteses, al hijo.
La ruptura se consumó en junio de 1450, cuando el Príncipe de Viana y Luis de Beaumont huyeron a Guipúzcoa al amparo de sus aliados oñacinos. Tras su marcha se levantaron varias localidades y fortalezas, entre ellas San Juan de Pie de Puerto. Después de una larga mediación, padre e hijo llegaron a un acuerdo y el Príncipe regresó y se sometió a su padre en Tafalla el 29 de marzo de 1451.
La negativa de Juan II a ratificar la paz con Castilla suscrita por el Príncipe provocó un nuevo levantamiento de los beamonteses. A finales de septiembre, todo el norte del reino, con Pamplona y la villa-corte de Olite a la cabeza, se alzó por el Príncipe, y Navarra quedó dividida en dos obediencias.
Según el cronista Alesón, el rey puso sitio a la villa y al castillo de Aibar, y el Príncipe y sus beamonteses acudieron en apoyo de los sitiados. El 23 de octubre, con los dos ejércitos frente a frente, la mediación de familiares y eclesiásticos logró que padre e hijo suscribieran una concordia. Sin embargo, la negativa del rey a amnistiar a los beamonteses y a ratificar la paz con Castilla desencadenó la batalla ese mismo día.
Alesón describe cómo ambas vanguardias, compuestas por jinetes acorazados y ligeros, chocaron frontalmente. Al principio, la del Príncipe, más numerosa, puso en fuga a la del rey, pero la caballería de Juan II, más experimentada, volvió a cargar y rompió a la del Príncipe. Este, según algunas versiones, se rindió a su medio hermano Alonso de Aragón; según otras, lo hizo tras replegarse a Aibar y comprobar que no podía resistir por falta de hombres y víveres.
Los beamonteses, no obstante, no rindieron las localidades y castillos bajo su control. Comenzaba así una guerra que enfrentaría a los navarros de dos generaciones y que extendería sus consecuencias a Aragón, cuando, siete años más tarde, Juan II fue coronado también en ese reino y el Príncipe se convirtió asimismo en su heredero.