El pasado 1 de octubre entró en vigor el registro obligatorio de jornada para cerca de 12.000 profesionales del SNS-O. Y las imágenes del primer día fueron suficientemente gráficas: profesionales haciendo cola para poder fichar antes de comenzar su jornada.

Desde SATSE no cuestionamos la necesidad de registrar el tiempo de trabajo. Al contrario. Llevamos demasiado tiempo denunciando jornadas que no terminan cuando deberían, relevos que obligan a prolongar la presencia en el puesto y minutos de trabajo que se acumulan sin quedar registrados ni reconocidos. Si el nuevo sistema permite acreditar objetivamente todo ese tiempo, será también una herramienta para exigir que se compense como corresponde. Pero para que un sistema de control horario sea justo tiene que empezar por algo elemental: garantizar que todas las personas puedan fichar a su hora.

La realidad es demasiado diversa como para implantar un modelo sin tener en cuenta cómo empieza realmente la jornada en cada centro. En el HUN, donde miles de profesionales coinciden en determinados cambios de turno, los primeros días han evidenciado que los dispositivos disponibles no permiten absorber ese volumen de trabajadores sin generar esperas. Sin ir más lejos, en el propio CCI sólo hay un aparato de fichaje.

En Atención Primaria aparece otro problema. Allí, donde prácticamente todo el personal debe realizar el registro mediante la aplicación informática, fichar implica llegar al puesto, acceder al ordenador, encenderlo, identificarse y esperar a que cargue el sistema. Y cualquiera que trabaje en determinados centros de salud sabe que no todos los equipos son precisamente rápidos ni modernos. El reloj, mientras tanto, sigue corriendo. Situaciones similares ocurren en los CASSYRes, (centros de atención a la mujer).

Hay otras todavía más evidentes. Pensemos en las enfermeras que trabajan en el ámbito penitenciario. Antes de alcanzar su consulta deben acceder al recinto y superar hasta diez controles de seguridad. Solo después pueden llegar hasta su puesto, encender el ordenador y registrar el inicio de jornada. ¿A qué hora han empezado realmente a trabajar? ¿Cuándo acceden al centro de trabajo o cuando, después de todo ese recorrido obligatorio, consiguen abrir una aplicación informática?

No son anécdotas. Son ejemplos de por qué un sistema pensado para medir el tiempo de trabajo tiene que adaptarse a la realidad del trabajo que pretende medir.

La Administración ha tenido meses para preparar esta implantación. Por eso, ahora debe utilizar el periodo de adaptación para detectar y corregir estas situaciones. En los grandes centros deben existir suficientes dispositivos de fichaje para absorber 

simultáneamente las entradas y salidas de los turnos. Y allí donde el registro dependa del ordenador, deben garantizarse equipos y sistemas suficientemente ágiles o habilitarse alternativas que permitan registrar la jornada desde el momento efectivo de acceso al centro.

El fichaje no puede convertirse en una carrera hasta un reloj ni en una penalización derivada de una cola, de un ordenador que tarda varios minutos en arrancar o de los controles de acceso inherentes al propio puesto.

Desde SATSE defendemos un sistema sanitario público en el que la actividad y el tiempo de trabajo sean transparentes y trazables. Pero esa exigencia debe funcionar en las dos direcciones. Si se va a medir cada minuto de presencia de los profesionales, deberán reconocerse también cada minuto trabajado de más y todas las circunstancias organizativas que no dependen de ellos.

Control horario, sí. Pero con medios suficientes, criterios homogéneos y garantías para todos. Porque para exigir que se fiche a la hora, primero hay que garantizar que se pueda fichar a la hora.

Por Zuriñe Martínez

Delegada de SATSE Navarra


 

El pasado 1 de octubre entró en vigor el registro obligatorio de jornada para cerca de 12.000 profesionales del SNS-O. Y las imágenes del primer día fueron suficientemente gráficas: profesionales haciendo cola para poder fichar antes de comenzar su jornada.

Desde SATSE no cuestionamos la necesidad de registrar el tiempo de trabajo. Al contrario. Llevamos demasiado tiempo denunciando jornadas que no terminan cuando deberían, relevos que obligan a prolongar la presencia en el puesto y minutos de trabajo que se acumulan sin quedar registrados ni reconocidos. Si el nuevo sistema permite acreditar objetivamente todo ese tiempo, será también una herramienta para exigir que se compense como corresponde. Pero para que un sistema de control horario sea justo tiene que empezar por algo elemental: garantizar que todas las personas puedan fichar a su hora.

La realidad es demasiado diversa como para implantar un modelo sin tener en cuenta cómo empieza realmente la jornada en cada centro. En el HUN, donde miles de profesionales coinciden en determinados cambios de turno, los primeros días han evidenciado que los dispositivos disponibles no permiten absorber ese volumen de trabajadores sin generar esperas. Sin ir más lejos, en el propio CCI sólo hay un aparato de fichaje.

En Atención Primaria aparece otro problema. Allí, donde prácticamente todo el personal debe realizar el registro mediante la aplicación informática, fichar implica llegar al puesto, acceder al ordenador, encenderlo, identificarse y esperar a que cargue el sistema. Y cualquiera que trabaje en determinados centros de salud sabe que no todos los equipos son precisamente rápidos ni modernos. El reloj, mientras tanto, sigue corriendo. Situaciones similares ocurren en los CASSYRes, (centros de atención a la mujer).

Hay otras todavía más evidentes. Pensemos en las enfermeras que trabajan en el ámbito penitenciario. Antes de alcanzar su consulta deben acceder al recinto y superar hasta diez controles de seguridad. Solo después pueden llegar hasta su puesto, encender el ordenador y registrar el inicio de jornada. ¿A qué hora han empezado realmente a trabajar? ¿Cuándo acceden al centro de trabajo o cuando, después de todo ese recorrido obligatorio, consiguen abrir una aplicación informática?

No son anécdotas. Son ejemplos de por qué un sistema pensado para medir el tiempo de trabajo tiene que adaptarse a la realidad del trabajo que pretende medir.

La Administración ha tenido meses para preparar esta implantación. Por eso, ahora debe utilizar el periodo de adaptación para detectar y corregir estas situaciones. En los grandes centros deben existir suficientes dispositivos de fichaje para absorber 

simultáneamente las entradas y salidas de los turnos. Y allí donde el registro dependa del ordenador, deben garantizarse equipos y sistemas suficientemente ágiles o habilitarse alternativas que permitan registrar la jornada desde el momento efectivo de acceso al centro.

El fichaje no puede convertirse en una carrera hasta un reloj ni en una penalización derivada de una cola, de un ordenador que tarda varios minutos en arrancar o de los controles de acceso inherentes al propio puesto.

Desde SATSE defendemos un sistema sanitario público en el que la actividad y el tiempo de trabajo sean transparentes y trazables. Pero esa exigencia debe funcionar en las dos direcciones. Si se va a medir cada minuto de presencia de los profesionales, deberán reconocerse también cada minuto trabajado de más y todas las circunstancias organizativas que no dependen de ellos.

Control horario, sí. Pero con medios suficientes, criterios homogéneos y garantías para todos. Porque para exigir que se fiche a la hora, primero hay que garantizar que se pueda fichar a la hora.

Por Zuriñe Martínez

Delegada de SATSE Navarra