Nacido en el COAT en 2024 como un concurso para animar a los jóvenes a estudiar Arquitectura Técnica, el Concurso del Hormigón ya es una competición de ámbito estatal: este año ha reunido a 31 provincias y ha llevado a Madrid a 28 centros finalistas, entre ellos el Colegio San Cernin de Pamplona
No hay aparejadores en Navarra. O, al menos, cada vez hay menos. Ante la falta de vocaciones, el Colegio Oficial de la Arquitectura Técnica de Navarra (COAT) convocó en 2024 el primer Concurso del Hormigón, una iniciativa dirigida a estudiantes de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. Les envió los componentes necesarios para fabricar una probeta de hormigón y el resultado superó cualquier expectativa. Aquella idea, nacida en Navarra, se ha extendido a todo el país y este año ha vivido su Gran Final en Madrid, con presencia navarra: la del Colegio San Cernin de Pamplona.
Una idea sencilla para un problema serio
«Esto surge hace tres ediciones, la primera solo en Navarra, y lo dinamizamos desde aquí», ha explicado Ramón Lakuntza, gerente del COAT. El objetivo, ha señalado, es «buscar un concurso simpático, atractivo y divertido» que llegue a los centros de Bachillerato científico-técnico, donde están los futuros posibles estudiantes de la profesión. El fin último es darla a conocer.
La primera edición tuvo una gran repercusión entre centros, profesorado y medios de comunicación. En la segunda se sumaron once provincias y el éxito se repitió. En la tercera, la actual, el concurso ha dado un nuevo salto: han participado 31 provincias y han aparecido patrocinadores, como la Asociación Nacional Española de Fabricantes de Hormigón Preparado (ANEFHOP) y el conocido fabricante de cementos, Holcim.
Una profesión con pleno empleo y sin relevo
Detrás del concurso hay una preocupación real. «Casi semanalmente nos llama alguna constructora, desesperada, buscando profesionales de la arquitectura técnica», ha afirmado Lakuntza. Se habla mucho de la falta de albañiles, electricistas o instaladores, ha añadido, pero la misma circunstancia se da entre los técnicos. Las escuelas de toda España llegaron a tener hasta 35.000 alumnos de Arquitectura Técnica; hoy rondan los 5.000. Se jubilan más del doble de los profesionales que entran, y lo hacen en un sector mucho más tecnificado que hace cuarenta años, cuando era raro encontrar un arquitecto técnico en una constructora. Hoy resulta difícil hallar una empresa, por pequeña que sea, que no cuente con uno en plantilla.
En Navarra, ha advertido, la situación es «crítica» desde que la titulación desapareció de la universidad de la comunidad. Antes de 1995, cuando no existía la escuela en Pamplona, el índice de colegiación era muy bajo. Mientras la escuela estuvo abierta, se multiplicó por varios. «Los alumnos de Bachillerato miran el catálogo de titulaciones que hay en su provincia, y que Arquitectura Técnica haya desaparecido es para nosotros un hecho decisivo», ha señalado.
Del laboratorio del colegio a la final de Madrid
El Colegio San Cernin ha participado en las tres ediciones. Su profesor, Javier Martínez de Bujanda, explica cómo lo organizan: propone la actividad al alumnado de Bachillerato científico-técnico, abierto también a estudiantes de otras ramas interesados, y una tarde, en el laboratorio del centro, los deja investigar qué es el hormigón, de qué está hecho, qué proporciones requiere y cómo se mezcla. Después les entrega los materiales y los chicos elaboran su probeta con lo que han averiguado. Fue una tarde de un par de horas, hacia el mes de marzo.
La fórmula funcionó y el centro se impuso en la fase navarra, lo que le dio billete para la final nacional. «Hemos tenido la suerte, o la habilidad de los alumnos, de lograr una muy buena resistencia del hormigón», ha comentado el docente. Su valoración de las tres ediciones es muy positiva: «Aporta mucho a los estudiantes por su componente práctico, que da una visión distinta frente a las clases más teóricas». Es, ha añadido, «mancharse las manos» y aplicar lo aprendido en el aula, además de una actividad entretenida para ellos.
La probeta, como el hormigón, necesita su tiempo. Pasadas unas dos semanas desde la fase nacional, los participantes esperan el resultado, que se conocerá el próximo 21 de octubre: el hormigón requiere 28 días para endurecerse y alcanzar su resistencia final. «Hay que tener paciencia», ha bromeado el equipo.
Lo que aprendieron los estudiantes
Adriana López y Luis Paternain, hoy en segundo de Bachillerato, viajaron junto al resto del equipo a Madrid, donde coincidieron con jóvenes de otras provincias y con los patrocinadores del sector. «Nos hablaron mucho de la profesión y de cómo funciona; creo que nos enseñaron un montón», ha explicado uno de los alumnos. Además de las proporciones del hormigón, sus ingredientes y los tipos de piedra, conocieron las obligaciones de un arquitecto técnico en una obra. «Personalmente no sabía que tuviera tanta responsabilidad; lo descubrí gracias a este concurso», ha reconocido. «Ha sido una experiencia muy gratificante y muy guay.»
A los compañeros que dudan si apuntarse en próximas ediciones les recomiendan hacerlo sin miedo: «Aunque al principio pienses "un curso de hormigón, no sé nada", aprendes mucho, te lo pasas bien y te echas unas risas».
El concurso también ha dejado huella en sus planes de futuro. Adriana tiene bastante clara su decisión: su primera opción es la Ingeniería Aeroespacial, con Arquitectura o Arquitectura Técnica como segunda. Luis, por su parte, ha asegurado que le interesan mucho tanto la Arquitectura como la Arquitectura Técnica y que, como en Pamplona solo se puede estudiar Arquitectura, tendría que irse fuera para cursar la técnica. Si existiera en la ciudad, ha indicado, sería un «pro importante».
Cemento no, hormigón
El concurso ha dejado también un logro pedagógico inesperado. «Vamos por la calle y nos dicen "metan cemento"... No, eso es hormigón; el cemento es solo un ingrediente», bromeaba Lakuntza, que celebra que los alumnos ya lo tengan claro. Los propios estudiantes cuentan que, cuando mencionaban el concurso, les preguntaban por «el del cemento». «Hay mucho desconocimiento, no solo entre estudiantes sino en la sociedad», han coincidido.
Para Lakuntza, el verdadero reto es que la profesión sea conocida. «Si la sociedad no la conoce, difícilmente puedes tener vocación», ha subrayado. «No estamos en las quinielas de lo que estudias porque la gente no nos conoce. Todos conocen Medicina, Arquitectura o Magisterio, pero Arquitectura Técnica es distinta a la Arquitectura.» Ha recordado que en algunas universidades la titulación se denomina Ingeniería de Edificación y ha subrayado sus virtudes: pleno empleo, salarios «muy altos para lo que se está cobrando ahora entre la juventud» y un trabajo tangible. «Acaba habiendo un edificio donde antes no había nada, y los arquitectos técnicos somos quienes hacemos la ingeniería para que se construya», ha afirmado. Los colegios donde estudian los jóvenes, sus casas y los hospitales en los que serán atendidos cuentan con la intervención de estos profesionales.
Desde el colegio San Cernin coinciden. El profesorado informa a los alumnos de las opciones tras el Bachillerato y suele invitar a antiguos estudiantes para que cuenten su experiencia, pero reconocen que en los últimos años no ha habido promoción de Arquitectura Técnica, una carrera poco habitual y con una dificultad añadida al no haber escuela en Navarra. El concurso, ha apuntado el docente, «viene muy bien para que vean en qué consiste y en qué se diferencia de la Arquitectura».
Un éxito que desborda a sus creadores
En la final de Madrid participaron 28 centros de los 988 que se inscribieron en toda España. Llevar a unas 200 personas a la capital supone un coste significativo que ha sido posible gracias a los patrocinadores, encantados, según Lakuntza, de dar a conocer su material entre la juventud. Las encuestas de satisfacción del profesorado dan un 9 o un 10 como peor nota; el alumnado es algo más exigente, pero también muy positivo.
«Estamos desbordados a todos los niveles; recibimos muchas felicitaciones de otros colegios. El primer día esto podía parecer una idea peregrina», ha admitido Lakuntza. Aunque se plantean otros certámenes, como uno de eficiencia energética, el del hormigón se queda por su carácter tangible, práctico y rápido. «Ya no echaremos marcha atrás», ha asegurado, convencido de que el año que viene participarán muchas más provincias.
La iniciativa que nació en Pamplona para atraer vocaciones a una profesión en retroceso es hoy un fenómeno nacional. Y desde el COAT lo resumen con un llamamiento: quien tenga vocación, que la siga; y quien no conozca la profesión, que se acerque a descubrirla.
Nacido en el COAT en 2024 como un concurso para animar a los jóvenes a estudiar Arquitectura Técnica, el Concurso del Hormigón ya es una competición de ámbito estatal: este año ha reunido a 31 provincias y ha llevado a Madrid a 28 centros finalistas, entre ellos el Colegio San Cernin de Pamplona
No hay aparejadores en Navarra. O, al menos, cada vez hay menos. Ante la falta de vocaciones, el Colegio Oficial de la Arquitectura Técnica de Navarra (COAT) convocó en 2024 el primer Concurso del Hormigón, una iniciativa dirigida a estudiantes de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. Les envió los componentes necesarios para fabricar una probeta de hormigón y el resultado superó cualquier expectativa. Aquella idea, nacida en Navarra, se ha extendido a todo el país y este año ha vivido su Gran Final en Madrid, con presencia navarra: la del Colegio San Cernin de Pamplona.
Una idea sencilla para un problema serio
«Esto surge hace tres ediciones, la primera solo en Navarra, y lo dinamizamos desde aquí», ha explicado Ramón Lakuntza, gerente del COAT. El objetivo, ha señalado, es «buscar un concurso simpático, atractivo y divertido» que llegue a los centros de Bachillerato científico-técnico, donde están los futuros posibles estudiantes de la profesión. El fin último es darla a conocer.
La primera edición tuvo una gran repercusión entre centros, profesorado y medios de comunicación. En la segunda se sumaron once provincias y el éxito se repitió. En la tercera, la actual, el concurso ha dado un nuevo salto: han participado 31 provincias y han aparecido patrocinadores, como la Asociación Nacional Española de Fabricantes de Hormigón Preparado (ANEFHOP) y el conocido fabricante de cementos, Holcim.
Una profesión con pleno empleo y sin relevo
Detrás del concurso hay una preocupación real. «Casi semanalmente nos llama alguna constructora, desesperada, buscando profesionales de la arquitectura técnica», ha afirmado Lakuntza. Se habla mucho de la falta de albañiles, electricistas o instaladores, ha añadido, pero la misma circunstancia se da entre los técnicos. Las escuelas de toda España llegaron a tener hasta 35.000 alumnos de Arquitectura Técnica; hoy rondan los 5.000. Se jubilan más del doble de los profesionales que entran, y lo hacen en un sector mucho más tecnificado que hace cuarenta años, cuando era raro encontrar un arquitecto técnico en una constructora. Hoy resulta difícil hallar una empresa, por pequeña que sea, que no cuente con uno en plantilla.
En Navarra, ha advertido, la situación es «crítica» desde que la titulación desapareció de la universidad de la comunidad. Antes de 1995, cuando no existía la escuela en Pamplona, el índice de colegiación era muy bajo. Mientras la escuela estuvo abierta, se multiplicó por varios. «Los alumnos de Bachillerato miran el catálogo de titulaciones que hay en su provincia, y que Arquitectura Técnica haya desaparecido es para nosotros un hecho decisivo», ha señalado.
Del laboratorio del colegio a la final de Madrid
El Colegio San Cernin ha participado en las tres ediciones. Su profesor, Javier Martínez de Bujanda, explica cómo lo organizan: propone la actividad al alumnado de Bachillerato científico-técnico, abierto también a estudiantes de otras ramas interesados, y una tarde, en el laboratorio del centro, los deja investigar qué es el hormigón, de qué está hecho, qué proporciones requiere y cómo se mezcla. Después les entrega los materiales y los chicos elaboran su probeta con lo que han averiguado. Fue una tarde de un par de horas, hacia el mes de marzo.
La fórmula funcionó y el centro se impuso en la fase navarra, lo que le dio billete para la final nacional. «Hemos tenido la suerte, o la habilidad de los alumnos, de lograr una muy buena resistencia del hormigón», ha comentado el docente. Su valoración de las tres ediciones es muy positiva: «Aporta mucho a los estudiantes por su componente práctico, que da una visión distinta frente a las clases más teóricas». Es, ha añadido, «mancharse las manos» y aplicar lo aprendido en el aula, además de una actividad entretenida para ellos.
La probeta, como el hormigón, necesita su tiempo. Pasadas unas dos semanas desde la fase nacional, los participantes esperan el resultado, que se conocerá el próximo 21 de octubre: el hormigón requiere 28 días para endurecerse y alcanzar su resistencia final. «Hay que tener paciencia», ha bromeado el equipo.
Lo que aprendieron los estudiantes
Adriana López y Luis Paternain, hoy en segundo de Bachillerato, viajaron junto al resto del equipo a Madrid, donde coincidieron con jóvenes de otras provincias y con los patrocinadores del sector. «Nos hablaron mucho de la profesión y de cómo funciona; creo que nos enseñaron un montón», ha explicado uno de los alumnos. Además de las proporciones del hormigón, sus ingredientes y los tipos de piedra, conocieron las obligaciones de un arquitecto técnico en una obra. «Personalmente no sabía que tuviera tanta responsabilidad; lo descubrí gracias a este concurso», ha reconocido. «Ha sido una experiencia muy gratificante y muy guay.»
A los compañeros que dudan si apuntarse en próximas ediciones les recomiendan hacerlo sin miedo: «Aunque al principio pienses "un curso de hormigón, no sé nada", aprendes mucho, te lo pasas bien y te echas unas risas».
El concurso también ha dejado huella en sus planes de futuro. Adriana tiene bastante clara su decisión: su primera opción es la Ingeniería Aeroespacial, con Arquitectura o Arquitectura Técnica como segunda. Luis, por su parte, ha asegurado que le interesan mucho tanto la Arquitectura como la Arquitectura Técnica y que, como en Pamplona solo se puede estudiar Arquitectura, tendría que irse fuera para cursar la técnica. Si existiera en la ciudad, ha indicado, sería un «pro importante».
Cemento no, hormigón
El concurso ha dejado también un logro pedagógico inesperado. «Vamos por la calle y nos dicen "metan cemento"... No, eso es hormigón; el cemento es solo un ingrediente», bromeaba Lakuntza, que celebra que los alumnos ya lo tengan claro. Los propios estudiantes cuentan que, cuando mencionaban el concurso, les preguntaban por «el del cemento». «Hay mucho desconocimiento, no solo entre estudiantes sino en la sociedad», han coincidido.
Para Lakuntza, el verdadero reto es que la profesión sea conocida. «Si la sociedad no la conoce, difícilmente puedes tener vocación», ha subrayado. «No estamos en las quinielas de lo que estudias porque la gente no nos conoce. Todos conocen Medicina, Arquitectura o Magisterio, pero Arquitectura Técnica es distinta a la Arquitectura.» Ha recordado que en algunas universidades la titulación se denomina Ingeniería de Edificación y ha subrayado sus virtudes: pleno empleo, salarios «muy altos para lo que se está cobrando ahora entre la juventud» y un trabajo tangible. «Acaba habiendo un edificio donde antes no había nada, y los arquitectos técnicos somos quienes hacemos la ingeniería para que se construya», ha afirmado. Los colegios donde estudian los jóvenes, sus casas y los hospitales en los que serán atendidos cuentan con la intervención de estos profesionales.
Desde el colegio San Cernin coinciden. El profesorado informa a los alumnos de las opciones tras el Bachillerato y suele invitar a antiguos estudiantes para que cuenten su experiencia, pero reconocen que en los últimos años no ha habido promoción de Arquitectura Técnica, una carrera poco habitual y con una dificultad añadida al no haber escuela en Navarra. El concurso, ha apuntado el docente, «viene muy bien para que vean en qué consiste y en qué se diferencia de la Arquitectura».
Un éxito que desborda a sus creadores
En la final de Madrid participaron 28 centros de los 988 que se inscribieron en toda España. Llevar a unas 200 personas a la capital supone un coste significativo que ha sido posible gracias a los patrocinadores, encantados, según Lakuntza, de dar a conocer su material entre la juventud. Las encuestas de satisfacción del profesorado dan un 9 o un 10 como peor nota; el alumnado es algo más exigente, pero también muy positivo.
«Estamos desbordados a todos los niveles; recibimos muchas felicitaciones de otros colegios. El primer día esto podía parecer una idea peregrina», ha admitido Lakuntza. Aunque se plantean otros certámenes, como uno de eficiencia energética, el del hormigón se queda por su carácter tangible, práctico y rápido. «Ya no echaremos marcha atrás», ha asegurado, convencido de que el año que viene participarán muchas más provincias.
La iniciativa que nació en Pamplona para atraer vocaciones a una profesión en retroceso es hoy un fenómeno nacional. Y desde el COAT lo resumen con un llamamiento: quien tenga vocación, que la siga; y quien no conozca la profesión, que se acerque a descubrirla.