El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado en Barcelona que el Consejo de Ministros aprobará mañana un decreto de ayudas a las víctimas del accidente de alta velocidad de Urda, que costó la vida a 69 personas el pasado miércoles y dejó 34 heridos que siguen hospitalizados. Lo ha hecho en su intervención en un foro organizado por el grupo Prisa, que ha comenzado con un recuerdo a los fallecidos y a sus familias.
«Detrás de cada una de esas vidas hay un hombre, hay una madre, hay un hijo, hay una compañera de trabajo, hay un amigo», ha señalado Sánchez, que ha hablado de «decenas de familias rotas por culpa de un accidente que jamás debió suceder» y de «un país entero que llora junto a ellas». En nombre del Gobierno y en el suyo propio, ha asegurado que acompañarán a las familias en cada paso del duelo y en la búsqueda de respuestas, y ha deseado una pronta recuperación a los heridos y a quienes viven estas horas a su lado «entre angustia y esperanza».
Un decreto con cuatro ejes
El decreto se basará en el escudo de ayudas que el Ejecutivo activó tras el anterior accidente, el de Adamuz. Según ha detallado el presidente, tendrá cuatro ejes: un esquema de ayudas que duplica la cuantía del seguro obligatorio de pasajeros, un mecanismo específico de anticipo de indemnizaciones, un procedimiento de incapacidad temporal con cobertura mejorada para las víctimas y la puesta en marcha de oficinas de atención integral y personalizada en las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno de las comunidades de residencia de los afectados.
Sánchez ha explicado que las investigaciones corren a cargo de expertos independientes y de la justicia, que trabajarán «con todos los medios necesarios» y «con total transparencia, de forma exhaustiva y rigurosa». Ha reiterado que la principal obligación del Gobierno es recuperar la confianza quebrada de los ciudadanos en la alta velocidad «cuanto antes y cueste lo que cueste», y ha afirmado que no tiene «la menor duda» de que lo conseguirán. La prioridad absoluta en estos momentos, ha dicho, es la ayuda a las víctimas.
El reconocimiento a los servicios de emergencia y a Urda
El presidente ha querido destacar que, en medio del dolor, estos días se ha visto «lo mejor» del país. Ha citado a los equipos del 112, la Guardia Civil, los bomberos, los militares de la UME, los sanitarios que trabajaron junto a las vías, los hospitales de Castilla-La Mancha, quienes realizan las tareas de identificación de las víctimas y los equipos de apoyo psicológico a las familias. Ha puesto además en valor a Urda, «un pueblo de dos mil quinientos habitantes que se volcó para poder atender a los heridos con todo lo que tenía».
Sánchez ha recordado también la historia de un guardia civil que se adentró en uno de los vagones más afectados y encontró con vida a una joven contra todo pronóstico. Según ha relatado, sujetó su mano y ni él ni el resto de profesionales la soltaron durante la hora que tardaron en liberarla. «Eso es España», ha afirmado.
«La respuesta nunca puede ser menos servicios públicos»
Con ese ejemplo, el presidente ha defendido que cuando todo se rompe lo que sostiene a la sociedad es lo que es de todos: la sanidad, los servicios de emergencia y las fuerzas de seguridad públicas. «La respuesta a esta tragedia nunca puede ser menos servicios públicos, tiene que ser mucha más inversión y más cuidado de lo que es de todos, porque cada recorte en lo público es un recorte en nuestra capacidad para protegernos unos a otros», ha manifestado.
De Zweig a las amenazas para Europa
Tras abordar el accidente, Sánchez ha dedicado el resto de su intervención a reflexionar sobre el progreso a partir de «El mundo de ayer», de Stefan Zweig, una obra que, a su juicio, cuenta una vida y despide una época. De ella ha extraído la idea de que el progreso no puede darse por sentado y ha centrado su análisis en tres amenazas para Europa: el retorno de la guerra, con la agresión de Putin en Ucrania, un conflicto que ya supera en duración a la Primera Guerra Mundial; la competencia feroz entre China y Estados Unidos, que exige a Europa rapidez y firmeza para proteger su competitividad y reforzar su soberanía; y la disputa por los recursos, de la que ha puesto como ejemplo la guerra en Oriente Medio y las tensiones en el estrecho de Ormuz, que en lo que va de año han costado a los europeos 100.000 millones de euros adicionales por el alza del precio de los combustibles.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado en Barcelona que el Consejo de Ministros aprobará mañana un decreto de ayudas a las víctimas del accidente de alta velocidad de Urda, que costó la vida a 69 personas el pasado miércoles y dejó 34 heridos que siguen hospitalizados. Lo ha hecho en su intervención en un foro organizado por el grupo Prisa, que ha comenzado con un recuerdo a los fallecidos y a sus familias.
«Detrás de cada una de esas vidas hay un hombre, hay una madre, hay un hijo, hay una compañera de trabajo, hay un amigo», ha señalado Sánchez, que ha hablado de «decenas de familias rotas por culpa de un accidente que jamás debió suceder» y de «un país entero que llora junto a ellas». En nombre del Gobierno y en el suyo propio, ha asegurado que acompañarán a las familias en cada paso del duelo y en la búsqueda de respuestas, y ha deseado una pronta recuperación a los heridos y a quienes viven estas horas a su lado «entre angustia y esperanza».
Un decreto con cuatro ejes
El decreto se basará en el escudo de ayudas que el Ejecutivo activó tras el anterior accidente, el de Adamuz. Según ha detallado el presidente, tendrá cuatro ejes: un esquema de ayudas que duplica la cuantía del seguro obligatorio de pasajeros, un mecanismo específico de anticipo de indemnizaciones, un procedimiento de incapacidad temporal con cobertura mejorada para las víctimas y la puesta en marcha de oficinas de atención integral y personalizada en las delegaciones y subdelegaciones del Gobierno de las comunidades de residencia de los afectados.
Sánchez ha explicado que las investigaciones corren a cargo de expertos independientes y de la justicia, que trabajarán «con todos los medios necesarios» y «con total transparencia, de forma exhaustiva y rigurosa». Ha reiterado que la principal obligación del Gobierno es recuperar la confianza quebrada de los ciudadanos en la alta velocidad «cuanto antes y cueste lo que cueste», y ha afirmado que no tiene «la menor duda» de que lo conseguirán. La prioridad absoluta en estos momentos, ha dicho, es la ayuda a las víctimas.
El reconocimiento a los servicios de emergencia y a Urda
El presidente ha querido destacar que, en medio del dolor, estos días se ha visto «lo mejor» del país. Ha citado a los equipos del 112, la Guardia Civil, los bomberos, los militares de la UME, los sanitarios que trabajaron junto a las vías, los hospitales de Castilla-La Mancha, quienes realizan las tareas de identificación de las víctimas y los equipos de apoyo psicológico a las familias. Ha puesto además en valor a Urda, «un pueblo de dos mil quinientos habitantes que se volcó para poder atender a los heridos con todo lo que tenía».
Sánchez ha recordado también la historia de un guardia civil que se adentró en uno de los vagones más afectados y encontró con vida a una joven contra todo pronóstico. Según ha relatado, sujetó su mano y ni él ni el resto de profesionales la soltaron durante la hora que tardaron en liberarla. «Eso es España», ha afirmado.
«La respuesta nunca puede ser menos servicios públicos»
Con ese ejemplo, el presidente ha defendido que cuando todo se rompe lo que sostiene a la sociedad es lo que es de todos: la sanidad, los servicios de emergencia y las fuerzas de seguridad públicas. «La respuesta a esta tragedia nunca puede ser menos servicios públicos, tiene que ser mucha más inversión y más cuidado de lo que es de todos, porque cada recorte en lo público es un recorte en nuestra capacidad para protegernos unos a otros», ha manifestado.
De Zweig a las amenazas para Europa
Tras abordar el accidente, Sánchez ha dedicado el resto de su intervención a reflexionar sobre el progreso a partir de «El mundo de ayer», de Stefan Zweig, una obra que, a su juicio, cuenta una vida y despide una época. De ella ha extraído la idea de que el progreso no puede darse por sentado y ha centrado su análisis en tres amenazas para Europa: el retorno de la guerra, con la agresión de Putin en Ucrania, un conflicto que ya supera en duración a la Primera Guerra Mundial; la competencia feroz entre China y Estados Unidos, que exige a Europa rapidez y firmeza para proteger su competitividad y reforzar su soberanía; y la disputa por los recursos, de la que ha puesto como ejemplo la guerra en Oriente Medio y las tensiones en el estrecho de Ormuz, que en lo que va de año han costado a los europeos 100.000 millones de euros adicionales por el alza del precio de los combustibles.