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Sánchez defiende «más Europa» frente a la ultraderecha y advierte al PP sobre sus pactos con VOX: «Hay líneas que no se pueden cruzar»

El presidente ha advertido en el foro World in Progress de Barcelona de la guerra, la rivalidad entre potencias y la disputa por los recursos, y ha pedido pactos sin la ultraderecha

  • Sánchez, en una imagen de archivo -

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha defendido este lunes en Barcelona, en la jornada World in Progress, que Europa debe ser «más fuerte, más autónoma y más unida» para afrontar un contexto internacional marcado por tres amenazas: el retorno de la guerra al continente, la competencia entre grandes potencias y la disputa por los recursos. Lo ha hecho sin renunciar, ha insistido, a los principios y valores que definen al proyecto europeo.

Sánchez ha partido de «El mundo de ayer», de Stefan Zweig, una obra que, a su juicio, cuenta una vida y despide una época: la de una Europa cosmopolita y segura de sí misma que el nacionalismo y los odios atávicos acabaron destruyendo. De ahí ha extraído la idea de que el progreso no puede darse por sentado.

Guerra, rivalidad entre potencias y recursos

Sobre la primera amenaza, ha citado la guerra de agresión de Putin en Ucrania, un conflicto que ya supera en duración a la Primera Guerra Mundial y que cuestiona el orden internacional basado en reglas por parte de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Sobre la segunda, ha recordado que el secretario general de la ONU, António Guterres, alerta de la «competencia feroz» entre China y Estados Unidos, un escenario que exige a Europa rapidez y firmeza para proteger la competitividad de sus empresas, reforzar su soberanía y dotarse de nuevos instrumentos de inversión industrial y tecnológica.

La tercera es la disputa por los recursos. Sánchez ha señalado que la guerra en Oriente Medio y las tensiones en el estrecho de Ormuz han costado este año a los europeos 100.000 millones de euros adicionales por el alza de los combustibles, una cifra que, según ha dicho, es el doble o más del doble de lo que el presupuesto comunitario anual destina a la política agrícola común.

El presidente también ha mencionado la carta que Guterres envió a las presidencias de la Comisión y del Consejo Europeo para alertar de los recortes en la ayuda oficial al desarrollo que implicaría el nuevo marco financiero plurianual. Según ha advertido, afectarían a la cooperación, la política de vecindad, la salud global y la seguridad en el mundo.

Un balance económico de España

Sánchez ha presentado a España como una vía posible en la que no hay que elegir entre avanzar y proteger o entre crecer y reducir emisiones. Ha contrapuesto ese desempeño a la caída del 0,1% trimestral de la economía francesa, dato que, ha dicho, leyó en el «Financial Times».

Ha recordado que la economía española avanzó un 0,6% en el tercer trimestre y un 2,7% en el último año, y que según la Encuesta de Población Activa hay 22,8 millones de personas trabajando, 465.000 más que hace un año. Ha subrayado que el déficit es el más bajo de los últimos dieciocho años y está por debajo de los objetivos pactados con Bruselas. Ha añadido que se reducen a la vez la deuda pública, la deuda privada y la deuda exterior, a diferencia, ha dicho, de los años de la burbuja inmobiliaria, cuando la deuda de los hogares llegó al 85% del PIB y se acumularon 26 años seguidos de déficit por cuenta corriente. Ha atribuido además a la transformación energética impulsada hace ocho años que España sea menos vulnerable a los shocks derivados de las guerras.

El presidente ha reconocido que quedan retos pendientes, sobre todo la vivienda y el encarecimiento del coste de la vida. Sobre la vivienda, ha criticado que haya partidos que se niegan a intervenir con la ley en un mercado «claramente disfuncional» y ha reivindicado la actuación del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat.

«La ultraderecha convierte preocupaciones legítimas en odio»

Buena parte de su intervención se ha centrado en la ultraderecha, a la que ha acusado de debilitar a Europa desde dentro, de tejer una «internacional» que cruza fronteras y de convertir «preocupaciones legítimas en odio», prometiendo protección «a base de levantar muros ficticios». Ha afirmado que, para esas fuerzas, la confrontación no es solo un medio para alcanzar el poder, sino un fin en sí mismo.

Como ejemplos, ha citado la propuesta de la ultraderecha en España de eliminar las políticas de género y las de transición ecológica; la advertencia de Orbán en Hungría sobre el riesgo de una «raza mixta»; unas palabras de un expresidente del Gobierno español sobre la selección francesa; la defensa de un «patriarcado mediterráneo» por parte de un dirigente italiano; y la reducción del nazismo a una anécdota por un presidente honorario de AfD en Alemania. Según Sánchez, estos discursos banalizan el odio y remiten a los momentos más oscuros de la historia europea.

Preguntándose cómo se ha llegado hasta aquí, ha apuntado a la inteligencia artificial y la falta de transparencia de los algoritmos, pero ha centrado su respuesta en que la ultraderecha se consolida allí donde la derecha tradicional decide apoyarse en ella, algo que, ha advertido, la historia demuestra que acaba absorbiendo a quien lo hace. Ha puesto como contraste al primer ministro polaco, Donald Tusk, y al canciller alemán, Friedrich Merz, de quienes ha dicho que, aun discrepando de ellos desde sus posiciones socialdemócratas, comparte que hay líneas que no se pueden cruzar. Ha añadido que esas fuerzas están financiadas y dirigidas por dirigentes y oligarcas extranjeros, y ha afirmado que «España se gobierna desde España, no desde Washington o desde Tel Aviv, por supuesto no desde Moscú o Buenos Aires».

Compartir soberanía para recuperarla

Frente a ese discurso, ha defendido que la autonomía de Europa no consiste en encerrarse, sino en compartir soberanía y capacidades. Como ejemplos de que «cuando Europa está unida, Europa gana», ha citado las compras conjuntas de gas durante la guerra de Ucrania, la compra conjunta de vacunas en la pandemia y la creación de los fondos Next Generation. También ha señalado que los países que llaman a la puerta de la UE y el debate del Reino Unido sobre su relación con ella tras el referéndum de 2016 demuestran que el proyecto comunitario no está en decadencia, sino que sigue siendo «un faro moral para la humanidad».

Sánchez ha sostenido que lo que frena el potencial de Europa no son sus valores, el Estado del bienestar, los derechos de los trabajadores o la protección del medio ambiente, y ha defendido que el problema no es el exceso de regulación, sino la buena o mala regulación, necesaria, por ejemplo, en inteligencia artificial y transición ecológica. Ha concluido con la idea de que la responsabilidad de esta generación es impedir que las futuras escriban sobre lo que se dejó perder, y con una consigna: frente a quienes quieren menos Europa, «mucha más Europa»; frente a la involución, progreso; y frente a la confrontación, mayor unidad.

 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha defendido este lunes en Barcelona, en la jornada World in Progress, que Europa debe ser «más fuerte, más autónoma y más unida» para afrontar un contexto internacional marcado por tres amenazas: el retorno de la guerra al continente, la competencia entre grandes potencias y la disputa por los recursos. Lo ha hecho sin renunciar, ha insistido, a los principios y valores que definen al proyecto europeo.

Sánchez ha partido de «El mundo de ayer», de Stefan Zweig, una obra que, a su juicio, cuenta una vida y despide una época: la de una Europa cosmopolita y segura de sí misma que el nacionalismo y los odios atávicos acabaron destruyendo. De ahí ha extraído la idea de que el progreso no puede darse por sentado.

Guerra, rivalidad entre potencias y recursos

Sobre la primera amenaza, ha citado la guerra de agresión de Putin en Ucrania, un conflicto que ya supera en duración a la Primera Guerra Mundial y que cuestiona el orden internacional basado en reglas por parte de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Sobre la segunda, ha recordado que el secretario general de la ONU, António Guterres, alerta de la «competencia feroz» entre China y Estados Unidos, un escenario que exige a Europa rapidez y firmeza para proteger la competitividad de sus empresas, reforzar su soberanía y dotarse de nuevos instrumentos de inversión industrial y tecnológica.

La tercera es la disputa por los recursos. Sánchez ha señalado que la guerra en Oriente Medio y las tensiones en el estrecho de Ormuz han costado este año a los europeos 100.000 millones de euros adicionales por el alza de los combustibles, una cifra que, según ha dicho, es el doble o más del doble de lo que el presupuesto comunitario anual destina a la política agrícola común.

El presidente también ha mencionado la carta que Guterres envió a las presidencias de la Comisión y del Consejo Europeo para alertar de los recortes en la ayuda oficial al desarrollo que implicaría el nuevo marco financiero plurianual. Según ha advertido, afectarían a la cooperación, la política de vecindad, la salud global y la seguridad en el mundo.

Un balance económico de España

Sánchez ha presentado a España como una vía posible en la que no hay que elegir entre avanzar y proteger o entre crecer y reducir emisiones. Ha contrapuesto ese desempeño a la caída del 0,1% trimestral de la economía francesa, dato que, ha dicho, leyó en el «Financial Times».

Ha recordado que la economía española avanzó un 0,6% en el tercer trimestre y un 2,7% en el último año, y que según la Encuesta de Población Activa hay 22,8 millones de personas trabajando, 465.000 más que hace un año. Ha subrayado que el déficit es el más bajo de los últimos dieciocho años y está por debajo de los objetivos pactados con Bruselas. Ha añadido que se reducen a la vez la deuda pública, la deuda privada y la deuda exterior, a diferencia, ha dicho, de los años de la burbuja inmobiliaria, cuando la deuda de los hogares llegó al 85% del PIB y se acumularon 26 años seguidos de déficit por cuenta corriente. Ha atribuido además a la transformación energética impulsada hace ocho años que España sea menos vulnerable a los shocks derivados de las guerras.

El presidente ha reconocido que quedan retos pendientes, sobre todo la vivienda y el encarecimiento del coste de la vida. Sobre la vivienda, ha criticado que haya partidos que se niegan a intervenir con la ley en un mercado «claramente disfuncional» y ha reivindicado la actuación del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat.

«La ultraderecha convierte preocupaciones legítimas en odio»

Buena parte de su intervención se ha centrado en la ultraderecha, a la que ha acusado de debilitar a Europa desde dentro, de tejer una «internacional» que cruza fronteras y de convertir «preocupaciones legítimas en odio», prometiendo protección «a base de levantar muros ficticios». Ha afirmado que, para esas fuerzas, la confrontación no es solo un medio para alcanzar el poder, sino un fin en sí mismo.

Como ejemplos, ha citado la propuesta de la ultraderecha en España de eliminar las políticas de género y las de transición ecológica; la advertencia de Orbán en Hungría sobre el riesgo de una «raza mixta»; unas palabras de un expresidente del Gobierno español sobre la selección francesa; la defensa de un «patriarcado mediterráneo» por parte de un dirigente italiano; y la reducción del nazismo a una anécdota por un presidente honorario de AfD en Alemania. Según Sánchez, estos discursos banalizan el odio y remiten a los momentos más oscuros de la historia europea.

Preguntándose cómo se ha llegado hasta aquí, ha apuntado a la inteligencia artificial y la falta de transparencia de los algoritmos, pero ha centrado su respuesta en que la ultraderecha se consolida allí donde la derecha tradicional decide apoyarse en ella, algo que, ha advertido, la historia demuestra que acaba absorbiendo a quien lo hace. Ha puesto como contraste al primer ministro polaco, Donald Tusk, y al canciller alemán, Friedrich Merz, de quienes ha dicho que, aun discrepando de ellos desde sus posiciones socialdemócratas, comparte que hay líneas que no se pueden cruzar. Ha añadido que esas fuerzas están financiadas y dirigidas por dirigentes y oligarcas extranjeros, y ha afirmado que «España se gobierna desde España, no desde Washington o desde Tel Aviv, por supuesto no desde Moscú o Buenos Aires».

Compartir soberanía para recuperarla

Frente a ese discurso, ha defendido que la autonomía de Europa no consiste en encerrarse, sino en compartir soberanía y capacidades. Como ejemplos de que «cuando Europa está unida, Europa gana», ha citado las compras conjuntas de gas durante la guerra de Ucrania, la compra conjunta de vacunas en la pandemia y la creación de los fondos Next Generation. También ha señalado que los países que llaman a la puerta de la UE y el debate del Reino Unido sobre su relación con ella tras el referéndum de 2016 demuestran que el proyecto comunitario no está en decadencia, sino que sigue siendo «un faro moral para la humanidad».

Sánchez ha sostenido que lo que frena el potencial de Europa no son sus valores, el Estado del bienestar, los derechos de los trabajadores o la protección del medio ambiente, y ha defendido que el problema no es el exceso de regulación, sino la buena o mala regulación, necesaria, por ejemplo, en inteligencia artificial y transición ecológica. Ha concluido con la idea de que la responsabilidad de esta generación es impedir que las futuras escriban sobre lo que se dejó perder, y con una consigna: frente a quienes quieren menos Europa, «mucha más Europa»; frente a la involución, progreso; y frente a la confrontación, mayor unidad.