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En Santander, la playa forma parte de la ciudad y también de su historia. En 1847, El Sardinero comenzaba a consolidarse como destino de los célebres baños de ola, una práctica que consistía en sumergirse en el mar aprovechando el movimiento de las olas y a la que entonces se atribuían propiedades beneficiosas para la salud. Esta costumbre atrajo a numerosos viajeros y transformó aquel rincón del Cantábrico en uno de los grandes escenarios del veraneo español.
Redacción