Encuadernaciones Alfaro, uno de los talleres artesanos más antiguos de Pamplona, cerrará sus puertas este viernes después de más de 140 años de actividad. La jubilación de Jacinto, el último encuadernador al frente del negocio, pone fin a un ciclo que comenzó en 1880 y que ya no tiene cabida, según se recuerda desde el propio taller, con las nuevas tecnologías.
Una biblioteca importante, el origen
La historia arrancó cuando Víctor Alfaro se estableció en Pamplona para encuadernar la biblioteca de un importante personaje de la época. Difícilmente podía imaginar entonces que su legado llegaría hasta el siglo XXI.
Le sucedió su hijo Aníbal, que se asentó en el local de la calle del Carmen que hoy ocupa Encuadernaciones Alfaro y transmitió todo su conocimiento del oficio a su hijo Jesús. Este tuvo que hacerse cargo del taller siendo muy joven, tras el fallecimiento de su padre.
Chuchin, toda una vida entre libros
Jesús, "Chuchin" para todo el que le conocía, pasó su vida entre las paredes del taller, con su guillotina del siglo XIX, la prensa, el burro de madera y sus paletas de dorar al fuego, con las que estampaba con pan de oro los títulos en los libros. Destacó no solo por su gran profesionalidad, sino también por su calidad humana y su infinita paciencia.
Fue el ejemplo a seguir para sus hijas, Pilar y Raquel, que tras su fallecimiento continuaron con el negocio artesano instalado en la calle del Carmen por su abuelo Aníbal.
El último encuadernador
Con los años, Jacinto, yerno de Jesús, se hizo cargo del taller de su suegro. Aprendió el oficio con gran destreza, a tratar los libros con delicadeza y a convertir "un puñado de hojas en el libro más elegante de la estantería", y mantuvo la calidad humana que, según se recuerda, se respira al entrar en el viejo local.
Con su jubilación concluye la trayectoria de un negocio totalmente artesanal que, aseguran, seguirá vivo en el recuerdo de todos los que han pasado por la encuadernación.
Encuadernaciones Alfaro, uno de los talleres artesanos más antiguos de Pamplona, cerrará sus puertas este viernes después de más de 140 años de actividad. La jubilación de Jacinto, el último encuadernador al frente del negocio, pone fin a un ciclo que comenzó en 1880 y que ya no tiene cabida, según se recuerda desde el propio taller, con las nuevas tecnologías.
Una biblioteca importante, el origen
La historia arrancó cuando Víctor Alfaro se estableció en Pamplona para encuadernar la biblioteca de un importante personaje de la época. Difícilmente podía imaginar entonces que su legado llegaría hasta el siglo XXI.
Le sucedió su hijo Aníbal, que se asentó en el local de la calle del Carmen que hoy ocupa Encuadernaciones Alfaro y transmitió todo su conocimiento del oficio a su hijo Jesús. Este tuvo que hacerse cargo del taller siendo muy joven, tras el fallecimiento de su padre.
Chuchin, toda una vida entre libros
Jesús, "Chuchin" para todo el que le conocía, pasó su vida entre las paredes del taller, con su guillotina del siglo XIX, la prensa, el burro de madera y sus paletas de dorar al fuego, con las que estampaba con pan de oro los títulos en los libros. Destacó no solo por su gran profesionalidad, sino también por su calidad humana y su infinita paciencia.
Fue el ejemplo a seguir para sus hijas, Pilar y Raquel, que tras su fallecimiento continuaron con el negocio artesano instalado en la calle del Carmen por su abuelo Aníbal.
El último encuadernador
Con los años, Jacinto, yerno de Jesús, se hizo cargo del taller de su suegro. Aprendió el oficio con gran destreza, a tratar los libros con delicadeza y a convertir "un puñado de hojas en el libro más elegante de la estantería", y mantuvo la calidad humana que, según se recuerda, se respira al entrar en el viejo local.
Con su jubilación concluye la trayectoria de un negocio totalmente artesanal que, aseguran, seguirá vivo en el recuerdo de todos los que han pasado por la encuadernación.