Pamplona Actual

Cuatro colegios navarros reducen un 34% la comida que se deja en el plato en un proyecto piloto contra el desperdicio

Medio Ambiente ha elaborado un protocolo para que otros comedores se sumen; aplicarlo en toda Navarra evitaría unas 215 toneladas de residuos al año

Cuatro centros escolares de Navarra han participado en un proyecto piloto del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente para reducir el desperdicio alimentario en los comedores escolares. Son Araxes, de Betelu; San Miguel, de Larraga; Erleta, de Leitza; y El Castellar, de Villafranca. Tras seis meses de trabajo, las medidas aplicadas han conseguido reducir un 34% los restos de comida que se dejan en cada plato.

El proyecto se ha presentado este lunes en el colegio público Erleta de Leitza, con la presencia del consejero José Mari Aierdi, la directora del centro, Ainhoa Belaunzaran, el cocinero que elabora los menús de la escuela y personal técnico de la Oficina de Prevención de Residuos e Impulso de la Economía Circular (OPREC) y de la sociedad pública Orekan, que han coordinado la iniciativa.

Según ha explicado Aierdi, "queremos pasar de la preocupación por el desperdicio alimentario a la acción concreta", y el proyecto permite, partiendo de una muestra importante como son los comedores escolares, "conocer la situación, medir dónde se producen las pérdidas y trabajar junto a los centros para encontrar soluciones adaptadas a cada realidad".

De 123 a 83 gramos por comensal

Antes de aplicar las medidas, los cuatro comedores generaban una media de 35 kilos diarios de residuos alimentarios, de los que 18 correspondían a restos dejados en los platos. El desperdicio en plato era de 123 gramos por comensal y día y, tras las mejoras, bajó a 83 gramos, es decir, 40 gramos menos por persona.

Entre las medidas incorporadas figuran el ajuste de las raciones, la posibilidad de servir cantidades iniciales más pequeñas y repetir si hace falta, la revisión de las cantidades de pan y del momento en que se sirve, la adaptación a los hábitos reales de consumo, la presentación de los platos al alumnado y distintas acciones de sensibilización y acompañamiento durante la comida.

Alrededor de 30.800 comensales utilizan a diario los comedores escolares de Navarra. A partir de los datos del piloto, Medio Ambiente estima que generan unos 6.791 kilos diarios de residuos alimentarios, de los que unos 3.782 corresponden a restos de plato. Con un mínimo de 175 días lectivos al año, generalizar las medidas permitiría reducir unos 1.231 kilos de restos de plato al día, unas 215 toneladas anuales.

Medir para poder actuar

Los cuatro centros reflejan distintas realidades del medio rural navarro: Betelu y Leitza cuentan con cocina propia, mientras que Larraga y Villafranca tienen servicio de catering. Se eligieron además colegios de diferente tamaño y de distintas zonas.

Durante el proyecto se hicieron entrevistas a los equipos de los comedores y mediciones durante 14 jornadas lectivas en dos periodos. Los residuos se separaron en cinco categorías: restos de cocina no comestibles, restos de cocina comestibles, comida cocinada que no llega a salir de la cocina, comida servida en recipientes intermedios y restos posteriores al servicio, incluidos los de los platos. Tras el diagnóstico inicial, cada centro aplicó las medidas adaptadas a su caso y un segundo pesaje permitió comprobar su eficacia.

La técnica de Medio Ambiente Nerea Yeregui ha señalado que el objetivo es doble: lograr una reducción medible en los centros participantes y generar un marco de trabajo "seguro, viable y replicable". Por su parte, la técnica de Orekan Uxue Iragui ha destacado la dimensión educativa del proyecto, ya que los comedores son un espacio adecuado para introducir hábitos de consumo responsable entre el alumnado, el profesorado y las familias.

Un protocolo para otros centros y una segunda fase

Uno de los principales resultados es un protocolo de prevención de residuos alimentarios en comedores escolares, que establece cómo separar y pesar los residuos, qué información registrar y cómo analizar los datos, para que otros centros puedan hacer mediciones comparables y aplicar mejoras. Medio Ambiente pretende extenderlo de forma progresiva a los comedores navarros que quieran sumarse, con las adaptaciones necesarias.

El proyecto contempla además una segunda fase para abordar los excedentes que no se puedan evitar. Con la participación de Salud Pública, se analiza la viabilidad sanitaria de distintas vías de aprovechamiento, en especial en lo relativo a la cadena de frío, los tiempos y las temperaturas, y se prevé elaborar un protocolo que indique qué alimentos pueden aprovecharse y con qué requisitos de trazabilidad y control. También se diseña una posible red de recirculación de alimentos sobrantes, cuya puesta en marcha se valorará según las condiciones técnicas, sanitarias y organizativas y, en su caso, a partir del curso 2026-2027.

La iniciativa se enmarca en la Agenda para Reducir el Desperdicio Alimentario en Navarra 2022-2027 y cuenta con la colaboración de Medio Ambiente, Salud Pública, Educación, Orekan, los centros escolares y el personal técnico de las mancomunidades de Alto Araxes, Mendialdea, Valdizarbe y Ribera Alta, junto con el ISPLN.

Cuatro centros escolares de Navarra han participado en un proyecto piloto del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente para reducir el desperdicio alimentario en los comedores escolares. Son Araxes, de Betelu; San Miguel, de Larraga; Erleta, de Leitza; y El Castellar, de Villafranca. Tras seis meses de trabajo, las medidas aplicadas han conseguido reducir un 34% los restos de comida que se dejan en cada plato.

El proyecto se ha presentado este lunes en el colegio público Erleta de Leitza, con la presencia del consejero José Mari Aierdi, la directora del centro, Ainhoa Belaunzaran, el cocinero que elabora los menús de la escuela y personal técnico de la Oficina de Prevención de Residuos e Impulso de la Economía Circular (OPREC) y de la sociedad pública Orekan, que han coordinado la iniciativa.

Según ha explicado Aierdi, "queremos pasar de la preocupación por el desperdicio alimentario a la acción concreta", y el proyecto permite, partiendo de una muestra importante como son los comedores escolares, "conocer la situación, medir dónde se producen las pérdidas y trabajar junto a los centros para encontrar soluciones adaptadas a cada realidad".

De 123 a 83 gramos por comensal

Antes de aplicar las medidas, los cuatro comedores generaban una media de 35 kilos diarios de residuos alimentarios, de los que 18 correspondían a restos dejados en los platos. El desperdicio en plato era de 123 gramos por comensal y día y, tras las mejoras, bajó a 83 gramos, es decir, 40 gramos menos por persona.

Entre las medidas incorporadas figuran el ajuste de las raciones, la posibilidad de servir cantidades iniciales más pequeñas y repetir si hace falta, la revisión de las cantidades de pan y del momento en que se sirve, la adaptación a los hábitos reales de consumo, la presentación de los platos al alumnado y distintas acciones de sensibilización y acompañamiento durante la comida.

Alrededor de 30.800 comensales utilizan a diario los comedores escolares de Navarra. A partir de los datos del piloto, Medio Ambiente estima que generan unos 6.791 kilos diarios de residuos alimentarios, de los que unos 3.782 corresponden a restos de plato. Con un mínimo de 175 días lectivos al año, generalizar las medidas permitiría reducir unos 1.231 kilos de restos de plato al día, unas 215 toneladas anuales.

Medir para poder actuar

Los cuatro centros reflejan distintas realidades del medio rural navarro: Betelu y Leitza cuentan con cocina propia, mientras que Larraga y Villafranca tienen servicio de catering. Se eligieron además colegios de diferente tamaño y de distintas zonas.

Durante el proyecto se hicieron entrevistas a los equipos de los comedores y mediciones durante 14 jornadas lectivas en dos periodos. Los residuos se separaron en cinco categorías: restos de cocina no comestibles, restos de cocina comestibles, comida cocinada que no llega a salir de la cocina, comida servida en recipientes intermedios y restos posteriores al servicio, incluidos los de los platos. Tras el diagnóstico inicial, cada centro aplicó las medidas adaptadas a su caso y un segundo pesaje permitió comprobar su eficacia.

La técnica de Medio Ambiente Nerea Yeregui ha señalado que el objetivo es doble: lograr una reducción medible en los centros participantes y generar un marco de trabajo "seguro, viable y replicable". Por su parte, la técnica de Orekan Uxue Iragui ha destacado la dimensión educativa del proyecto, ya que los comedores son un espacio adecuado para introducir hábitos de consumo responsable entre el alumnado, el profesorado y las familias.

Un protocolo para otros centros y una segunda fase

Uno de los principales resultados es un protocolo de prevención de residuos alimentarios en comedores escolares, que establece cómo separar y pesar los residuos, qué información registrar y cómo analizar los datos, para que otros centros puedan hacer mediciones comparables y aplicar mejoras. Medio Ambiente pretende extenderlo de forma progresiva a los comedores navarros que quieran sumarse, con las adaptaciones necesarias.

El proyecto contempla además una segunda fase para abordar los excedentes que no se puedan evitar. Con la participación de Salud Pública, se analiza la viabilidad sanitaria de distintas vías de aprovechamiento, en especial en lo relativo a la cadena de frío, los tiempos y las temperaturas, y se prevé elaborar un protocolo que indique qué alimentos pueden aprovecharse y con qué requisitos de trazabilidad y control. También se diseña una posible red de recirculación de alimentos sobrantes, cuya puesta en marcha se valorará según las condiciones técnicas, sanitarias y organizativas y, en su caso, a partir del curso 2026-2027.

La iniciativa se enmarca en la Agenda para Reducir el Desperdicio Alimentario en Navarra 2022-2027 y cuenta con la colaboración de Medio Ambiente, Salud Pública, Educación, Orekan, los centros escolares y el personal técnico de las mancomunidades de Alto Araxes, Mendialdea, Valdizarbe y Ribera Alta, junto con el ISPLN.